Vamos a seguir achicharrándonos

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Aspecto de una calle de Barcelona el 5 de junio de 2022. Shutterstock / Juan Gordillo

En agosto del 2003 publiqué un artículo sobre el tremendo calor que hacía, y eso que todavía no había llegado la intensa ola de calor que sufrió Europa días después. El título del artículo fue: Nos vamos a achicharrar. Soy consciente de que no suena muy científico, pero si es muy ilustrativo de la situación.

El sexto informe del IPCC, del que ya se han presentado los documentos correspondientes a los tres grupos de trabajo, respectivamente en agosto 2021, febrero de 2022 y abril de 2022, elimina cualquier ápice de duda: estamos en medio de un cambio climático provocado por la especie humana.

Un mundo cada vez más caliente

La actual civilización humana se ha desarrollado a partir de la máquina de vapor al disponer de energía accesible y barata, dando lugar a la civilización de los combustibles fósiles, que ha conducido a un aumento exponencial de la población humana y al desarrollo de las ciudades. Pero generando una grave externalidad como es la emisión de CO₂ y otros gases de efecto invernadero (GEI), que han provocado el actual cambio climático, generando la presente situación de emergencia climática.

El mundo ya es más cálido y lo será durante los siguientes años debido a los GEI ya emitidos y a los que seguimos emitiendo a pesar de las promesas de reducción.

Este mes de mayo de 2022 se ha alcanzado la concentración puntual de 421 ppm de CO₂. La situación es crítica, ya que de los GEI emitidos el 48 % está en la atmósfera. El resto ha sido absorbido por los océanos y la superficie terrestre. Del calor retenido, en la atmósfera solo hay acumulado el 1 %. El 99 % restante se distribuye entre los océanos (89 %), la criosfera (4 %) y en la superficie terrestre el 6 % restante.

El incremento medio global de la temperatura ya es de 1,1 ℃. El informe Global Annual to Decadal Climate Update de la Organización Meteorológica Mundial constata que el aumento de las temperaturas continuará en los próximos años. Mientras no cesen las emisiones de GEI, el clima será cada vez más cálido y extremo.

Las probabilidades de que el calentamiento global superara el objetivo de 1,5 ℃ –límite del Acuerdo de París– eran casi nulas en 2015, y desde entonces no han dejado de aumentar. Para el período entre 2017 y 2021 se calculó una probabilidad del 10 %, mientras que para el período de 2022 a 2026 se dispara hasta casi el 50 %. “Este valor de 1,5 ℃ no es una cifra aleatoria, sino que indica el punto en el que los efectos del clima serán cada vez más perjudiciales no solo para las personas, sino para todo el planeta”. Y en España este aumento ya ha alcanzado el valor de 1,7 ℃.

El informe del Grupo de Trabajo II del IPCC, que está centrado en los aspectos de impactos, adaptación y vulnerabilidad, señala las siguientes amenazas climáticas para España: olas de calor más frecuentes e intensas y sequías más acusadas, con menor disponibilidad de agua y merma de la productividad agrícola, entre otros efectos.

Olas de calor

En España mueren anualmente unas 1 500 personas por exceso de calor; cifra que pasaría a unas 8 000 a mitad de siglo en un escenario de altas emisiones.

En la figura adjunta se puede comprobar la tendencia alcista de las olas de calor en España, aumentando también el número de provincias afectadas, tal y como indica el último informe de la AEMET al respecto.

Sequías

El cambio climático ya le cuesta a España unos 550 millones de euros al año en pérdidas agrícolas. Hasta el 80 % de las tierras de la región mediterránea experimentarán un aumento de la frecuencia de sequías. El agua será cada vez más escasa en España y en otros lugares del sur de Europa.

El aumento de la demanda de agua y unas condiciones más secas podrían agotar las reservas subterráneas en la región mediterránea. Ya está sucediendo en Cataluña y en las islas Baleares.

El actual cambio climático hará que las zonas agrícolas idóneas en Europa se desplacen hacia el norte, lo que reduciría la tierra disponible para agricultura en España. Las mayores mermas de rendimiento se darían en las cosechas de maíz (en España y toda Europa), que podrían disminuir entre un 10 % y un 25 % con aumentos de temperatura de 1,5-2 ℃; aunque se pueden recortar hasta entre 50 % y 100 % con subidas de 4 ℃. El riego agrícola podría limitar las pérdidas, pero eso depende de que haya suficiente agua disponible.

Incendios

Unas condiciones más cálidas y secas también harán aumentar el riesgo de incendios forestales. Las proyecciones indican que la superficie quemada en la región mediterránea aumentará entre un 87 % (si la temperatura aumenta en 2 ℃) y un 187 % (si se eleva 3 ℃) en comparación con un escenario de rápida reducción de GEI para evitar un calentamiento por encima de 1,5 ℃.

Cambio de modelo socioeconómico

Esta situación ya es presente, evoluciona de manera exponencial y reclama respuesta urgente, pues el cambio climático no espera.

Desde los años noventa del siglo XX ya hemos dejado pasar a una generación. Debemos mitigar las emisiones –cosa que no estamos haciendo– y proceder a adaptarnos a la nueva situación.

Pero la respuesta adaptativa se está presentando como un planteamiento de adaptación basado en qué hacer para seguir con el mismo modelo socioeconómico, que recoge posicionamientos negacionistas explícitos o implícitos, con intereses creados y de greenwashing (blanqueamiento verde).

Frente a ese planteamiento, urge una respuesta adaptativa que sea capaz de repensar realmente y superar el actual modelo socioeconómico transformándolo en un modelo realmente sostenible.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

José María Baldasano Recio no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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