Cuando los secretos se emiten por radio

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Cuando los secretos se emiten por radio. (Photo: Getty Images)
Cuando los secretos se emiten por radio. (Photo: Getty Images)

Desde hace siglos los peregrinos que realizan la ruta Xacobea se intercambian un peculiar saludo. Algunos dicen un lacónico “ultreia” mientras que otros lo dilatan un poco más hasta un “ultreia et suseia”.

Un mensaje de tintes latinos que para algunos, los no iniciados, puede resultar secreto o hermético, pero que significa “adelante” y “vamos, más arriba”, respectivamente.

Al parecer este saludo aparece ya recogido en el Codex Calixtinus y tiene su origen en la Edad Media, un tiempo en el que lo utilizaron los peregrinos germánicos de origen flamenco y los cruzados.

Los mensajes secretos en el ámbito militar, y más en periodos de guerra, son indispensables para coordinar las acciones y transmitir órdenes sensibles que puedan balancear el resultado hacia uno u otro lado. La clave está en saber ocultar adecuadamente los datos en el canal.

Por cierto, secreto procede etimológicamente del latín secretus, el participio del verbo secernere, que quiere decir “poner aparte”. Y es que en sus orígenes los secretos se tenían que poner aparte para que no se pudieran ver. Bueno… ni oír… ¿o eso sí?

Los versos secretos de Paul Verlaine

Durante la Segunda Guerra Mundial una de las radios más oídas por la población francesa era la BBC. A los alemanes no les pasó inadvertido que entre unos programas y otros se transmitiesen locuciones aparentemente inconexas del tipo “Juan le desea a su sobrino una pronta recuperación” o “los niños exploradores saludan a José en el día de su cumpleaños”. Evidentemente, se trataba de mensajes encriptados.

La resistencia civil escuchaba con cierta ansiedad la radio esperando oír algún mensaje, previamente acordado, que indicase que cierto agente había llegado a su destino sano y salvo o en el que se daba la orden de atentar contra un objetivo militar alemán.

Cuando se acercaba el día “D” —desembarco de Normandía— los aliados comprendieron que era importante utilizar la BBC para preparar la logística del desembarco. En este caso se acordó transmitir el comienzo de una de las poesías de Paul Verlaine, el poeta maldito francés. Formaban parte de su llamada Canción de otoño y habían sido escritos en plena juventud —con tan sólo veintidós años— al llegar a la capital del Sena.

Lo que no sabían los ingleses es que algunos agentes alemanes infiltrados en la resistencia francesa también conocían esa señal, con lo que la Operación Overlord podía irse al traste. El primer mensaje se emitió el día 1 de junio de 1944, era el primer verso: “Los largos sollozos de los violines de otoño”. Cuatro días después llegó el segundo: “Hieren mi corazón con una monótona languidez”.

Ese día, el 5 de junio, el general Erwin Rommel, en el que había confiado Adolf Hitler la supervisión y coordinación de la defensa Atlántica, había decidido regresar a Alemania y celebrar el cumpleaños de su esposa Lucia Maria Mollin al día siguiente. Sin duda alguna, una feliz coincidencia.

Esperando una canción de Bing Crosby

Saltamos en el tiempo y nos vamos al 30 de abril del año 1975. La guerra de Vietnam está tocando a su fin y es preciso evacuar las tropas americanas de Saigon. Fue la llamada Operation Frequent Wind, la mayor evacuación en helicóptero de toda la Historia.

El jefe militar norteamericano que coordinó la operación decidió anunciar, también, el “secreto de la retirada a voces”. Se estableció que cuando la American Radio Service anunciara que la temperatura local era de “ciento cinco grados Fahrenheit y subiendo” y a continuación sonara la canción I`m dreaming of a White Christmas de Bing Crosby había llegado el momento de la evacuación.

El personal advertido debería dirigirse, de forma inmediata, a alguno de los catorce puntos de la ciudad, fijados previamente, en donde los helicópteros norteamericanos acudirían prestos a rescatarlos. Se debía de actuar con enorme celeridad para escapar del fuego vietnamita. Todavía hoy en día, en el país de las barras y las estrellas, se recuerda el 30 de abril como “el día más triste”.

Pues eso, que yo me quedo con nuestro ultreia et suseia, que de secreto tiene poco.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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