Era la primera ministra en la historia de Suecia y solo ha durado siete horas en el cargo: el caos engulle a Magdalena Andersson

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Suecia ha sido un ejemplo de estabilidad política dentro de Europa. En el último siglo, los socialdemócratas han gobernado ocho décadas, convirtiéndose en un referente en el continente en campos como los derechos sociales, el Estado de Bienestar o la igualdad de género.

Pero las turbulencias políticas propiciadas principalmente por el auge de los movimientos populistas también ha llegado a tierras suecas y han tenido un colofón pocas veces visto en la Unión Europea: el ascenso y caída de una primera ministra en el mismo día.

Magdalena Andersson, primera ministra de Suecia durante unas horas. (Photo by Swedish Parliament/Handout/Anadolu Agency via Getty Images)
Magdalena Andersson, primera ministra de Suecia durante unas horas. (Photo by Swedish Parliament/Handout/Anadolu Agency via Getty Images)

Siete horas fueron exactamente las que duró Magdalena Andersson en el cargo, las que fueron desde su nombramiento por la mañana hasta su dimisión por la tarde por no lograr aprobar sus cuentas públicas. En menos de un día se acababa así con un hecho histórico, digno de mención porque la política era la primera mujer que se había convertido en primera ministra de Suecia en toda la historia.

Para conocer los orígenes de esta jornada aciaga para los socialdemócratas hay que remontarse unos meses atrás. Concretamente, hasta el 21 de junio cuando el primer ministro Stefan Löfven, en el cargo desde 2014, perdió una moción de censura, que le obligaba a convocar elecciones o permitir que otra persona intentara convertirse en primera ministra.

Este mes de noviembre era cuando el Gobierno debía intentar aprobar sus Presupuestos y el día 10 Löfven dimitió y Andersson, actual ministra de Finanzas, fue elegida como nueva líder de los socialdemócratas, lo que le confería el poder para intentar aprobar las cuentas.

Este 24 de noviembre la política se sometió por la mañana a una votación en el Parlamento en el que buscaba la confianza de la Cámara para convertirse en primera ministra. A diferencia de países como España, el procedimiento sueco no exige tener más votos a favor que en contra, sino simplemente que los votos en contra no superen la mayoría absoluta (175 de 349).

El resultado fue estrecho y Andersson salvó la votación por los pelos, al obtener 117 votos a favor, 57 abstenciones y 174 en contra. Sin embargo, la gran reválida era por la tarde y aquí la política no tuvo tanta suerte.

Löfven en compañía de Andersson. (Photo by NILS PETTER NILSSON/TT News Agency/AFP via Getty Images)
Löfven en compañía de Andersson. (Photo by NILS PETTER NILSSON/TT News Agency/AFP via Getty Images)

Andersson defendía sus presupuestos, sin embargo, fue el de la oposición, formada por democristianos, populares y extrema derecha, el que obtuvo el respaldo de la Cámara. ¿Qué significaba esto? Que la nueva primera ministra estaba obligada a gobernar con unas cuentas con las que no estaba de acuerdo.

Además, el hecho de que ella como ministra de Finanzas hubiera impulsado un presupuesto que había sido rechazado, dejaba a su Gobierno en una posición de extrema debilidad sin haber empezado a gobernar.

La aprobación de las cuentas de la oposición tenían un efecto inmediato: la salida del Gobierno de coalición de Los Verdes, ya con esos presupuestos aprobados quedaban fuera muchas de las reivindicaciones de la formación. Así pues el Ejecutivo de Andersson estaba sentenciado y poco después la primera ministra anunciaba su dimisión.

Una jornada convulsa en la que se podía intuir lo que iba a pasar, ya que los centristas habían anunciado previamente que no se opondrían al nombramiento de la nueva primera ministra, pero sí a las cuentas, que habían sido pactadas con la extrema izquierda.

Ahora solo hay dos escenarios posibles. Andersson ya ha dejado claro que va a intentar formar un gobierno en minoría, solo con socialdemócratas, una tarea que no se presenta fácil. De lo contrario el país puede encaminarse a unas nuevas elecciones.

Suecia, que siempre ha presumido de su política exterior feminista, ha visto cómo la primera mujer primera ministra apenas duraba unas horas. Habrá que esperar para saber si recupera el poder o si esta experiencia acaba tan rápido como llegó.

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