Si quieres ser feliz, date una vuelta por la naturaleza

By Herzi Pinki – Own work, CC BY-SA 3.0

Perderse por una senda de montaña en bicicleta, pasear por una vía pecuaria o simplemente sentarse a la orilla de una laguna. Todas estas simples actividades nos hacen más felices, por el mero hecho de llevarse a cabo en la naturaleza. Al menos así se explica en un artículo reciente.

Puede parecer que no es una novedad. El hecho de que una mejor calidad ecológica de nuestro entorno tiene un efecto positivo en nuestra salud se conoce desde hace tiempo. O que el contacto con la naturaleza reduce el estrés, otro factor conocido. Pero no dice nada sobre la felicidad, que es de lo que se trata en este artículo.

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Claro, que hablar de felicidad desde un punto de vista científico puede parecer atrevido, o directamente imposible. Lo que han hecho los investigadores es diseñar con mucho cuidado un cuestionario que después han presentado a más de 4.400 personas, para entender cómo su entorno natural y su relación con él mejoran su percepción de bienestar.

Y aunque la mayoría de las respuestas se esperaban, una en concreto sorprendió mucho a los autores del artículo. Porque todos entendían que factores como el acceso a la naturaleza salvaje – lo menos manipulada posible – o factores de tipo cultural como romerías tienen una importancia en nuestra sensación de bienestar.

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La sorpresa llegó al comprobar que el factor fundamental, desde el punto de vista subjetivo de los encuestados pero también desde un análisis estadístico riguroso, era la gobernanza de los espacios naturales. Vaya, la gestión de la naturaleza.

Tal y como reflejaban los ciudadanos, el hecho de poder confiar en los responsables de cuidar y proteger nuestro entorno mejora nuestra experiencia. Por explicarlo de manera muy sencilla: pasear por la naturaleza reduce nuestro estrés, eso ya se sabe. Pero lo hace en mayor medida, y sentimos un mayor alivio, si no lo hacemos preocupados por el estado en que se encuentra nuestro bosque favorito, o si desaparecerá en unos años debido a la mala gestión.

En resumen, que salgamos a pasear por la naturaleza y disfrutemos de nuestro entorno natural. Pero también seamos exigentes con quienes se encargan de protegerlo y gestionarlo, y felicitémoslos cuando lo hagan bien o critiquemos cuando no sea así. Nuestra felicidad, parece, depende de ello. O al menos mejora.

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