Seis horribles enfermedades que afortunadamente se extinguieron

Entre mis webs favoritas se encuentra, desde hace varios años cracked.com. Un lugar dedicado al humor, el sarcasmo y la ironía. Incluso, cuentan con una sección dedicada a la ciencia, en la que suelo pescar temas interesantes para mis blogs. Bien, pues hace un par de días leí un artículo fascinante sobre seis extrañas enfermedades ya desaparecidas, que en su día supusieron un verdadero problema para quienes las padecieron.

Os haré un breve resumen de las mismas, y si lo estimáis escaso para un tema tan interesante, siempre podréis buscar más información al respecto en internet.

6 – Dientes explosivos en el siglo XIX

Aunque parezca extraño, en el siglo XIX existen registros de varios casos de esta extraña enfermedad. El primer caso se dio en 1817 cuando después de unos días horrorosos con un insoportable dolor de muelas, un reverendo sintió algo similar a un disparo de pistola que rompió el diente infectado en fragmentos, lo cual le provocó un alivio instantáneo. En las décadas siguientes se dieron más casos, por lo que empezó a llamarse a este mal “el síndrome de los dientes explosivos”. Existe un informe de 1871 de un dentista que afirma que la explosión sufrida por un paciente fue tan violenta que le hizo caer al suelo y le provocó sordera.

La enfermedad se desvaneció igual que había llegado, y los expertos creen que debía a una reacción entre el gas de hidrógeno y los metales empleados para hacer empastes en aquella época (plomo, latón y plata). Es probable que esta combinación crease una pila electroquímica de bajo voltaje. Si los dentistas dejaban algo de cavidad dental al descubierto, el hidrógeno del aire podía colarse en su interior. Cuando los metales provocaban una carga eléctrica en presencia de hidrógeno, podría producirse una explosión en miniatura.

5 – Mujeres agotadas (y verdes) por la clorosis

Durante 200 años, la clorosis atacó a las mujeres de la alta sociedad. Los doctores de aquella época consideraban que el causante de este elitista mal, que provocaba melancolía inmovilizante, inflamación de las articulaciones, cese de la menstruación y una decoloración verdosa de la tez de quienes la padecían, era la ausencia de relaciones sexuales. Este diagnóstico erróneo venía por el cese de la menstruación, considerada en aquella época como el equivalente femenino al esperma. Debido a este error, a este mal se le conocía como “la enfermedad de las vírgenes”.

Nada más allá de la realidad. El verdadero culpable era una anemia provocada por las dietas terribles que seguían las damas de buena familia. Los doctores tardaron dos siglos en darse cuenta que bastaba añadir un suplemento de hierro en la dieta para que el mal desapareciera. ¡Eso si que era como para ponerles verdes a ellos!

4 – Enfermedad del Hotel Nacional de Washington

Si en la década de 1850 te daba por alojarte en el National Hotel de Washington D.C. corrias el riesgo de enfermar con un mal misteroso cuyos síntomas incluían inflamación de la lengua y del intestino delgado, malestar violento y diarrea. Cientos de dignatarios y políticos que pasaron por este hotel sufrieron sus efectos, e incluso 40 de ellos murieron. Uno de los más ilustres aquejados fue el presidente James Buchanan, a quien la experiencia no le debió parecer muy traumática puesto que enfermó dos veces. Por aquel tiempo se especuló con todo tipo de causas, desde envenenamiento por parte de los esclavos que trabajaban en el hotel, a falta de ventilación, veneno de ratas, mala calidad de las sartenes en las que se cocinaba, etc. Lo cierto es que probablemente se debiese a un brote de disentería provocada por la rotura de una canalización de aguas fecales que debió contaminar las reservas de agua potable.

3 – Mandíbulas que se desvanecen

Trabajar en plena revolución industrial tenía sus pegas, especialmente si lo hacías en una fábrica de cerillas, que por aquel tiempo empleaban fósforo blanco. Lo que podía pasarte entonces es que tu mandíbula inferior comenzase a crecer hacia el exterior como si buscase independizarse de tu cara. Por aquel tiempo las cerillas se fabricaban sumergiendo palitos de madera en un compuesto químico llamado fósforo blanco, cuyos vapores tóxicos eran sumamente peligrosos. Los trabajadores que sumergían los palitos en ese fluido sufrían de dolor de dientes crónico, seguido de una explosión de la mandíbula que se cubria de masas de abscesos de hueso brillante. Para salvar sus vidas, en muchas ocasiones había que amputar la mandíbula de los trabajadores, y todo ello en un momento en que no existía seguridad social.

El fósforo impide el remplazo natural de las células óseas muertas que un cuerpo sano realiza constantemente. Como resultado, a aquellos pobres diablos les crecía nuevo tejido óseo sobre el hueso infectado de la mandíbula, provocando horribles malformaciones que emergían de la boca. ¡Qué habría pensado un técnico actual de prevención de riesgos laborales en una de aquellas fábricas de cerillas!

2 – La plaga de Atenas

Según el realto histórico de Tucídides, 400 años antes del nacimiento de Jesús, la ciudad de Atenas sufrió durante cinco décadas una plaga que acabó con entre uno y dos tercios de su población. El mal comenzaba con una sensación de calor violenta en la cabeza, seguida por erupciones en la garganta y lengua acompañadas de abundantes hemorragias. El paciente terminaba su vida entre horribles dolores y liberando fluidos sanguinolentos por todos sus orificios. Las pilas de cadáveres a la entrada de la ciudad hicieron incluso que los espartanos desistiesen de conquistarla.

Como las anteriores, un buen día la plaga desapareció y lo cierto es que los expertos no conocen aún la causa, aunque se espera que analizando restos humanos de la época se pueda encontrar alguna pista. Los síntomas son alarmantemente similares a los del Ébola, una efermedad que no hemos conocido en los tiempos modernos hasta el brote de 1976 en Zaire. ¿Fue Atenas el primer caso histórico? Tal vez la arqueología termine por darnos la respuesta.

1 – Ilusión del cristal

Las enfermedades mentales no podían quedar sin representación en esta recopilación de males extinguidos. En la edad media, surgió un trastorno psicológico llamado “ilusión del cristal” que hacía creer a quienes lo padecían que su cuerpo estaba formado por este frágil material, y que por tanto no debían moverse, o terminarían rompiéndose en un millón de pedazos. Uno de los primeros en padecerlos fue el rey Carlos VI de Francia en el siglo XV, quien a su vez – dada la importancia histórica de su figura – creó un efecto “contagio” dominó entre la población de todas las clases sociales.

Y es que… ¡si el rey está loco con estilo no vamos a ser nosotros menos!

Me enteré leyendo Cracked.