Qué hace el Senado de EEUU y por qué es importante que se lo queden los demócratas

El Partido Demócrata de Estados Unidos se ha asegurado el control del Senado este fin se semana. Al conocerse la victoria de Catherine Cortez Masto en el estado de Nevada, frente el republicano Adam Laxalt, ha obtenido ya 50 escaños, frente a 49 republicanos, una diferencia mínima pero suficiente para tomar las riendas de la Cámara Alta.  

Aún falta por definir otro estado, Georgia, que se ve abocado a celebrar una segunda vuelta el 6 de diciembre ante lo ajustado del recuento. Los demócratas del presidente Joe Biden pueden, pues, ampliar la distancia de su victoria, pero incluso si ganan los republicanos de Donald Trump, mandarían los progresistas, toda vez que la videpresidenta Kamala Harris ejerce también como presidenta del Senado y su voto ayuda a desempatar. Hacía cien años que no se veían unos datos así de buenos en la Cámara Alta para un partido que manda en la Casa Blanca. 

El Partido Demócrata llegó a las elecciones intermedias en un entorno político marcado por la inflación altísima, las preocupaciones sobre el aumento de la delincuencia y los temores de una recesión económica inminente, pero los excesos de Trump, la mala elección de sus candidatos y los derechos en riesgo, como el aborto, impidieron que, al fin, hubiera “ola republicana”, como auguraban las encuestas.

La Cámara de Representantes, eso sí, queda en manos de la oposición, como suele pasar en las elecciones de mitad de mandato, como un toque de atención al mandatario en ejercicio. El Partido Republicano mantiene una leve ventaja sobre los demócratas por el control de la Cámara baja de EEUU, aunque todavía quedan 20 asientos por decidir y los conservadores están a apenas 7 de la mayoría absoluta, fijada en 218 congresistas.

Con este panorama, los demócratas se muestran exultantes, pero ¿para qué sirve el Senado en EEUU? ¿Qué diferencia hay entre que lo comanden los azules (color demócrata) o los rojos (color republicano)?

Qué hace el Senado

Creada por el Artículo I de la Constitución, la Rama Legislativa de Estados Unidos se compone de la Cámara de Representantes y el Senado, que juntos forman el Congreso. Son denominaciones diferentes a las de España, en las que los Representantes forman la que sería Cámara Baja y el Senado, la alta. Si el articulado otorga al Congreso la autoridad única para promulgar leyes y declarar guerra, el derecho a confirmar o rechazar muchos de los nombramientos presidenciales y, poderes indagatorios substanciales, al senado le deja promulgar la legislación y tiene también la potestad de encausar a funcionarios del Gobierno y aprobar los nombramientos y los tratados del Presidente.

El Senado está formado por cien senadores, dos por cada estado. Antes de que se ratificara la Enmienda XVII en 1913, informa la Casa Blanca, los senadores eran elegidos por las asambleas legislativas estatales, no por medio del voto popular. Tras el cambio, los electores de cada estado los eligen por mandatos de seis años. Los tiempos de los senadores son escalonados para que casi un tercio del Senado deba ser reelegido cada dos años. Por ejemplo, en las elecciones del pasado martes no se renovaron sino 35 de ese centenar de asientos. Los senadores deben ser mayores de 30 años, ser ciudadanos del país por lo menos desde hace nueve años y ser residentes del estado que representan.

El vicepresidente de los Estados Unidos, en este momento la demócrata Harris, sirve como presidente del Senado y puede ser el voto decisivo en caso de que haya un número igual de votos en el Senado, que es lo que puede ocurrir tras estas elecciones y lo que ya estaba pasando antes del 8-N. Una precaria pero suficiente mayoría demócrata.

Eso, en lo formal. Pero lo importante, la chicha, es lo que hace el Senado, lo que puede controlar, ratificar o vetar. Sus señorías tienen el poder exclusivo de confirmar aquellos nombramientos presidenciales que precisan de consentimiento y de proporcionar consejo y consentimiento para ratificar tratados. Entre ellos, los de los jueces federales, incluidos los del Tribunal Supremo.

Sin embargo, hay dos excepciones a la regla: la Cámara también debe aprobar los nombramientos a la vicepresidencia y cualquier tratado que involucre el comercio exterior. De igual manera, el Senado lleva a cabo los juicios de destitución de funcionarios federales en procesos iniciados por la Cámara.

Para aprobar una ley y enviarla al presidente para que la firme, tanto la Cámara como el Senado deben aprobar el mismo proyecto de ley por mayoría. Si el presidente veta un proyecto de ley, el Congreso puede anular su veto aprobando de nuevo el proyecto de ley con un voto a favor de por lo menos dos tercios de cada cuerpo legislativo.

Por qué es importante el color de la Cámara Alta

Entre los precedentes que evidencian la importancia de esta cámara está la falta de mayoría que impidió al entonces presidente demócrata Barack Obama nombrar a Merrick Garland (actual fiscal general) cuando en 2016 murió el magistrado del Supremo Antonin Scalia. Aquello permitió luego a Trump designar a un juez conservador. Aunque no se esperan bajas en el Supremo en los próximos dos años, ahora Biden podría elegir sustituto.

Lo que sí prevé nombrar Biden son más jueces federales y, de hecho, si los demócratas hubieran perdido, se manejaba como opción que cubriese de forma acelerada todas las vacantes posibles antes de la toma de posesión de los senadores elegidos. No son sólo los jueces los que dependen de estas mayorías: los miembros del Gobierno, los jefes de las agencias federales y los embajadores necesitan la confirmación del Senado para tomar posesión.

Más: el Senado también es el encargado de sentenciar los procesos políticos (impeachmentsque aprueba de inicio la Cámara de Representantes. En este caso, al hacer falta dos tercios para que salga adelante, la situación no cambia mucho por un senador más o menos, en realidad.

En cuanto a las leyes en sí, muchas de ellas necesitan además 60 votos en la Cámara Alta para vencer el llamado filibusterismo, una técnica de obstruccionismo parlamentario mediante la cual se pretende retrasar o enteramente bloquear la aprobación de una ley gracias a un discurso de larga duración. Aunque basta la mayoría para aprobar una norma, hacen falta 60 votos para terminar con el debate y someter el texto a votación y ahí puede ocurrir de todo.

Cómo ayuda esa victoria a Biden

El colchón que ha logrado el grupo demócrata en el Senado, ciertamente, facilita la gestión de una mayoría para el presidente Biden. La Cámara de Representantes cambia de manos, es cierto, y se acaba ese periodo estable de mantener el poder en las dos Cámaras, pero no perder las dos es un gesto de fortaleza, que contraría a las encuestas y compensa la baja popularidad del presidente, por debajo del 40% antes de las midterms. Biden puede coger vuelo, eso le ayudará de cara a la reelección en 2024, una cita con las urnas para la que no todos los demócratas estaban convencidos de la bondad de su candidatura.

La agenda legislativa del presidente estará ahora en entredicho, eso está claro, porque le espera una supervisión republicana muy agresiva en la Cámara Baja, pero incluso en eso podría haber algo positivo si sus oponentes políticos no pueden gobernar de manera efectiva debido a la discordia interna entre Trump y sus posibles críticos y, claro, con el Senado en manos demócratas.

“Le va a resultar mucho más difícil sacar adelante los grandes proyectos legislativos que tenía en mente y que le quedaban en el tintero, pero tampoco diría que habrá una parálisis. Primero, porque en EEUU no hay disciplina de partido, por lo que se puede convencer a seis, siete, ocho republicanos de 435 congresistas, es factible. Segundo, porque sí, se pueden sacar cosas adelante a base de negociar mucho más, claramente. Es más costoso, no tendremos la mayoría que teníamos antes, así que saldrán proyectos más consensuados, quizá más diluidos, pero se pueden hacer muchas cosas. No nos olvidemos que esta es una situación que ya vivió el presidente Obama al final de su mandato, también Clinton. Y lo tercero es que en este tiempo los presidentes tienen además la opción de los decretos presidenciales, que si bien no te garantizan la continuidad, te permiten hacer cosas en ese tiempo de minoría”, afirmaba a El HuffPost hace unos días el español Juan Verde, que ha sido asesor tanto de Biden como de Obama.

A la espera de cómo queda la mayoría de las dos Cámaras, lo cierto es que los demócratas aún tienen oxígeno, y eso da energía, mientras que los republicanos han pegado un frenazo y eso ha puesto sobre la mesa sus fracturas internas y los choques con su actual líder. Apasionante tiempo el que tiene por delante EEUU.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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