El símbolo de los Stark en Juego de Tronos no es en realidad un lobo como se creía

J Toledo y José de Toledo
·3 min de lectura
An illustration of Dire Wolves attacking a young Woolly Mammoth. The dire wolf is an extinct carnivorous mammal of the genus Canis, roughly the size of the extant gray wolf, but with a heavier build.
Reconstrucción de dos lobos huargos cazando un mamut lanudo

Los lobos huargos (Canis dirus) se han convertido en un clásico en la literatura, el cine y las series de fantasía. Desde el Hobbit hasta Juego de Tronos – donde eran el emblema de la casa Stark – estos animales, que un día existieron, forman parte del paisaje de esos mundos imaginados.

Pero resulta que no son lobos. Por mucho que los llamemos lobos huargos, según un artículo reciente, los huargos no son cercanos a los lobos (Canis lupus) que tenemos hoy en día. Al contrario, no son ni siquiera una especie cercana: la última vez que lobos y huargos fueron lo mismo fue hace 5,7 millones de años.

Entonces, ¿por qué se parecen a lobos, a una versión enorme de un lobo? Porque, por su aspecto, los huargos y los lobos no son fáciles de diferenciar. De hecho, los propios especialistas reconocen que, en ocasiones, resulta complicado distinguir los huesos de huargo de los de lobo. Salvo por el tamaño, son iguales.

A esto en Biología Evolutiva se lo conoce como convergencia evolutiva. Dos especies, no relacionadas, tienen un modo de vida similar. Y para ello desarrollan estructuras similares, que cumplen la misma función. El ejemplo clásico son las aletas de las ballenas y peces – aunque un análisis anatómico demuestra la diferencia – o las alas de aves y murciélagos – donde ocurre lo mismo que con las aletas, que el esqueleto que subyace no es igual.

En el caso de los huargos y los lobos, las dos especies son cánidos. Así que parten de una base común. Y las dos especies vivían de la misma manera: cazando herbívoros que rondaban por los ecosistemas que habitaban. El huargo es más grande en parte porque sus presas eran de mayor tamaño: bisontes, mastodontes, caballos, camellos…

Así vivían los huargos en América – se han encontrado restos desde Idaho, en el noroeste de Estados Unidos hasta Bolivia en Centroamérica – hasta que llegaron los lobos. Los lobos que conocemos, los que sobreviven hoy día, surgieron como especie en Eurasia, y cruzaron al continente americano a través del estrecho de Bering.

Esto ocurrió durante la Edad de Hielo. Que poco a poco fue desapareciendo, el clima cambiando, y con él los ecosistemas. El lobo supo adaptarse, pero el huargo no y esto supuso su extinción.

Bien, pero a parte de que no sean la misma especie, ¿esto qué significa? Pues una cosa muy interesante: que igual todo lo que pensábamos que sabíamos sobre los huargos está equivocado. Como eran “primos evolutivos cercanos” de los lobos, siempre se ha pensado que aullarían de manera parecida, formarían manadas y estas además tendrían las mismas estructuras sociales que las de los lobos… Pero si son especies lejanas, no lo podemos saber. Lo que debemos hacer es evitar pensar que eran iguales.

Y también, que habría que cambiarle el nombre a la especie. La propuesta que se hace es que el lobo huargo pase a recibir el nombre científico de Aenocyon dirus – Aenocyon se podría traducir por “lobo terrorífico”. Pero los autores del artículo dudan que se consiga cambiar la idea de los “lobos huargos” que todos nos hemos hecho.

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