Sirios entrenan a galgos de carreras pese a la guerra y el coronavirus

Delil SOULEIMAN
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Mohammed Derbas recorre en moto un campo en el noreste de Siria, seguido por una jauría de perros de raza saluki.

Espera exportarlos para carreras en el Golfo pese a la guerra y el coronavirus.

Los salukis, que se utilizan en Oriente Medio para la caza desde hace miles de años, son unos de los caninos más veloces.

En el antiguo Egipto, conocido comúnmente como el perro real de Egipto, esta raza era venerada en los palacios imperiales y a su muerte eran momificados.

La localidad de Ad Darbasiyah, en la provincia de Hasaka, controlada por los kurdos de Siria, cerca de la frontera con Turquía, es famosa por la cría y exportación de este tipo de perros al Golfo, en particular a Emiratos Árabes Unidos y Catar, donde las carreras de perros en el desierto son muy populares.

El conflicto de Siria que se inició en 2011 asestó un duro golpe a este lucrativo negocio y este año la pandemia de coronavirus lo ha acabado de rematar con las dificultades para su exportación.

"Antes del conflicto, la gente del Golfo nos visitaba aquí en busca de los mejores ejemplares", dice Derbas, de 27 años, que lleva criando perros quince años. Pese a que los negocios están casi paralizados, Derbas mantiene a su centenar de perros en excelente forma.

Algunos galgos tienen las orejas talladas, otros tienen sus largas patas parcialmente teñidas con henna.

Para mejorar su velocidad, se sube en su moto y la lleva a máxima velocidad por las áridas tierras de los alrededores de su pueblo, seguido por los animales.

Los perros que cría pueden llegar a valer cuatro millones de libras sirias (entre 400 y 1.600 dólares al cambio en el mercado negro), dependiendo de las características, dice Derbas.

El criador solía exportar entre 100 y 150 perros al año antes del conflicto, pero en los últimos años no llegan a 20.

- Complicaciones por el coronavirus  -

El cierre de aeropuertos por covid-19 ha terminado de asestar un duro golpe a su negocio, sobre todo, porque los perros son enviados al Golfo desde el aeropuerto de Damasco.

El criador espera una tímida recuperación tras la reanudación de los vuelos entre Siria y Catar a finales de octubre.

Mientras tanto, espera atraer clientes con ayuda de las redes sociales.

En su perfil de Instagram, muestra fotos de los conejos que han cazado sus salukis y videos de los perros corriendo detrás de su moto.

Jihad Mohammad, de 40 años, comparte la misma pasión.

"Estoy feliz cuando voy de caza" con los perros, dice.

Según Mohammad, lo que antes era un hobby para muchos, entrenar a los perros para cazar conejos, se ha convertido ahora en una forma de ganarse la vida.

"Compré cachorros y ahora los entreno para correr", dice a la AFP.

Shukri Moussa, de 70 años, cuenta que algunas familias en Ad Darbasiyah empezaron a criar salukis hace unos 20 años.

"Entonces, los kurdos solo los tenían para la caza, pero ahora se han convertido en un negocio", asegura sentado bajo un árbol en el patio, rodeado de sus nietos.

Pero no todo el mundo ve con buenos ojos la presencia de estos animales. 

"Algunos vecinos están enfadados porque se comen a sus gallinas", dice.

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