Se busca al paralítico que atropelló a la octogenaria Dolores con su silla de ruedas

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Los hechos ocurrieron en un ascensor del hospital Virgen del Rocío de Sevilla en el mes de noviembre. La víctima padece problemas de movilidad desde que la arrollaron: pelvis y un dedo roto, además de magulladuras y hematomas. “Me duele con locura”

Dolores Flores, la octogenaria atropellada en un ascensor del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Foto Fernando Ruso
Dolores Flores, la octogenaria atropellada en un ascensor del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Foto Fernando Ruso

“Después de la caída, mire usted, yo no me encuentro bien. Me duele con locura”. A Dolores la vida le ha dado un revés a los 80 años y de la forma más absurda. Un hombre paralítico le embistió por detrás en el acceso a un ascensor del hospital Virgen del Rocío de Sevilla. El atropello le ha dejado consecuencias en su movilidad y la pelvis rota. Duerme con “unos dolores de locura” y con una almohada entre las piernas para mitigarlos. Ahora su familia busca al autor de los hechos, que se dio a la fuga sin atender a la anciana.

Dolores narra lo ocurrido con un hilo de voz que va menguando conforma avanza su relato. Sabe que lo que ella cuente será determinante para que quienes estuvieron presentes en el arrollamiento puedan ofrecer su ayuda para esclarecer los hechos. Por eso hace el esfuerzo pese al dolor con el que, meses después, sigue batallando.

“No puedo ni dormir. Me duele con locura la rodilla al dejar el peso caer sobre el lado izquierdo. Tampoco puedo estar sentada, porque me duele la espalda y me tengo que levantar”, explica la octogenaria echándose la mano a la zona lumbar.

Los hechos, narra, ocurrieron así. El día 6 de noviembre Dolores, de apellido Flores, acudió con su marido, cuatro años mayor que ella, al hospital. Llevaban tres años acudiendo dos veces en semana para realizarle unas curas. “Mi marido tiene una enfermedad grave”, cuenta la anciana con voz solemne y un discurso pausado. “Tiene una fístula en el estómago”, detalla. De ahí que sus visitas al centro hospitalario sean recurrentes. “Epidemiólogos, cirujano, enfermería, analítica, TAC, oncología…”, enumera con hastío.

Ese día no iban solos. Su hijo menor —tienen tres, dos varones y una mujer— acompañaba a la pareja de octogenarios. Como siempre, ellos se quedaban en la puerta del edificio de consultas externas y su hijo se iba a busca aparcamiento. “Me dijo: ‘Quedaos quietecitos hasta que yo vuelva’; pero no encontró aparcamiento y me llamó para que, con cuidadito, fuésemos subiendo a la consulta”, recuerda Dolores con claridad.

Paco, el hijo de Dolores, mostrando una foto de sus padres antes del accidente. Foto Fernando Ruso
Paco, el hijo de Dolores, mostrando una foto de sus padres antes del accidente. Foto Fernando Ruso

Como cada día, ambos recorrieron juntos la distancia entre la entrada y la puerta del ascensor, uno de esos enormes en los que caben las camas del hospital. Él iba agarrado del brazo izquierdo de su esposa. Se mueve lento y con torpeza, pero ambos se las apañaban bien para llegar a su cita de las 11.30.

“El tránsito de esos ascensores es brutal y lo normal es que la gente deje salir para después entrar, pero el tiempo en el que el ascensor tiene las puertas es escasos y es muy posible que te quedes fuera”, explica Paco, el hijo de Dolores. “Si no te andas listo puedes perder el ascensor hasta en varias ocasiones. Y, claro, mi padre se mueve muy lento y con torpeza, siempre agarrado al brazo de mi madre”.

“Se ve que, con el afán de entrar —sigue narrando Paco—, este señor arrolló a mi madre. Se la llevó por delante”.

Cuenta Dolores que ella no recuerda la caída, que la silla de ruedas le vino por detrás y que solo sabe que acabó en el suelo, con medio cuerpo en el interior del ascensor y el otro medio fuera. Notó un fuerte golpe en la espalda con el escalón que queda entre la cabina y el suelo. Fue rápido. No se acuerda de mucho más, solo de las voces.

“Yo no vi a este señor, me entró por detrás. Me pegó muy fuerte y caí. Por suerte, mi marido iba a mi izquierda y no se lo llevó a él”, asegura Dolores.

Atropello con ensañamiento

“El problema no fue el topetazo. Lo peor es que este señor insistía en entrar. Una y otra vez, una y otra vez hasta que la gente que estaba allí empezó a recriminarle. Incluso a apagarle el carro”, asegura el hijo.

—¿Pero de una forma consciente?

—[Dolores]. Mire usted, había un señor dentro del ascensor. No lo vi, pero recuerdo su voz. Le decía ‘Hostia, que no le des más, que le estás pasando la rueda por el pie. ¡No le dé mas! ¿No ve que la está arrollando?’. Me quitó el zapato. Sentía que la rueda pasaba por encima.

La zona se convirtió en un hervidero de testigos que afeaban el comportamiento del paralítico. Llegaron incluso a pararle la silla de ruedas. Llegaban curiosos alertados por los gritos de Dolores y de otros tantos que ya pedían ayuda a los sanitarios. De inmediato, un celador llegó para sacar a la anciana del ascensor.

“Mi marido lloraba y lloraba recriminándole al paralítico. ‘¿Qué le ha hecho usted a mi mujer? ¿Qué le ha hecho usted a mi mujer? Yo estaba mareada y apoyé mi cabeza sobre el pecho del celador. Iba sin fuerzas, sentía que me iba a caer”, recuerda Dolores.

Entretanto, y según el testimonio de Dolores, el autor del atropello aprovechó para quitarse de en medio.

Dolores padece fuertes dolores de rodilla desde el atropello. Foto Fernando Ruso
Dolores padece fuertes dolores de rodilla desde el atropello. Foto Fernando Ruso

“Podemos entender que alguien se ponga nervioso y se vaya, pero luego la gente recapacita. Hay que dar la cara”, valora Paco, el hijo.

—Pero, Paco, ¿piensan que el atropello fue de forma consciente?

—Eso solo lo sabe él. ¿Lo hizo porque no controlaba la silla? ¿Porque se puso nervioso? ¿Porque quería pasar sí o sí? Hombre, una persona que hace eso y aprovecha el tumulto para darse a la fuga, sin siquiera preocuparse por la persona mayor a la que acababa de atropellar… Nadie pensó que se quitaría de en medio. Es de una indignidad, de una maldad… Eso no se hace.

Dos días después de los hechos, la propia Dolores fue a poner la denuncia ante la Policía Nacional de Sevilla. De momento solo sabe que no han podido localizar al autor. Algo que la familia no entiende, al haber una cámara justo en la zona en la que se produjo el atropello. “Es un señor en silla de ruedas, imagino que iría allí a recibir asistencia o a una consulta médica —razona el hijo—; no creemos que sea tan difícil conseguir localizarlo”.

Un hombre de 70 años, grueso y en silla de ruedas

El caso ha llegado a manos del abogado sevillano Fernando Osuna, que ha llevado el asunto a los medios para pedir colaboración ciudadana. Por ahora solo se conocen los datos que Dolores ha aportado: un hombre de unos 70 años, grueso, con la nariz grande y en una silla de ruedas eléctrica.

—Dolores, si lo ve ¿lo reconoce?

—Sí, creo que sí.

Explica el abogado que el autor de los hechos “debió pensar que había actuado de modo delictivo y para evitar la acción de la justicia se evadió del lugar del atropello”. “El Código Penal castiga estos hechos como constitutivos de un delito de lesiones imprudentes o intencionadas con penas privativas de libertad, además de las indemnizaciones que tendrá que pagar el discapacitado a la anciana”, asegura Osuna.

Dolores y su hijo Paco. Foto Fernando Ruso
Dolores y su hijo Paco. Foto Fernando Ruso

“Es importante comprobar si, tras el primer impacto con el carrito a la anciana, los demás golpes fueron imprudentes, por no poder controlar al vehículo, o fueron fruto del estado de ofuscación que tuvo el agresor al ver que se hallaba en una situación comprometida”, afirma el abogado.

“Es grave lo que ocurrió al final, el ocupante de la silla de ruedas huyó del lugar, dejando a la anciana tirada en el suelo y en un estado lamentable, desentendiéndose del daño que había realizado. Es censurable este tipo de conductas”, zanja Osuna.

En cualquier caso, el abogado explica que más allá de las imágenes que hubiesen podido captar la cámara situada en la zona, existen vías de investigación para localizar al autor del atropello. “Hay listas de pacientes, porque este señor iría allí a recibir atención o a una consulta. Por eso le pedimos al juez que ponga a nuestra disposición la lista de pacientes, ya que en este caso no hay leyes de protección de datos que medien”, afirma el abogado, que, llegado el caso, se plantea recurrir a un detective privado.

Mientras, la familia no pierde la esperanza de que alguien aporte información. “O que él mismo, si tiene conciencia, se identifique. Podemos entender que alguien se ponga nervioso y se vaya, pero luego la gente recapacita. Hay que dar la cara”, insiste Paco.

“Esto a mi madre le ha afectado mucho y de dos formas diferentes: físicamente, porque ella estaba bien, siempre ha tenido mucha vitalidad y mucha fuerza; y psicológicamente, porque no lo lleva bien. Todos los días piensa en el atropello”, lamenta uno de sus hijos.

Dolores, entretanto, repite lo mismo una y otra vez: “Yo estaba bien, pero ahora me flaquean las piernas”.

Dolores Flores asegura que antes del accidente gozaba de un buen estado de salud. Foto Fernando Ruso
Dolores Flores asegura que antes del accidente gozaba de un buen estado de salud. Foto Fernando Ruso
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