Llega un fármaco para bajar peso que promete cambiar las reglas del juego

Miguel Artime
·5 min de lectura
Báscula, el terror de los obesos. (Imagen creative commons vista en pxhere.com)
Báscula, el terror de los obesos. (Imagen creative commons vista en pxhere.com)

Que la obesidad se ha convertido en un serio problema de salud pública es algo que ya sabíamos. Ahora en plena pandemia que ha reducido nuestra movilidad y en algunos casos nos ha hecho variar (para peor) los hábitos alimenticios, el problema parece que va a más.

Sabemos desde siempre que no existen fórmulas mágicas, y que para perder peso hay que controlar la ingesta y aumentar el nivel de actividad física. Después de todo, uno engorda cuando el cuerpo produce menos energía que la que recibe vía alimentación.

En España, un 25% de la población en edad adulta (25-60 años) padece obesidad, y aunque el problema no es tan acusado como en Estados Unidos (donde incidencia de la obesidad superó en 2020 el 40% de la población total) está comenzando a representar un serio problema en la población infantil de las familias con rentas bajas.

Para aquellas personas que no son capaces de controlar su peso mediante estilos de vida saludable, existen dos posibles soluciones potenciales: las cirugías de reducción de estómago o los medicamentos para la pérdida de peso. No hace falta que os diga que la primera, consistente en una cirugía muy invasiva, es una opción que implica muchos riesgos y complicaciones. Y en cuanto a los fármacos que existen a día de hoy en el mercado, no siempre funcionan y además vienen acompañados de efectos secundarios adversos.

Pero ahora, un tratamiento experimental llevado a cabo por un conglomerado multinacional de científicos procedentes de varias universidades e instituciones británicas, danesas, belgas, canadienses, estadounidenses y japonesas, parece haber llegado a buen puerto. El fármaco en el que se basa el estudio, que ha sido probado en un ensayo con 2.000 obesos procedentes de 16 países, se llama semaglutida y en realidad ya existía en el mercado, ya que se emplea para tratar dos tipos de diabetes.

Volvamos con el ensayo y sus resultados. Por lo que puedo ver se formaron dos grupos de 1000 participantes cada uno. Al primero se le daba un placebo (grupo control) mientras que al segundo se le daba una dosis semanal del fármaco vía inyectable. Ambos grupos recibieron un curso destinado a promover estilos de vida saludables, para concienciar sobre la importancia de la pérdida de peso.

Cuando acabó el experimento, ambos grupos habían perdido peso de media, si bien el grupo control lo hizo en un porcentaje pequeño y clínicamente no significativo. En cuanto al grupo de los tratados con semaglutida, los efectos fueron pronunciados.

Durante las 68 semanas que duró el tratamiento, que suprime el apetito debido a un abanico de efectos diversos sobre el cerebro, los integrantes del grupo que recibió el fármaco redujeron su peso corporal – de media – un 14,9%. Más del 30% de este grupo de personas obtuvo una pérdida de peso superior al 20%, un resultado jamás observado con medicamentos.

Por lo que puedo leer, la semaglutida se mostró dos veces más eficaz que cualquier otro medicamento existente ahora mismo en el mercado, por lo que su grado de éxito comienza a parecerse al que se logra con cirugía. De ahí que una de las científicas responsables de este estudio, la endocrina Rachel Batterham del University College de Londres, haya declarado que este fármaco ha venido para “cambiar las reglas del juego”.

Como ejemplo de los resultados obtenidos, en la BBC hablan del caso de una mujer del sur de Inglaterra llamada Jan que llegó a perder 28 kilos (el equivalente a más de una quinta parte de su peso corporal) durante los 15 meses que duró el ensayo.

Por si fuera poco, los resultados del ensayo mostraron también mejoras en otros campos distintos al de la pérdida de peso. Los participantes que recibieron semaglutida redujeron varios factores de riesgo cardio-metabólico, y afirmaron haber experimentado una mejora en su calidad de vida.

Pero no todo van a ser buenas noticias, el medicamento también provocó efectos secundarios de medios a moderados, en algunos participantes, incluyendo náuseas y diarrea. A pesar de que los efectos fueron temporales, casi 60 participantes del grupo de la semaglutida (en comparación a 5 del grupo placebo) tuvieron que detener el tratamiento.

Como comentado, durante el ensayo la administración del fármaco se hizo en forma de inyecciones, aunque ya están trabajando en una fórmula oral, algo que seguro agradará a los potenciales clientes cuando comience a venderse en las farmacias para este nuevo fin. (Falta que los órganos reguladores lo aprueben, pero el hecho de que ya esté siendo administrado para la diabetes facilitará mucho este trámite).

¿Vieron los participantes un efecto rebote cuando acabó el ensayo? Al menos una de las personas que recibió la semaglutida afirmó en el The New York Times que así fue.

¿Nos encontramos entonces ante la panacea que nos permitirá adelgazar sin esfuerzo? (El santo grial que persiguen las farmacéuticas desde hace décadas). Me temo que no. Eso sí, el fármaco va a ser muy útil para tratamientos en pacientes con casos de obesidad grave que necesiten bajar de peso rápidamente, aunque algunos nutricionistas ya advierten que no va a convertirse en una “fórmula mágica” y que seguirá haciendo falta que se apliquen medidas de salud pública que fomenten hábitos de vida saludable.

El trabajo en el que se hacen públicos los resultados del ensayo financiado por la empresa farmacéutica Novo Nordisk, puede consultarse en la revista New England Journal of Medicine.

Me enteré leyendo Sciencealert.com

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