Una serpiente americana está invadiendo Gran Canaria y abre el debate de qué hacer con ella

Coyote Hills Regional Park, Alameda County, California, USA.
Coyote Hills Regional Park, Alameda County, California, USA.

Ningún ecosistema está libre del peligro de las especies invasoras. A cualquiera de los ecosistemas del planeta podemos llevar los humanos una especie que no sea originaria del lugar, y que una vez que se asiente genere enormes problemas. El caso que se explica en un artículo reciente sobre una serpiente americana que ha invadido la isla de Gran Canaria es una demostración más.

Pero es que en este caso se trata, además, de un tipo muy especial de especie invasora. La serpiente de la que hablamos, la serpiente real de California (Lampropeltis californiae), es lo que se conoce una mascota exótica: un animal con el que se comercia como mascota, y que acaba siendo liberado en el medio natural y convirtiéndose en una especie invasora. Un caso que nos sonará, porque es lo mismo que ha ocurrido con las cotorras argentinas o de Kramer en muchas ciudades españolas.

Vamos al caso concreto de la serpiente real, y luego la comparamos con las cotorras, porque hay algunos parecidos pero también diferencias.

Las serpientes reales de California se pusieron de moda como mascotas hace un tiempo. Se trata de culebras, serpientes que carecen de veneno y que raramente suelen atacar a los humanos, lo que las hace buenas serpientes mascota. Tampoco alcanzan un gran tamaño, que es es otro factor a su favor.

Pero las serpientes como mascota no tienen mucho incentivo. No son animales cariñosos, ni con los que se pueda jugar, ni que hagan mucho realmente. Así que muchas acabaron siendo abandonadas en el medio natural. Los dueños ya no las querían como mascotas, pero no les deseaban ningún mal.

Desde entonces, han ido creando poblaciones estables y se han asentado en los ecosistemas, y han comenzado a competir con las especies locales. Es decir, han dado todos los pasos para convertirse en una especie invasora.

Esta invasión biológica ha dañado de manera muy importante a los reptiles de la isla de Gran Canaria. La herpetofauna - que es el nombre con el que se describe a la diversidad de reptiles de un lugar - de la isla se ha visto amenazada, y esto es un serio problema. Porque en la isla de Gran Canaria, como ocurre en todas las islas, hay una gran cantidad de especies que son únicas de ese entorno geográfico, que no viven en ningún otro lugar. Son endemismos.

Y este es el problema ecológico que supone la invasión de una serpiente mascota. Como también es un problema ambiental muy serio la invasión biológica que suponen las cotorras en las grandes ciudades y entornos.

¿Las diferencias? Pues para empezar, que el método que se va a emplear con las cotorras para erradicarlas no parece muy apropiado para las serpientes. En la ciudad de Madrid se ha decidido acabar con ellas a perdigonazos, en un caso que explica muy bien en este post mi compañero Javier Peláez.

En el caso de las serpientes reales, no parece la mejor idea. Tratar de cazar serpientes a perdigonazos resulta complejo. Y no sólo acertar a las serpientes, el entorno también es significativamente distinto. En una ciudad, cazar cotorras no es fácil. En una isla como Gran Canaria, perseguir y cazar a suficientes serpientes como para eliminar el peligro que pueden suponer es mucho más complejo.

Pero esto no significa que no se deba hacer nada. El objetivo frente a una especie invasora siempre debe ser erradicarla, conseguir que el impacto que genera en el ecosistema deje de ocurrir, y en lo posible recuperar las poblaciones de especies afectadas a sus niveles originales.

Y si no se hace tiempo, se corre un riesgo muy alto: que la especie invasora termine por integrarse de tal manera en el ecosistema que plantearse erradicarla se vuelva aún más complicado. Casos de este tipo hay muchos, uno bastante famoso es el del cangrejo americano (Procambarus clarkii) en la marisma de Doñana. Esta especie ha tenido tanto impacto, su invasión ha sido tan exitosa, y se ha dejado pasar tanto tiempo desde su introducción que ahora mismo el ecosistema depende del cangrejo. Erradicar a la especie invasora tendría un efecto negativo tan grande, que obliga a pensarse dos veces la idea de hacerlo.

Por eso es tan importante enfrentar el problema de las especies invasoras desde el origen: evitando la introducción. Una vez que una especie ha llegado a un ecosistema, las consecuencias de sacarla pueden ser enormes, o la tarea directamente imposible.

Vídeo | El ritual hindú centrado en la serpiente que pone los pelos de punta a los ambientalistas

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