Aprovechemos el momento: la reforma radical que necesita la Segunda B en España

Jugadores del filial del Real Madrid y del Pontevedra durante un partido de Segunda B de esta temporada. Foto: Quality Sport Images/Getty Images.

Incluso de una catástrofe tan trágica como la pandemia del coronavirus podemos llegar a sacar, si nos esforzamos, un aspecto positivo. El hecho de que todo se haya parado de forma tan abrupta y que, pese a que se empieza a ver la luz al final del túnel, aún no tenemos fecha de vuelta a algo parecido a la normalidad, significa que tenemos tiempo de pararnos a pensar cómo podríamos solucionar problemas graves, incluso los que llevamos arrastrando desde hace mucho tiempo. Hablando del fútbol español, el asunto que tenemos enquistado es, indudablemente, la Segunda División B.

Esta categoría, que pese a su nombre es la tercera en la pirámide del balompié nacional, está estructurada de una manera que quizás en el momento de su creación podía parecer lógica, pero que actualmente lo que causa son infinidad de inconvenientes. Ochenta equipos, divididos en cuatro grupos de veinte según criterios (más o menos) geográficos, se juegan únicamente cuatro plazas de ascenso a Segunda, que se obtienen tras un sistema interminable de playoffs. Con semejante atasco, por bien que lo haya hecho durante toda la temporada, un club tiene dificilísimo acceder al fútbol profesional.

La Segunda B se ha convertido en una especie de pozo en el que se encuentran atrapadas entidades de gran tradición y arraigo, sufriendo las consecuencias tanto a nivel económico (porque no está considerado fútbol profesional, con lo que eso implica en cuanto a ingresos por televisión y patrocinios) como social, ya que cuesta más atraer y fidelizar seguidores. Por eso urge una reforma en profundidad del sistema, tal como plantean periodistas como Aitor Lagunas, editor de la revista Panenka. ¿Qué mejor momento que ahora, en plena crisis, para buscar un formato nuevo que resuelva las deficiencias del actual?

El principal inconveniente es que, tal como recuerda Lagunas, para ser una tercera categoría nacional la cantidad de clubes participantes se antoja excesiva. En ningún país de nuestro entorno cercano hay tantos; de hecho, Francia, Alemania o Inglaterra recurren a un solo grupo de dimensiones comparables a las de las divisiones de élite. Lo más parecido al sistema español es el caso italiano, en el que hay tres grupos de veinte, sumando sesenta. Pero quizás Italia, donde solo el verano pasado casi una decena de participantes en la Serie C sufrieron descensos administrativos o directamente desaparecieron por las deudas, no sea el ejemplo en el que queramos mirarnos.

Este año, además, las cosas se van a poner peores en este sentido. Porque, según cuenta el programa El Larguero de la cadena SER, debido al coronavirus la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) ha decidido suspender todo el fútbol no profesional, Segunda B incluida, pero sin que se produzcan descensos a Tercera. Sin embargo, sí que habrá ascensos de Tercera a Segunda B (los campeones de cada uno de los 18 grupos), con lo cual se puede llegar a juntar casi un centenar de clubes.

La solución más sencilla pasa por redimensionar. Hay voces que proponen crear una nueva categoría intermedia entre las actuales Segunda y Segunda B. El último que lo ha sugerido es Augusto César Lendoiro, antiguo presidente del Deportivo de La Coruña. Su idea concibe dos posibilidades: o bien un grupo único de 20 que abarcara a los cuatro que desciendan este año de Segunda más los 16 eliminados en el playoff de ascenso, o bien dos grupos de 20 (Norte y Sur) añadiendo a los equipos anteriores

El antiguo mandatario deportivista incluso tiene nombre para el nuevo torneo: “Liga Luis Aragonés, en homenaje a quien representa, como nadie, el fútbol de la calle, el fútbol de siempre”. Cree que serviría para “recuperar toda la fuerza del fútbol que hemos perdido en grandes capitales, hoy alejadas del fútbol profesional”. Otros equipos han sugerido poner en marcha la Segunda B Pro, que no sería demasiado diferente a la opción de los dos grupos.

Como siempre, en España no hay forma de ponerse de acuerdo, así que no son pocos los clubes que están radicalmente en contra porque consideran que, en la práctica, significaría descenderles una categoría de repente y que no es justo cambiar las reglas a mitad de competición. Así se expresó, por ejemplo, el presidente del Barakaldo, Jesús María Isusi: “El que se ponga en marcha la próxima temporada no es que sea precipitado, es que encima es ilegal. No se puede hacer una reconversión y que a la mitad de los equipos se nos descienda. Tenemos que ser todos serios”.

Es comprensible el enfado de Isusi, ya que los negriamarillos están ahora mismo en el puesto 14º, lo que significaría que si se crea esta nueva liga, se llame como se llame, ellos se verían relegados al cuarto escalón. Pero hay que asumir que todo proceso de reforma, incluso el que pueda aportar grandes beneficios a la larga, dejará perjudicados a corto plazo. Todo el mundo debería ser consciente de la situación y asumir que tocará hacer sacrificios.

Llámese como se llame, de la propuesta de Lendoiro o de la Segunda B Pro en principio parece más razonable la opción de los dos grupos, divididos por criterios geográficos. Aporta el beneficio de que ya permite reducir a la mitad el embrollo de los ascensos, que a fin de cuentas es de lo que se trataba, pero sin ser una ruptura tan traumática con el modelo aún vigente. Además, hay que recordar que España es un país de más de medio millón de kilómetros cuadrados, con distancias de más de mil kilómetros por carretera entre los puntos más extremos de la península, y con complicaciones añadidas para Baleares y Canarias. Para equipos relativamente modestos, si bien es de prever que la nueva categoría fortalecería sus cuentas, semejantes desplazamientos podrían ser difíciles de asumir.

Derbi de filiales en Segunda B: imagen del partido entre los segundos equipos del Barcelona y el Espanyol el pasado enero.Foto: Xavier Bonilla/NurPhoto via Getty Images.

Otro caballo de batalla es la presencia o no de los filiales. En la edición actual de la competición hay hasta veinte plantillas que sirven como cantera a clubes de Primera o Segunda. Por comparar, en el Championnat National francés o en la League One inglesa no hay ninguno, y en la 3. Liga alemana y la Serie C italiana, solo uno en cada una.

Los equipos pequeños españoles se quejan de que es una competencia desleal, puesto que disponen de unos recursos económicos derivados de sus clubes matrices con los que ellos ni sueñan (el año pasado ya hubo protestas porque solo el fichaje de Vinícius para jugar en el Castilla había costado más que el presupuesto de todos sus rivales... sumados), y abogan por crear un campeonato separado para ellos. Los defensores de que permanezcan integrados en el sistema recalcan que es la mejor manera de foguear en el “mundo real” a las promesas del futuro. En cualquier caso, ese debate es más complejo, puesto que los filiales también tienen derecho a jugar en Segunda, así que el cambio competería no solo a la RFEF de Rubiales sino también a LaLiga de Tebas... aunque quizás tampoco sería mal momento para abordarlo, toda vez que esta campaña no hay ninguno en la categoría de plata.

Tampoco hay que olvidar, a la hora de hacer cambios, que el mismo problema de embotellamiento que hay ahora para pasar de Segunda B a Segunda existe entre la Tercera y Segunda B... pero multiplicado. En la que hoy es cuarta categoría, última que tiene estatus de “nacional”, hay dieciocho grupos, uno por comunidad autónoma (salvo Andalucía, que tiene dos), con veinte equipos en cada una (salvo Castilla y León, que tiene 21 por una sentencia judicial que obligó a incluir al Real Burgos). De esos 361, con el formato actual, solo suben 18. La RFEF, como organismo competente, también debería plantearse una reordenación, quizás creando más escalones intermedios que faciliten la movilidad. Puede parecer exagerado, pero en Inglaterra, el inventor del juego, con una tradición de equipos incomparable a la nuestra y con una población mayor que la española, no hay separación por grupos hasta el sexto nivel, e incluso en el octavo escalón apenas hay siete repartos territoriales para todo el país. Si a ellos les va bien...

Sea en el sentido que sea, una reforma del sistema se antoja imprescindible. La Segunda B actual tiene muchos problemas que, en un contexto de crisis como la actual, incluso ponen en futuro su viabilidad cuando el coronavirus se convierta en un recuerdo del pasado. Todas las partes implicadas cuentan ahora mismo con una oportunidad inmejorable, e inaplazable, para ponerse a negociar y arreglar el sistema.

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