Silvia Abril: “A veces tienes que hacer un luto en el humor"

La actriz y humorista Silvia Abril. (Photo: CARLOS PINA)

Qué difícil es mantener una conversación con Silvia Abril (Mataró, 1971) sin acabar echándose unas risas. Y no porque no sepa ponerse seria o hablar de cosas serias. 

Lo de que los humoristas están todo el día “de guasa es mentira”. ”¿Qué pregunta es esa? Sería una locura”, asegura. Su mejor receta para sentirse bien es reírse, y mucho. Primero de ella misma, y después de los demás. Aunque, eso sí, cree que todo debe tener un límite, y en su profesión lo marca la coherencia: “A veces, tienes que hacer un luto en el humor (...) Diana de Gales murió y aquí corrían los chistes al cuarto de hora de la noticia”. 

Ni le gusta bromear de cosas tan serias ni le gusta hacerlo “de las miserias humanas”. Por eso detesta los realities y jamás iría a uno. 

Los humoristas os sentís (en algún momento de la vida) más inteligentes que el público?

En mi caso no. Cuando me pongo frente al espectador, para empezar, una de mis técnicas es ridiculizarme. Digo: “Ya me humillo yo primero y luego voy a por vosotros, ¿vale?”. Lo practico con mi hija, en casa, para ligar, para relacionarme con el mundo. Cuando no tienes demasiado sentido del ridículo eres más fuerte, no te pueden hacer daño. Facilita mucho el devenir de la vida.

¿Lo prácticas en casa? ¿No tienes ningún momento de ‘mala hostia’?

Tenemos mala hostia y malos días en los que no te apetece hacer demasiadas bromas. He salido a actuar llorando cuando rompí con una pareja, y salía con una máscara y estaba pasando un momento personal muy chungo. A veces me preguntan si Andreu y yo en casa somos iguales. ¿Qué pregunta es esa? Pues claro que no, sería una locura. Sí que tenemos nuestras bromas. Esta mañana, por ejemplo, le he dicho que tenemos que hablar de un tema importante sobre cómo nos vamos a organizar por un trabajo. Nos sentamos, parecemos adultos y maduros. 

Entonces, ¿para que te tomen en serio tienes que decir “tenemos que hablar de un tema importante”?

Claro. Y con todo y con eso soltamos bromas. “Tenemos que hablar de algo importante” y uno de los dos suelta: Esta mañana, mi caca no ha flotado. La caca no tiene que flotar, ¿eh? Nos organizamos con el humor, aunque no estemos todo el día con el ‘jiji, jaja’.

Y Buenafuente, ¿hace humor inteligente o es un humorista inteligente?

Andreu es un tipo muy elegante, muy inteligente y que practica un tipo de humor muy diferente al mío. Pero al final, todos los ríos van a parar al mar, y los dos somos dos grandes payasos. En la intimidad, él es más payaso de lo que enseña en televisión. ¿Y por qué estoy hablando de Andreu? Pasapalabra (ríe).

Así que te molestan titulares como “Silvia Abril, la humorista que enamoró a Buenafuente”.

Absolutamente, los titulares que se basan en nuestra relación personal no me molan. No nos ha gustado nunca hablar de nuestra vida personal, pero soy tan fácil...

Bueno, más allá de la vida personal, sois pareja en el trabajo, o al menos lo habéis sido en los Goya. ¿Harías una tercera gala?

Con él, claro que sí. Y tanto. Aunque hay mucho trabajo y sales agotado. El esfuerzo es titánico y está supeditado a tantos ojos y tantas críticas que puedo entender la frase de Dani Rovira cuando decidió dejarlo y dijo “es que no me compensa”. Sí que compensa porque es muy bonito que la industria del cine te escoja a ti.

Parece que el humor ha desaparecido de la televisión. ¿Está relegado a los canales de pago?

Bueno, en Atresmedia emiten Tu Cara Me Suena, Juego de juegos, Juanra Bonet, que es un tío que viene del humor, presenta Boom, Arturo Valls es de los más longevos... No creo que haya que irse a las plataformas para encontrar humor.

Pero no me estás hablando de programas de humor como tal.

Sí que es verdad que a las plataformas no les tiembla el pulso para afrontar proyectos más atrevidos y que las generalistas, por abordar el máximo de audiencia, a veces recortan aspiraciones. Soy amante de de una serie que ha recibido todos los premios del planeta, Fleabag, y no la puedo imaginar en Antena 3 o en una cadena de televisión española. 

Es decir, las generalistas sólo se atreven a hacer humor a través del casting de un concurso como Tu Cara Me Suena o fichando a un presentador gracioso. ¿Es eso?

Ahora no se hace, es cierto, pero los años en los que estuvo Homo Zapping en la parrilla de Antena 3 fue una inversión en humor maravillosa. Homo Zapping tendría que volver o no tendría que haber desaparecido nunca, es un ejercicio de higiene televisiva que nos viene bien a todos. Creo que seguiría funcionando, aunque los proyectos tienen un momento de bajada y de subida, como la vida, que es cíclica. Lo de las cadenas es un negocio agresivo y, cuando no hay rentabilidad, los programas saltan. Homo Zapping estaba en Antena 3 y decidieron que, en lugar de dejarlo descansar, se lo cargaban. Molaba mucho, fue una gran cantera, con gente como Paco León o José Corbacho. Muchos de los que pasamos por ahí volamos y entramos en este maravilloso mundo de la televisión, del entretenimiento, del cine.

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¿Qué es mentira en la vida de un humorista?

Pues que todo el día estamos sonriendo y de guasa. Es mentira. Alguno habrá. Dani Martínez es un tipo con el que cuesta muchísimo hablar en serio, pero tampoco.

Y en el terreno laboral, ¿debéis poner límites al humor?

Sí. Por ética, por sentido común. Estrené hace años en Barcelona El burladero, un cabaret de sátira política. Justo coincidió con el atentado de las Torres Gemelas: se nos abrió un debate porque nos basábamos mucho en la actualidad y estrenamos un 11 de septiembre. Nos planteamos: ”¿Qué hacemos? No nos podemos reír de esto, es muy gordo”. Nos autoimpusimos un límite ahí, que fue respetar a todas las víctimas. A veces, tienes que hacer un luto en el humor. Hay límites.

Pero hablamos de algo muy coherente...

Sí, pero Diana de Gales murió y aquí corrían los chistes al cuarto de hora de la noticia. Cuando dices límites, ¿te refieres a algo exactamente?

A que da la impresión de que por cada chiste salta un grupo de ofendidos. 

Sí. Nos estamos polarizando. Políticamente estamos viviendo un extremismo inaudito, está resurgiendo la derecha más recalcitrante, Vox. Muchos decimos “jamás me habría imaginado que ocurriera una cosa así”, y de repente hay un grupo de personas a las que hay que respetar, de la misma manera que me respetan a mí, aunque tengan una ideología diferente a la mía, que se sienten ofendidos por un montón de cosas. Mira a Willy Toledo, sentado en un banquillo por rajar de una fe... no deja de ser lo que piensa un colectivo. Me parece mal que un hombre acabe en el banquillo por eso, pero también pienso que hay que respetar a todo el mundo. Y también depende de cómo te rías y de cómo utilices el humor en según qué cosas. 

La sensibilidad está a flor de piel en el plano político. ¿Los humoristas catalanes habéis sentido ‘catalanofobia’ en estos momentos?

En mi caso no. Me he venido a vivir a Madrid precisamente en una época muy convulsa en mi casa, en mi pueblo, en mi ciudad, con mi gente, con mis amigos implicados. Pero no me he sentido ni juzgada, ni cuestionada. 

¿Qué es lo que menos gracia te hace?

Soy de reírme muy fácilmente, me hacen gracia las cosas más chorras: una caída, un resbalón, un tropezón. El humor más básico. Hay veces que se cuentan cosas tan sofisticadas y hay que pensar tanto que dices “ahhhh, ahhh”. 

Y las críticas, ¿también las encajas entonces con humor?

Sí, olvido los episodios negativos que me ocurren, no soy rencorosa, no tengo lugar en mi memoria para ocupar hueco en vano. Otra manía que tengo es que no me gusta leer sobre mí. Entiendo la vida así. 

Hace tiempo se leían titulares que daban a entender que en la pareja de Andreu Buenafuente y Silvia Abril, el inteligente es él. ¿Eso no duele?

Si es que me da igual. Paso bastante. Por contra, soy muy autocrítica. Por ejemplo, la gala de los Goya me gusta verla y analizarla para hacer crítica y aprender. Para decir ‘esto podría haber sido mejor’.

¿Qué podría haber sido mejor?

Ufffffff. No te las voy a decir exactamente, si quieres luego te lo comento. Siempre hay cosas a mejorar y ahora que Andreu y yo somos pareja de monólogos... 

Ya que hemos retomado el tema de Buenafuente... ¿Irías a La isla de las tentaciones con él?

No lo he visto. Sé que es un programa que se ha hecho muy famoso. ¡Cuéntame más!

Te cuento que llegó a la gala de los Goya... ”¡Estefanía!”

 Ya no me cuentes más. Yo a un reality, con Andreu, no me iría. Ni con él ni sin él. No haría un reality, me parece uno de los peores formatos. 

¿Qué te molesta de los realities?

La falta de creatividad. En un reality estás riéndote de las miserias humanas, presionando a gente que está encerrada en una casa por circunstancias, todas básicamente vinculadas con ‘necesito la pasta’ o ‘quiero ser famoso’. ¿A ese precio? No iría jamás. 

No te resulta saludable verlos, entiendo. ¿En serio sigues un estilo de vida saludable o es postureo?

¡Activia! ¡Activia! (ríe). Intento cuidarme, sobre todo el aparato digestivo. Si tu intestino funciona correctamente, emocionalmente estás bien, funcionas mejor, tienes más energía... Son obviedades. En el intestino pasa todo y del intestino proviene todo. Cuando tengo estrés, tengo que ir corriendo al baño. 

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