¿Se va a convertir Suecia, el gran reducto del Estado del Bienestar, en un país en el que gobierna la extrema derecha?

Las elecciones se han planteado prácticamente como un plebiscito en el que los suecos deben elegir entre el Estado de Bienestar que se lleva construyendo desde hace décadas o las incógnitas que plantea la llegada al poder de la extrema derecha. Y las encuestas de momento apuestan por la segunda opción. Al igual que en otros países europeos como Francia, Hungría, Austria, Holanda o Italia los pensamientos xenófobos y eurófobos ganan terreno y pueden gobernar en Estocolmo.

Los últimos sondeos apuntan a que Jimmie Akesson (24,6% de los votos), líder del ultraderechista partido Demócratas desbancaría del Gobierno al actual primer ministro Stefan Lofven (19,8%). El modelo nórdico, tan admirado en el mundo entero, podría resquebrajarse.

Jimmie Akesson, líder de los Demócratas (AFP).
Jimmie Akesson, líder de los Demócratas (AFP).

Lo que hasta hace no mucho podía parecer una quimera ahora tiene una base sólida. El partido nació hace tres décadas y ha ido creciendo en cada comicio. En 2014 ya obtuvieron un alarmante 12% de los votos y 49 escaños, pero hasta ahora el resto de formaciones se negaban a pactar con ella. Eso ha cambiado y los conservadores en esta ocasión no cierran la puerta a un pacto que podría llevarles al poder.

Su auge se ha producido por dos motivos fundamentales. En primer lugar su discurso en contra de la inmigración ha calado en la población. Cuando se produjo la gran crisis de los refugiados, Suecia fue uno de los países que dieron ejemplo y acogió a 165.000 personas con unas condiciones muy buenas. La mayoría de los que cruzaban el Mediterráneo tenían como destino final o el país escandinavo o Alemania.

Sin embargo, el empuje de los Demócratas ha sido imparable y el Gobierno ha pasado de acoger a todos los que llegaban a aprobar una ley que solo concedía permisos temporales, entorpecía la reagrupación familiar e instauraba controles fronterizos provisionales. Unas medidas, en contra de las políticas que había hecho hasta ahora, que han terminado de condenarle.

Y es que la extrema derecha ahora se vanagloria de que tenía razón desde el principio en poner freno a la llegada de inmigrantes, mientras que los partidarios del Ejecutivo se muestran decepcionados con ese cambio de rumbo y esa renuncia a sus postulados.

El primer ministro sueco Stefan Lofven (EFE).
El primer ministro sueco Stefan Lofven (EFE).

Otro factor importante que está alterando los comicios es la delincuencia. La seguridad es un tema que preocupa en la sociedad y se han multiplicado en los dos últimos años los tiroteos que se producen en las calles, la mayor parte de ellos vinculados a bandas que se dedican al narcotráfico y a la prostitución. Los Demócratas han utilizado este tema como un arma arrojadiza hacia el Gobierno y precisamente por eso lideran las encuestas. En la campaña se está hablando de los temas que ellos quieren y no del discurso tradicional de los países nórdicos: salud, educación, derechos sociales…

La llegada de los ultraderechistas al poder también puede tener otro efecto no deseado: la salida de Suecia de la Unión Europea. El partido se ha mostrado siempre en contra de las organizaciones supranacionales y han denominado a la comunidad como “corrupta”. Pese a que a priori los suecos apuestan por estar en la UE, Akesson ya ha defendido la realización de un referéndum sobre la permanencia, por lo que podemos estar hablando de un posible Swexit.

Las cartas están sobre la mesa y ahora la decisión queda en manos de los 7 millones de suecos llamados a las urnas. El resultado puede hacer que uno de los grandes ejemplos de Estado del Bienestar caiga en las garras del fanatismo.