Silvia Agüero, creadora de 'No soy tu gitana': “No era consciente del antigitanismo a gran escala, pensaba que solo pasaba en mi barrio”

Silvia Agüero, antes del monólogo teatral 'No soy tu gitana'. Foto de Megane Mercury (Megane Mercury)

Mi primera interacción con Silvia Agüero (Madrid, 1985) fue allá por el 2017, cuando todavía trabajaba en elDiario.es y me escribió para echarme la bronca por un tema publicado en el periódico y que consideraba que ahondaba en estereotipos contra la población gitana. Remontamos y más tarde nos pusimos cara en una charla en la Universidad Complutense de Madrid. Iba acompañada de una de sus cuatro hijas, todavía un bebé, y era la primera vez que veía a una ponente amamantar durante unas jornadas.

Colaboradora en medios como Píkara Magazine o AraInfo, dirige el blog Pretendemos Gitanizar el Mundo junto a su marido, Nicolás Jiménez. Ambos publicaron a finales de 2020 el libro ‘Resistencias Gitanas’ (Libros.com). Pero el último hito es el salto al mundo de la actuación con el monólogo teatral ‘No soy tu gitana’, nombre inspirado en el título de la película documental ‘I am not your negro’ (No soy tu negro) del escritor James Baldwin y que representa en el madrileño Teatro del Barrio. Ella cuenta que aunque haya pasado de los artículos y las charlas al teatro, los objetivos son los mismos y no son otros que combatir el antigitanismo en todas sus formas. “Nunca se me olvida por qué lo hago”, recuerda.

En esta nueva entrevista para ‘España no es (solo) blanca’, instantes antes de subirse al escenario, charlamos sobre su monólogo teatral dirigido por Null García y con el trabajo actoral de Pamela Palenciano, explica por qué ya no se puede hacer activismo en Twitter, opina sobre la situación del Pueblo Gitano y habla por primera vez públicamente sobre lo que supone ser una mujer gitana adoptada y de las heridas que puede provocar: “La falta de amor y el racismo que se sufre en la infancia no se supera”.

Has estrenado el monólogo teatral ‘No soy tu gitana’ en el Teatro del Barrio y arrancó con éxito. Sin embargo, este no es el mundo del que venías. ¿Cómo estás viviendo a nivel personal esta transición de activista al mundo de los escenarios?

Sigo siendo activista y hago esto por activismo. Creo que no funcionaba del todo la manera de hacer nuestro activismo con un súper rigor científico basado en las investigaciones propias. Eso lo deja muy reducido a poquita gente. Había que dar el salto. Lo estoy viendo raro porque esto es un poco fuerte, pero nunca se me olvida por qué lo hago. No podría hacer otra obra de teatro que no tenga que ver con el activismo, no lo haría. Esto lo hago por activismo y por dinero.

¿Pero cómo lo está recibiendo especialmente? ¿Entiendo que el pueblo gitano, como está recibiendo la obra, las personas que han venido como cuál es? ¿Qué es lo que te dicen?

El día del estreno vinieron muchísimas gitanas muy mayores y me quedé un poco alucinada porque no estoy acostumbrada a que a mis charlas vengan personas gitanas. De hecho, en el Festival de Podcast de Regularización Ya que se hizo en el Espacio Afro éramos cuatro gitanas. Las gitanas lloraron, se rieron, me cantaron cuando salí fuera del teatro, estaban cantándome el ‘Ali ali o’. Una chavala que limpia aquí en el teatro, que se llama Raquel y que es gitana también, estaba llorando y dándome las gracias. Alba Flores también vino y me dijo gracias como mujer gitana. Eso me conmueve porque la historia del Pueblo Gitano tampoco la sabemos los gitanos.

Silvia Agüero, en el escenario del Teatro del Barrio. Foto de Megane Mercury.
Silvia Agüero, en el escenario del Teatro del Barrio. Foto de Megane Mercury.

¿Cómo es trabajar con material sensible, con episodios como la Gran Redada, y en el mismo trabajo utilizar el humor?

Soy un poco así en mi vida normal. También necesito quitarle hierro al asunto porque a mí me duele, me duele muchísimo. Una vez salí del teatro con Miguel al Mercadona y el guardia de seguridad del Mercadona me hizo abrir el bolso. Me duele porque son mis hijos. Al final los blancos payos europeos son potencialmente agresores hasta que se demuestre lo contrario. Eso les duele y se sienten agredidos. Y al final somos nosotros los que tenemos que hacer un esfuerzo terrible para que nuestro discurso se entienda, y pensé que este era el camino.

¿Qué recorrido te gustaría que tuviera en el futuro más inmediato?

Me gustaría poder hacerlo en sitios donde la gente pueda entrar y pagarlo o entrar gratuitamente. Eso significaría que los ayuntamientos lo tienen que contratar, así que no sé si tengo muchas ganas de eso, pero desde luego me gustaría que lo viera mi gente, y mi gente son el Pueblo Gitano y todos mis hermanos y hermanas que me acompañan en este viaje del movimiento antirracista. En los agradecimientos sale al movimiento antirracista porque es imposible no darle las gracias, así que me gustaría que lo vieran.

¿Cuánto de lo que se ve en la obra es personal?

Todo.

¿Y hay alguna parte que tal vez no lo sea?

Todo está ficcionado. Pero es verdad que mi marido me llevó al Louvre y que cuando vi el cuadro de Caravaggio me dio un vuelco al corazón. No era consciente del antigitanismo a gran escala, pensaba que eso pasaba en mi barrio. Además yo tenía mi propio antigitanismo de decir que “nosotros como somos” o que “nuestros niños son lagartijas”. Ahí me di cuenta de eso. Lo que no es personal es La Gran Redada, pero aún así la siento tan personal también porque los nombres de las mujeres gitanas que salen en la obra no habían salido nunca. Manuel Martínez, un historiador, lo encontró, tiramos del hilo y encontramos a todas las demás.

En el I Festival de Podcast por la Regularización participó la actriz Alba Flores, quien te citó en su intervención varias veces y que incluso dijo que lo que sabía lo había aprendido de ti. ¿Qué te parecieron esas palabras?

Es mi prima, la verdad es que no la veo como Alba Flores, es mi prima Alba González Villa, y me emocioné mucho. Ese día además estaba muy emocionada porque justo a la semana siguiente era el estreno de la obra. La verdad es que me ayuda mucho a pensar en cómo se desarrolla el antigitanismo, cuando tantas veces nos han dicho que no nos integramos y a pesar de que ella, que es súper conocida y tiene una posición buena, también sufre antigitanismo. Me siento orgullosa porque es gitana, y me sentiría igual si me lo dijera una persona racializada.

En ese mismo festival se habló de que los gitanos llevan regularizados desde hace tiempo y eso no ha hecho desaparecer el racismo. ¿Qué es lo que se puede aprender de la lucha gitana en este sentido?

Es algo que siempre pienso. Y ahora con la campaña de regularización, ya que estamos además aquí firmando. Después de la obra salgo y digo que firmen aquí las firmas, que es en lo poquito que puedo contribuir y me hace pensar que no es una cuestión tanto de que vengan a su país. A ver, te hablo desde mi más humilde opinión e ignorancia, porque yo soy española y europea, mazo de europea aunque me joda. Lo que les molesta es que traigamos otras formas de hacer y formas de ver, que seamos diferentes incluso fisiológicamente. Llegará el día en que regularicen a las personas de aquí, ¿y qué pasará después? Lo que me temo es que seguirán siendo racistas con esas personas. Aún hoy se habla de gitanos y españoles, de gitanos y hombres o de mujeres y gitanas. Toda esa deshumanización que conlleva el racismo.

Desde luego lo que ha hecho el Pueblo Gitano y lo que hemos conseguido es seguir vivos y eso es lo más importante. A mí si ahora me dicen si dejas de ser gitana y no te mato a ti y a tu familia, digo que soy más paya que un olivo. Nos tenemos que sentar mucho a hablar, porque no hay ninguna persona gitana que pueda obligarse a sentirse gitano. Creo que lo que hemos hecho es seguir vivos, resistir a pesar de que había leyes contra gitanos que eran leyes de extranjería. Eran 230 leyes de extranjería. O te integras u os expulsamos, o trabajáis en nuestros oficios u os expulsamos, o vestís a nuestra manera u os expulsamos, o coméis lo mismo que nosotros u os expulsamos y todo el rato así.

Silvia Agüero posa en el escenario del Teatro del Barrio. Foto de Megane Mercury.
Silvia Agüero posa en el escenario del Teatro del Barrio. Foto de Megane Mercury.

Vayamos al principio de los tiempos. ¿Cómo definirías tu infancia?

Mala. La definiría como muy mala. Yo soy adoptada, es la primera vez que lo cuento en una entrevista, y sufrí mucho racismo. Todavía no lo he superado. Aún me entran ganas de llorar todo el rato porque lo sufrimos muchísimo, no era la única adoptada, había más niñas adoptadas racializadas. Es una de las cosas por las que mi activismo es, porque no entiendo cómo alguien no puede querer a un niño. Veo a familias adoptivas que adoptan a niños y niñas negras, gitanas, asiáticas y las tratan tan mal que no lo entiendo. Pues no adoptes.

¿Cuál crees tú que debería ser la solución?

No lo sé. Estuve un tiempo dando charlas para una asociación de familias adoptantes y lo pasé muy mal. Estuve en tres charlas y la lié parda, ya me conoces. Lloré mazo porque no sé cuál es la solución. Desde luego, una es que les quiera tal y como querrías a tu hijo, y si eso no puede ser, devuélvelo. Si no lo quieres como quieres a tu hijo biológico, devuélvelo, porque puede tener otra oportunidad en la vida. Pero la falta de amor y el racismo que se sufre en la infancia desde que tienes cero años no se supera. No creo que se supere nunca en la vida.

Creciste en Vallecas, barrio del sur de Madrid de clase obrera. Relativamente cerca está la Cañada Real, donde una parte de la población que lleva más de dos años con la luz cortada es gitana. Hay argumentos que vienen a decir que se lo merecen porque se vende droga allí. ¿Cómo es crecer con esos relatos que te señalan?

Creces con odio al que no es como tú y te sientes segura donde, como mi niña, la melanina sea un poquito mayor. Me parece que es de paleto absoluto, no paleto como insulto a los pueblos, pero sí de pensar que están sin luz porque venden droga. El relato que se hace del Pueblo Gitano es todo el tiempo el mismo y es un relato que han construido para que el poder gane. Lo de la Cañada Real es un proceso de gentrificación antigitano que se ha dado tanto en este país y que ahora compartimos con migrantes que vienen al Estado español. Compartimos esa gentrificación, no solo antigitana, sino racista.

Creces con odio y no se pueden decir frases como que “los payos tenemos que mirarnos, pero los gitanos también”. Eso no se puede hacer porque tú no puedes quitar 600 años de persecución de tu mente. Esto no se puede obviar. Es que matan a los gitanos. A mis niños no les dejo salir, sobre todo a mis niños hombres, porque dan todo el perfil absolutamente de gitano y ya sabes lo que hay con esto: te los matan, te los mata la Policía.

¿Qué es lo más importante que le diría la Silvia Agüero actual a la que era adolescente?

Que se quiera, porque a mí me ha costado mucho quererme a mi misma. Yo quería ser blanca, rubia, no quería tener pelo rizado y no quería parecer gitana todo el rato. Creo que esto nos ha pasado a muchas. Le diría que se quisiera tal y como es, porque lo demás viene un poco solo. Pero aún así hoy me cuesta. A veces digo voy a ir a este sitio, gitaneo mucho. Eso me lo digo a mi misma. Todo el mundo me ve como una gitana y yo en mi mente no tengo esa imagen de mí. Tengo una imagen mucho más amplia que eso.

Siempre has sido muy crítica con la Fundación Secretariado Gitano, que ya desde hace tiempo la preside Sara Giménez. ¿Ha cambiado tu postura al respecto?

Si a los payos les vale con que Abascal sea presidente porque es un payo vale, pero a mí no me vale que cualquier gitana sea presidenta de una fundación. Por muy gitana que sea, trabaja para una empresa que está apropiándose y ganando dinero sobre el Pueblo Gitano.

Pero se puede decir que hay beneficios de su trabajo, ¿no?

No hay beneficio, para los gitanos no hay beneficios. La mayor parte de las personas trabajadoras que están en la Fundación Secretariado Gitano son payas, sobre todo las que toman las decisiones. ¿Los gitanos están trabajando allí y será la empresa con más gitanos en este país? Seguramente sí, pero no hay beneficios para el Pueblo Gitano. Además viene de la iglesia, para quien quiera ser realmente crítico. Si queréis montamos un movimiento feminista que venga de la Iglesia Católica y que la lleve un cura.

Hace poco se incluyó el antigitanismo como agravante de los delitos de odio, una medida que se celebró pero ante la que también hubo voces críticas. ¿Qué piensas de esa medida?

Yo no lo celebro. El policía va a seguir persiguiendo, el segurata va a seguir persiguiendo, la dependienta va a seguir criminalizando porque no tienen una formación y porque es poner un parche a ellos mismos y ellos mismos no se van a poner un parche. El antigitanismo es institucional, promovido y provocado por las instituciones constantemente para sostener su poder. No tiene formación, hay constantemente persecución a chicos y chicas gitanas todo el rato. Aún con la denuncia no va a haber represalias. No me lo creo.

Siempre nos dicen de llamar a la Policía, pero yo no voy a la Policía ni aunque me maten, me puede estar pasando lo que sea que no, no, no. Yo no llamaría a la policía, que es quien nos ha criminalizado, junto a la Guardia Civil.

En los últimos meses se ve claramente que te has alejado de Twitter, donde eras muy activa. ¿Cuáles son los motivos que te han llevado a ello?

En diciembre dejaron morir a una niña de ocho años en una fábrica. La niña se quedó pillada, una hora y media llorando, muriéndose y todo el mundo pasó por ahí y nadie la ayudó. Vino un señor y le dio una patadita para ver si estaba viva. No sabía contar eso en Twitter y, como no tenía ganas de discutir con racistas y me pareció una banalidad poner eso en Twitter. No sabía ni cómo decirlo. Lo dejé un tiempo y luego volví, pero solo subo cosas, pero me parece una banalidad contar que mientras nosotros comemos y bebemos están dejando morir gente en el Mediterráneo. Me parece absurdo, no soy capaz de ponerlo.

Digamos que ese momento que cuentas es la gota que colma el vaso, pero hay un acumulado detrás, ¿no?

Sí, hay un acumulado. Siempre digo que a mí no me dan miedo, si me quieren matar, que me maten, pero tampoco soy una de las activistas más amenazadas. Todo el rato te están diciendo las mismas absurdeces, como cada vez que sacaba un artículo en Píkara o así. Ahora pienso que no se puede hacer activismo en Twitter, puedes poner tus cosas que haces de activismo pero, tal cual hacer activismo en Twitter, no.

En la pandemia tuviste una enorme visibilidad con el informativo que hacías a raíz del de Ángel Martín, que resumía las noticias en un minuto. Pero allí hablabas mayormente de cocina. ¿Piensas retomar ese tipo de divulgación?

Me gustaba mucho, pero era todos los días y me aburría mazo. Luego me metí en el Comité de Emergencia Antirracista con Yeison y ya lo dejé, pero porque en el comité teníamos un montón de trabajo, estábamos todo el día, no hacíamos otra cosa. Pero sí me gustaría mucho retomarlo, además a la gente le interesa el tema de la cocina y aleja un poco de los disgustos que da el antirracismo, que no son pocos. Volveré ahora que me lo has dicho, me gusta la idea.

Hace un tiempo te fuiste a vivir fuera de Madrid, a un pueblo pequeño. ¿Salir de un núcleo urbano grande te ha hecho más fácil la vida?

Totalmente. Tengo cuatro niños y pago 250 € de alquiler en un pueblo súper pequeñito. Me facilita la vida porque pago mi alquiler, mi luz, mi agua y me queda dinero para vivir. Para comer todos los días lo que queramos, y eso sí que es un privilegio. Puedo incluso planear, esto antes no me pasaba. Mi marido todo el día va por setas y vamos al campo.

Vídeo | La historia de amor de película de dos jóvenes grabada por una cámara de seguridad