¿Se transmite el Alzhéimer?

Un estudio publicado en Nature aviva la controvertida hipótesis del Alzhéimer transmisible | imagen Pixabay

Durante las últimas décadas el origen del Alzhéimer se ha convertido en uno de los debates científicos más apasionantes de la biología y medicina modernas. De hecho, deberíamos matizar que ni siquiera asistimos realmente a un debate sino que aún estamos en una fase de búsqueda abierta en la que todo parece apuntar a múltiples factores. No es un problema con una sola solución y todavía no sabemos qué elementos y mecanismos, genéticos o ambientales, conforman el origen de esta enfermedad.

Para enredar la madeja un poco más, esta semana la revista Nature ha publicado un editorial titulado “la teoría del Alzhéimer transmisible gana terreno” donde se hacen eco de un controvertido estudio realizado en ratones que afirma que, bajo determinadas y muy precisas circunstancias, las proteínas Beta-amiloides implicadas en el Alzhéimer pueden llegar a transmitirse.

Para comprender mejor el apasionante problema del origen del Alzhéimer y las posibles implicaciones de este nuevo estudio, contactamos con dos expertos en el tema: César Tomé, divulgador científico y experto en el campo de la neurociencia y el doctor Javier S. Burgos, Director Gerente del Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital La Fe de Valencia.

Infografía del estudio publicado con inoculación de Beta-Amiloide a ratones doblemente mutados | imagen Silvia A. Purro, Mark A. Farrow, et al.

En primer lugar debemos reconocer que la neurociencia actual todavía no ha encontrado una respuesta contundente sobre el origen del Alzhéimer. Pero sabemos cosas importantes como que la acumulación en el cerebro de algunos compuestos, como las proteínas Beta-amiloides y las proteínas Tau, tiene implicaciones importantes en el desarrollo de la enfermedad. Pero no es tan simple porque “la mera deposición de amiloide en el cerebro no equivale a tener alzhéimer, es una condición necesaria pero no suficiente”, explica el doctor Burgos, “ni siquiera la deposición de amiloide supone directamente deterioro cognitivo”.

En los cerebros de personas con Alzhéimer se han encontrado estas acumulaciones de proteínas, sin embargo la existencia de estos depósitos no siempre desencadena automáticamente la enfermedad. El ejemplo más curioso lo encontramos en un original estudio realizado en la década de los ’80 en el conocido “estudio de las monjas”. David Snowdon, profesor de neurología en la Universidad de Kentucky realizó un análisis revelador con un grupo de 678 religiosas católicas del convento de las Hermanas de Notre Dame. En este estudio, el neurólogo encontró que muchas monjas poseían abundantes depósitos de amiloides pero no habían desarrollado la enfermedad.

Aquel estudio con monjas nos demostró que la acumulación de estas proteínas en el cerebro parece ser necesaria, pero no es suficiente para desencadenar Alzhéimer. Existe un amplio abanico de factores que pueden influir, desde una situación económica y sanitaria estable, realizar una alimentación saludable o llevar a cabo un ejercicio moderado con frecuencia.

Portada de la Revista Time sobre los estudios sobre Alzhéimer realizados con monjas de clausura

El estudio publicado esta semana en Nature ha suscitado una gran expectación porque, en opinión de algunos expertos como Alison Abbot, autora del editorial, supone un apoyo a las teorías del Alzhéimer transmisible.

¿En qué consiste este estudio científico?

Para explicarlo de manera sencilla diremos que investigadores del Instituto de Enfermedades Priónicas de Londres han realizado un estudio con ratones mutados en el que inoculaban proteínas Beta-amiloides, extraídas de hormonas de crecimiento que se utilizaban hace unas décadas y que contenían péptido amiloide β. En comparación con el grupo de control, al que no inyectaron nada, los cerebros de los ratones inoculados desarrollaron más placas beta-amiloides.

¿Qué implicaciones tienen estos resultados?

Pocas, muy pocas. En primer lugar hay que dejar muy claro que transmisible no significa contagioso. Son conceptos diferentes y aunque conocemos algunas enfermedades neurológicas que sí son contagiosas, como por ejemplo la encefalopatía espongiforme bovina, también conocida como “el mal de las vacas locas”, no obstante: no existe ninguna evidencia de que el Alzhéimer tenga un mecanismo priónico que permita su contagio.

Además, apenas hay posibilidades de que una proteína depositada en el cerebro de una persona pueda entrar en contacto por vía intravenosa con otra. Los riesgos de transmisión, en todo caso, se limitarían a casos improbables de ciertos procedimientos médicos y quirúrgicos con un riesgo mínimo de transmisión de tales proteínas entre los seres humanos.

Esto quiere decir que el único caso que podría representar un peligro de transmisión de proteínas beta-amiloides sería entrar en contacto vía intravenosa con algún instrumento quirúrgico que previamente haya operado, bien por incisión o por fosas nasales, el cerebro de una persona con Alzhéimer… el riesgo es casi nulo.

Críticas al estudio

El trabajo publicado tampoco está exento de críticas y observaciones sobre su metodología. “La inoculación de los lotes contaminados con Ab fue realizada por inyección intracerebral. Es muy difícil extrapolar a humanos esta vía de contaminación, que difícilmente se va a dar. Deberían haber analizado la inoculación sanguínea para probar la hipótesis” aclara el doctor Burgos que también añade otra puntualización: “Los ratones utilizados en el estudio son dobles mutantes de APP (proteína precursora del amiloide), con las mutaciones Swedish e Iberian. Son modelos genéticos muy forzados, donde además depositan amiloide de forma natural a partir de los 6 meses y sin necesidad de añadidos externos”

Por su parte, César Tomé añade otros problemas a las conclusiones del trabajo. En primer lugar es un estudio realizado en ratones y no se pueden hacer extensivas a seres humanos. Además el estudio solo aporta indicios, está basado en fenomenología y no explica ningún mecanismo priónico de transmisión.

En resumen, la búsqueda del origen del Alzhéimer sigue su curso y aunque es positivo que se estudien todas las posibilidades, hay que tener mucho cuidado con los titulares del tipo “el Alzhéimer es transmisible” porque pueden llevar a demasiados equívocos y malentendidos. Los estudios que aparecen (y seguirán apareciendo) se deben analizar en conjunto, sin perder de vista todos los obstáculos, métodos utilizados y aplicación a seres humanos.

Referencias científicas y más información:

Alison Abbott “Transmissible Alzheimer’s theory gains traction” Nature (2018) DOI:10.1038/d41586-018-07735-w

Tien-Phat V. Huynh & David M. Holtzman “Amyloid-β ‘seeds’ in old vials of growth hormone” Nature 564, 354-355 (2018) DOI: 10.1038/d41586-018-07604-6

Silvia A. Purro, Mark A. Farrow, et al. “Transmission of amyloid-β protein pathology from cadaveric pituitary growth hormone” Nature (2018) DOI: 10.1038/s41586-018-0790-y

Alison Abbott “The red-hot debate about transmissible Alzheimer’s” Nature (2016) DOI:10.1038/531294a