El nuevo Carlos Sobera no nos gusta tanto (ha perdido su ternura)

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Eso de que los cambios son siempre buenos no es algo que aplique a todo y todos. En las últimas semanas me cuesta reconocer al Carlos Sobera que presenta Secret Story, y no porque lo haga mal, como profesional no tiene pegas, sino porque no es el mismo. Gran parte de su magia y encanto frente a las cámaras se ha esfumado al interpretar un papel muy de show televisivo que, a mi modo de ver, le resta más que le suma. Si me das a elegir, me quedo con el Carlos de siempre, el que no necesita recurrir a las bromas forzadas ni comentarios incómodos para brillar.

Desde que a Carlos Sobera se le diera la oportunidad de ejercer como parte del trío de presentadores de los realities de la casa, he de decir que lo ha bordado. No era fácil entrar en un mundo donde ya otros, tales como Jorge Javier Vázquez o Jordi González, estaban posicionados. Sinceramente, al principio dudé que un perfil tan blanco como el suyo pudiera encajar en este mundillo a veces de tan mal rollo y broncas constantes. Pues me equivoqué. Carlos llegó para quedarse y aportar eso que los demás no tenían: candidez y ternura, además de su peculiar sentido del humor. 

Muy a mi pesar y al de muchos espectadores que así lo han dejado saber en las redes, la cosa ha dado un giro de 180 grados. Aquella alma cándida que daba el toque amoroso a este mundo a veces de fieras empieza a ser más de lo mismo, es decir, pullas incómodas, indirectas que hacen pupa y bromas, en ocasiones, no de muy buen gusto. No tenemos que ir muy lejos para demostrar que Carlos se ha pasado a la otra acera, la de la picardía barata, los zascas y cortes en seco. Si nos remitimos al programa de este martes encontramos todas las evidencias de esa transformación que no ha sido precisamente muy bien acogida por el público soberano. Sus gestos, sus preguntas y sus insinuaciones rozan lo que no se debería hacer.

En la gala llamó especialmente la atención su falta de tacto con algunos de los participantes, más nerviosos que nunca no solo por la tensión en la casa sino por lo cerca que ya están de la final. Cada vez discuten, lloran y sufren más fruto de casi tres meses incomunicados. El encierro empieza a pasarles factura y más que golpes bajos, necesitan un poquito de empatía y cariño, incluso si en alguna ocasión no se la merecen del todo. Pero Carlos no se lo está poniendo precisamente fácil. Este martes la cogió especialmente con Luca, a quien de forma muy indirecta le dio a entender en más de una ocasión que el amor por Cristina brilla por su ausencia. Tanto, que hasta el italiano tuvo que intervenir y ponerle los puntos sobre las íes, eso sí, siempre con educación. La primera pullita del presentador al mayor de los Onestini fue cuando le dijo que le parecía "curioso" que le hubiese dicho a su amiga especial que estuviera exagerando en uno de sus enfados. Cristina está estresada por la nominación y se mosquea por todo, así que Luca le aconsejó bajar un poco la marcha por su propio bien, sin ninguna otra intención. Al hermano de Gianmarco esto no le hizo mucha gracia y se defendió molesto. La sangre no llegó al río, pero Carlos siguió erre que erre.

En la publicidad Cristina se fue de la sala para coger aire, así que Carlos entró al ataque. "Bueno, bueno, bueno, bueno... Cómo está el tema en la casa en este momento, Cristina se ha ido al baño pero Luca no ha ido a buscar a Cristina, mi pronóstico del tiempo, se avecina tormenta". La conexión con la periodista fue inmediata y Carlos le lanzó la pregunta directamente. Más allá de sus peleas con Adara y su nominación: "¿Hay algo más que te ronda la cabeza porque no te sientes apoyada por Luca?", le preguntó. Estos dos intentos del presentador de no dejar precisamente bien al italiano no se entendió ni en redes ni en plató, sobre todo viendo el trato a veces de desprecio que tiene Cristina con él y que ella misma reconoció diciendo que "lo paga con él". A pesar de sus rabietas de niña mimada, él no cesa en ir a buscarla, esperarla dos horas tirado en el suelo mientras ella llora en el baño y abrazarla incluyo cuando la nominada le echa de su lado. 

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El cabreo de Luca no se hizo esperar y ahí es que salió ese Carlos que nos gusta menos. Lejos de explicarle las cosas, usó ese humor negro cada vez más habitual en él. "A ver Luca, no te mosquees conmigo", le dijo. Carlos siguió encendiendo la mecha, era como si quisiera sacar de quicio a Luca, siempre cauteloso y comedido. Visto desde fuera parecía que había que sacarle de sus casillas. Y vaya si lo consiguió. Al salir Miguel Frigenti de la lista de nominados, quedaban Cristina y Adara en la palestra. Ahí fue que Carlos le dijo a Luca que podría perder a su chica. "Siempre digo que incluso si existe el peligro de que desaparezca, la persona puede quedarse en el corazón, que es lo más importante. Y ahí se queda", respondió romántico el italiano. Una frase que Sobera se cargó en milésimas de segundo con un comentario que sonó más a burla. "Bueno Cristina, quédate con esto. Es lo más parecido a una declaración de amor lo que te ha hecho Luca en las once semanas que llevamos en el certamen", soltó sin cortarse un pelo. 

Aquello fue una bomba, las caras de todos eran un poema, la de Luca más, quien, por primera vez se atrevió a hacerle cara a Carlos: "Hoy quiere pintarme como si no me importara. Pues seguimos con este rol: que yo he sufrido, que no me importa, que te trato mal, que llores y me río … tenemos que pasar por esto esta noche. No lo creo, Carlos", dijo desanimado. Un enfado que prosiguió después de la gala en una conversación con Cristina en la que mostró su malestar con el presentador.

Carlos se equivocó esa noche. Tanto él como los espectadores escuchamos a Daniel, de Gemeliers, llamar payasa a Adara con todas las de la ley y eso pasó desapercibido. ¿No es que los insultos no están permitidos? Si bien el presentador dijo que se evitaran esas faltas de respeto, fue al final y por encima, dejándolo pasar bastante por alto. Eso sí, tiempo para picar a Luca hubo durante las casi 4 horas de gala. Onestini nos podrá gustar o no, pero siendo objetiva, siento que no se merecía las aparentes humillaciones.

Las redes, como era de esperar, se le echaron encima al presentador de First dates, que no podían creer ese ensañamiento con alguien que precisamente es lo más normal y coherente del reality. Pero Carlos, que estaba muy gracioso esa noche, siguió hablando en un italiano inventado y haciendo gracietas que, para mí, tenían de todo menos gracia. Te creas o no a la pareja, eres el presentador, no un juez. Una vez, vale, dos se aceptan, pero toda la noche igual fue cargante e incómodo.

Luca no fue el único concursante que le plantó cara a Carlos por sus comentarios e indirectas. Frigenti fue el siguiente en dejarle claro las cosas. El ser el presentador no le da derecho a decir lo que se le antoje y mucho menos cuando estás en un reality donde lo que tú digas como autoridad puede afectar al otro. Puedes opinar, pero no queda bien sentenciar y, mucho menos, generar dudas. Con el colaborador de Sálvame la cosa vino por su acercamiento en los últimos días a Cristina, la que pasó de ser su amiga a su enemiga número uno tras su repesca y unión a Adara. Esta semana, viendo que su compañera estaba sufriendo por su nominación tuvieron un par de momentos cómplices, se llama empatía. Pues Carlos también se la tiró. "Miguel, intentaste acercarte a Cristina. ¿Estás preparando el terreno en caso de que expulsen a Adara?", le preguntó. Una pregunta que suena a tener muy mala baba que hizo de todo menos gracia a su destinatario. "No tengo que preparar ningún terreno para nada. Soy quien soy, y déjame decirte, Carlos, esa pregunta me ofende", le contestó.

Menuda noche de zascas. Se nota que como tampoco el programa daba para mucho más por el agotamiento de sus participantes y la cercanía de la final hay que sacar de donde no hay. Pero creo que no es excusa para ciertas escenas. El programa es el primero que cuando entra alguna visita en la casa prohíbe que se cuenten cosas de fuera, pero con estas insinuaciones se está haciendo lo mismo. O mucho peor, se dejan en duda cosas que ellos, ajenos a todo, le van a dar mil vueltas. No es necesario, ni justo.

Carlos ha aprendido muy bien la lección. Puestos a opinar, en los realities de Mediaset no parece que valga eso de ser blando y demasiado oso amoroso, así que hay que subirse al carro del espectáculo. Es lo que hay para seguir en auge y en primera línea. Y así parece haberlo hecho Sobera. Seguro que para la cadena Carlos ha aprobado con sobresaliente, pero para mí ha perdido puntos.

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