Seguimos cambiando: Tres claves de la reciente evolución humana

El sedentarismo, la higiene y el control de enfermedades ha sido claves para la evolución de los humanos modernos. (Imagen Getty Creative)

Los humanos seguimos cambiando y las principales presiones de ese proceso evolutivo son culturales.

El célebre profesor de biología evolucionaria de la Universidad de Yale, Stephens Stearns, aseguró los humanos somos más altos, más gordos y más longevos que hace 100 años porque hemos cambiado y cuidado nuestra manera de comer y de cuidarnos.

Es muy cierto que un siglo es apenas un pestañeo en la evolución de los homíninos, que es pequeño grupo de los primates homínidos que comenzaron a caminar erguidos (sobre sus dos piernas) hace casi 3 millones de años.

Para el investigador el punto de inflexión en todos los estudios sobre la evolución humana es que la cultura, especialmente la medicina, pero también en el desarrollo tecnológico y urbanístico que nos permite vivir menos hacinados y purificar el agua, está cambiando las presiones sobre los humanos.

El argumento de Stearns era que la evolución ha dado forma a nuestra posibilidad de responder de manera flexible a los cambios del ambiente. "Entonces cuando miras el cambio de los reclutas del ejército británico han tenido en un período de 100 años, es porque lo ha permitido el pasado evolucionario", dijo a la publicación LifeScience en 2014.

Esos cambios siguen ocurriendo inadvertidamente. Los científicos entrevistados por la revista Inverse señalaron que no solo somos más altos sino también nuestra temperatura corporal es más fría, nuestros huesos son más frágiles y nuestros continúan su mutación.

No cabe duda de que los humanos somos diferentes a los primeros australopitecus afarensis. Pero también es cierto que somos distintos a los primeros individuos de nuestra especie Homo Sapiens de hace 10.000 años y que nosotros vamos a ser distintos a los humanos del futuro.

Más fríos y sanos

La temperatura corporal es uno de los signos que nos indican si estamos sanos o enfermos.

El médico alemán Carl Reinhold August Wunderlich publicó un manual 1851 en el que estableció la temperatura corporal normal de los humanos en 37°C, luego de medir la temperatura axilar de 25.000 pacientes en la localidad de Leipzig.  El consenso mundial era que sobre los 37°C hay señales de fiebre y por debajo han señales de hipotermia.

Pero un estudio realizado por Myroslava Protsiv, Catherine Ley, Joanna Lankester, Trevor Hastie, Julie Parsonnet de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford señaló que la temperatura normal ha bajado a 36,6°C .

Descenso de la temperatura corporal humana en Estados Unidos desde la Revolución Industrial publicado en Industrial en eLife 2020;9:e49555

"Hemos determinado que la temperatura corporal media en hombres y mujeres, y luego de ajustar edad, estatura, peso, y en algunos modelos la fecha y la hora del día, ha descendido monótonamente en 0,03°C por década de nacimiento".

Esas modificaciones en la tasa metabólica de los humanos ofrece un marco de referencia para comprender los cambios en la salud y la longevidad en los últimos 157 años. Los autores piensan que ese enfriamiento posiblemente se debe al declive de las inflamaciones y enfermedades que causaban fiebre. 

Ya no somos tan cabeza dura

Los huesos de los humanos actuales son más débiles y menos densos de el de sus primos hominidos.

Los científicos creen que la necesidad de mantenernos erguidos, característica que nos distinguió de manera definitiva de los primates africanos, ha transformado nuestro esqueleto.

Es posible que el debilitamiento de nuestra estructura ósea haya comenzado hace 12.000 años cuando los humanos nos hicimos más sedentarios al desarrollar la agricultura. Los cambios en la actividad física y la alimentación que nos permitió establecernos en aldeas y tener acceso a las cosechas tuvo un impacto en nuestro esqueleto porque es más ligero y más frágil.

Un estudio determinó que el tejido óseo trabecular, que es tejido esponjoso que se encuentra al final de los huesos largos como el fémur, ha reducido su densidad y volumen. Los investigadores especulan que los humanos no necesitaban esqueletos tan duros cuando disminuyó la cacería nómada.

"Nuestro estudio demostró que los humanos modernos tienen menos densidad ósea que la registrada en otras especies afines, y no importa si miramos a los huesos de personas que vivieron en una sociedad industrial o una población agrícola que tuvieron una vida más activa", dijo el profesor de antropología biológica Habiba Chirchir.

ADN incansable

La selección natural es un proceso que ocurre en todas las especies y sigue ocurriendo en los humanos.

Joshua Akey, profesor de la Universidad de Princeton, cree los humanos todavía debe sortear enormes desafíos como los patógenos, que existen y ha existido a través de la historia de la humanidad.

Pero el ambiente ha cambiado de manera drástica y eso también tiene un impacto genético. No es difícil imaginar que, en el futuro de la evolución humana, la cultura juegue un papel aún más dominante en las continuas modificaciones adaptativas de los genes.

Para explicar esta influencia de la cultura en las modificaciones de nuestro ADN, Akey habla de una particular mutación genética en el gen FADS2. La dieta vegetariana consumida durante generaciones por los habitantes de la región de Pune, en India, ha mostrado una mayor frecuencia en la mutación del gen FADS2.

Esta mutación les permite procesar de manera más eficiente los ácidos grados omega-3 y omega-6 que consumen de alimentos que no son de origen animal y convertirlos en componentes esenciales para la salud de su cerebro.

Las personas que tienen antepasados en otras zonas donde la dieta es omnívora no necesariamente están adaptados para que su organismo funcione de manera tan eficiente con una alimentación exclusivamente vegetariana.