Ser sede de los Juegos Olímpicos, ¿beneficio o desfase financiero?

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Sin duda, la celebración de los Juegos Olímpicos puede ser un escaparate mundial para la ciudad que acoge la competición deportiva. Lanzarse a la carrera olímpica supone una campaña publicitaria sin precedentes para el lugar anfitrión. Por ello, cientos de países se enfrentan cada año por convertirse en la sede del evento y presentan planes muy ambiciosos con el objetivo de beneficiar la imagen y la economía de su territorio.

Pero el impacto de los Juegos Olímpicos no siempre es positivo. Albergar un evento deportivo de esa magnitud trae consigo un esfuerzo económico que a veces no acaba de ser rentable. Sus costes y beneficios llevan siendo motivo de debate desde hace muchos años. Aunque es imposible llegar a una conclusión común y contundente sobre este asunto, la experiencia y los requisitos de la candidatura sirven para analizar y hacerse una idea de si los Juegos pueden llegar a tener resultados positivos o no.

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Ser sede de los Juegos Olímpicos abre un escaparate al mundo de tu ciudad. Foto: Getty Creative.
Ser sede de los Juegos Olímpicos abre un escaparate al mundo de tu ciudad. Foto: Getty Creative.

Demostrar que no será perjudicial

En el momento de la candidatura, los dirigentes de la ciudad deben desarrollar un plan que sea atractivo para conseguir ganar el concurso pero que demuestre que el impacto de los Juegos no será perjudicial para la ciudad ni para el país. En este documento se tienen que alegar razones demostrables sobre los beneficios que logrará la ciudad y también mostrar que estos evitarán una carga excesiva a sus habitantes.

A partir de este momento, comienza un periodo de siete años en el que los organizadores deben desarrollar todas las propuestas. En este momento es cuando surgen la mayoría de los problemas que se han de superar en un corto periodo de tiempo. Entre estos inconvenientes suelen destacar la imposibilidad de cumplir las promesas medioambientales, las crisis externas, las obras habituales de las ciudades, entre otras muchas.

Casos de éxito y fracaso

El impacto de esta competición en la economía de las ciudades se puede observar mejorar si analizamos ejemplos concretos. Comenzamos por 1992, cuando se desarrollaron los Juegos Olímpicos de Barcelona, que cerraron con unos ingresos de 46.090 millones de pesetas, una cantidad que se acabaría recuperando con grandes beneficios tras la celebración del evento. Toda esa inversión ayudó a una mejora de la actividad económica reduciendo el desempleo de Barcelona y mejorando la imagen turística de la ciudad costera.

Por el lado contrario, encontramos Pekín 2008 como claro ejemplo de despilfarro. En la preparación de sus Juegos Olímpicos se invirtieron un total de 360 millones de euros, una cantidad que el país no planea poder recuperar hasta dentro de tres décadas. Este fracaso se podría atribuir a la construcción de infraestructuras muy por encima de las necesidades: el estadio de voleibol, el campo de béisbol, la sede de kayak, el estadio de ciclismo, la sede y los muelles para la competición de remo.

Para volver a los éxitos presentamos el caso de Londres 2012, que supuso un soplo de aire fresco para la ciudad y para su economía. La competición revitalizó una de las zonas más deprimidas de toda la ciudad, el barrio de Stratford, donde se construyó la Villa Olímpica, el estadio, la piscina y un gran parque. Por otro lado, esta cita hizo que finalmente despegara la construcción del enorme complejo comercial de Westfield.

Tokio 2020 y… ¿el final de los juegos?

Tokio acogerá en pocos días los Juegos Olímpicos 2020. Sin duda, este torneo ha estado marcado por la Covid-19, que ha provocado que la competición se celebre finalmente sin público. Si todo se hubiera desarrollado en la normalidad, siguiendo los plazos establecidos, estos hubieran sido los ‘Juegos de la Recuperación’ para Tokio. En cambio, han acabado por convertirse en un posible desastre económico para la capital. Según el Instituto de Investigación Daiwa, antes de las nuevas medidas, los beneficios económicos durante los Juegos se situarán únicamente en los 520.000 millones de yenes.

El aumento de los costes está provocando que las candidaturas vayan siendo cada vez menos. Los sobrecostes que parece que va a suponer Tokio y la experiencia pasada de otros países está haciendo que los Juegos Olímpicos se vean como un megaproyecto por el que no todas las economías están dispuestas a arriesgar.

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