'Señales' nunca fue sobre los extraterrestres

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Photo credit: Disney
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Si la religión es el opio del pueblo, M. Night Shyamalan decidió que él quería ser el camello que lo distribuyera por todo el mundo. El precio de la dosis sería el de una entrada de cine. La película, ‘Señales’, un apocalipsis intimista que mezclaba un relato de extraterrestres con un tratado sobre la fe. “Es como si una cadena de televisión cristiana se hubiera fusionado con el canal Sci-Fi”, resumía el crítico Peter Rainer en el New York Magazine.

Ahora que acaba de cumplir 20 años, podemos decir que ’Señales’ es una de las cimas de la zigzagueante carrera de Shyamalan. La capacidad del director, por aquel entonces aún joven, para jugar con la tensión, mezclar tonos, controlar la emoción y economizar los recursos narrativos hacen de su quinto largometraje una rara joya de la ciencia ficción y un emotivo drama familiar. Las interpretaciones del reparto, compuesto por Mel Gibson, Joaquin Phoenix, Cherry Jones y los pequeños Rory Culkin y Abigail Breslin, son absolutamente perfectas. La bella y épica música de James Newton Howard, con esos violines atmosféricos como protagonistas, está entre sus mejores trabajos (y podría estar entre las mejores bandas sonoras de la historia). Tiene tantas escenas memorables que es difícil elegir solo una: la familia unida sobre el coche escuchando a los extraterrestres a través de un monitor, el avistamiento en el cumpleaños, la última cena, el enfrentamiento final…

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Una película inspiradora y optimista tras el 11-S

Y sin embargo, también supuso el principio del fin del idilio del gran público con Shyamalan. Después del bombazo comercial que fue ‘El sexto sentido’ y una incomprendida ‘El protegido’ que necesitaría años para encontrar su reconocimiento, ‘Señales’ terminó de posicionar al director de Filadelfia como “el pesado de los giros de guion finales con sorpresa”, y también como un autor cuyas películas provocaban opiniones opuestas. Pero sobre todo es un cuentista en una época en la que pocos queremos que nos cuenten cuentos (algo que él mismo explicitaría en el prólogo de ‘La joven del agua’, su película más vapuleada, rechazada e infravalorada, pero de eso ya hablaremos en otro momento).

‘Señales’ surgió de la intención de Shyamalan de hacer una película inspiradora y optimista. El director salía de una época de desasosiego y oscuridad, sentimientos que primero imprimió en ‘El protegido’ y después se multiplicaron al ver la tibia acogida que esta obtuvo. Entonces, un día estaba en un restaurante y miró a su alrededor. “Vi a una familia que estaba comiendo en silencio. Vi a una pareja comiendo en silencio”, contó en una entrevista con The Ringer en 2020. “Estaba pensando que podía hacer películas tristes y estaría siendo honesto. Pero miraba a esas personas, y sabía que iban a venir a ver mis películas, y quise hacer que se sintieran mejor. Así que llamé a Disney y les dije: ‘Quiero hacer una película que sea feliz, y que no tenga esa mirada triste’. Puede tener mucho conflicto, pero la voz, el punto de vista, quería que fuera inspirador e incluso infantil. Y así es como nació ‘Señales’”.

Aunque pueda parecer lo contrario, la necesidad de hacer una película esperanzadora no tenía nada que ver en un principio con los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Estrenada casi un año después, las retransmisiones televisivas de la invasión de ‘Señales’ se han visto como una representación alegórica de aquellas icónicas imágenes de la caída de las Torres Gemelas. Pero en realidad, el rodaje de la película empezó justo dos días después del 11-S, y el guion, que estaba escrito años antes, se respetó casi al pie de la letra durante la producción. Rodarla tras un evento trágico y de tal calado histórico no fue más que una casualidad (aunque, como se pregunta la propia película, ¿existen las casualidades?).

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Lo que sí influyó en ella fue cierto espíritu de fragilidad y comunión que atravesaba a la sociedad estadounidense en los meses posteriores a los ataques. Lo primero que se rodó fue el flashback en el que Graham llega a la escena del accidente y se despide de su esposa antes de morir. El equipo se hizo una foto justo antes de la primera toma en la que aparecen portando velas. “Fue un momento súper emocionante para todos”, ha confesado Shyamalan. “Creo que parte de la espiritualidad de la película venía del momento que vivíamos entonces. Todos nos sentíamos vulnerables y agradecidos de estar juntos, de que nuestros seres queridos estuvieran bien, y nos sentíamos afortunados a muchos niveles, azarosamente afortunados”.

Casualmente o no, ‘Señales’ cuenta la historia de una transformación mundial, un acontecimiento violento y trágico que cambia a la sociedad como lo hizo el 11-S. La película empieza y termina con la misma imagen del jardín trasero de los Graham, que Shyamalan ha descrito como una postal de Norman Rockwell, el artista conocido por sus paisajes rurales: “Es un jardín trasero con columpio, con el trigo, y todo es perfecto, el ideal estadounidense. Y al final de la película, el ideal estadounidense ha cambiado un poco porque el cristal se ha roto, pero sigue siendo bonito”.

La historia de un hombre que recobra la fe

A pesar de que muchos la recuerdan como una película de extraterrestres, lo que cuenta en realidad es la crisis de fe de un sacerdote que tras la repentina muerte de su mujer en un accidente de tráfico decide colgar la sotana. Esto no es subtexto, sino texto. A lo largo del metraje se hacen numerosas referencias al pasado de Graham (“Caroline, deja de llamarme ‘Padre’”), un hombre que prohibe a su familia rezar. Una de las mejores escenas, la conversación nocturna entre Graham y Merrill en el sofá, tiene un monólogo que resume de qué va la película:

“El mundo tiene dos tipos de personas y cuando ocurre algo afortunado, los del primer grupo lo consideran más que suerte, más que casualidad, lo consideran una señal. Una prueba de que hay alguien ahí arriba cuidando del ser humano. La otra gente lo considera pura suerte, un feliz giro del azar. Seguro que la gente del segundo grupo está observando esas 14 luces con recelo. Para ellos, la situación está mitad y mitad: podría ir mal o bien. Pero en el fondo sienten que pase lo que pase, están solos. Y eso les llena de temores. Sí, es lo que piensan. Pero luego hay cantidad de gente del primer grupo que cuando observan esas luces están viendo un milagro. Y en el fondo sienten que pase lo que pase habrá alguien ahí arriba para ayudarles. Y eso les llena de esperanza. Lo que debes preguntarte es en qué grupo estás tú: ¿eres de los que ven señales, de los que ven milagros, o crees que la suerte de la gente es aleatoria? O, plantéatelo así: ¿es posible que no existan las coincidencias?”.

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Las señales del título parecen hacer referencia a las marcas que los extraterrestres dejan en los campos alrededor del mundo, pero en realidad son esas aparentes coincidencias de las que está llena la película, que acaban confluyendo en un supuesto plan maestro para salvar a la familia de Graham. El asma de Morgan que le cierra los pulmones para que no respire el gas venenoso del extraterrestre, el pasado de Merrill como un extraordinario jugador de béisbol, la manía sin sentido de Bo por ir dejando vasos llenos de agua por toda la casa e incluso la muerte de la madre, que paseaba de forma arbitraria en el momento y el lugar exactos en los que ese vecino se iba a dormir al volante. Graham escucha esas últimas palabras en apariencia inconexas de su esposa (“Dile a Graham que vea. Y dile a Merrill que batee fuerte”) y piensa que son fruto del apagón de su mente, pero acabará dándoles sentido en el instante adecuado, cuando Merrill se enfrente al alien con su bate y el agua de los vasos sea la clave para derrotarlo.

Aunque ‘Señales’ tiene una gran carga de simbología cristiana (esa es la religión de su protagonista, al fin y al cabo), no es una película sobre Dios, sino sobre la fe. “No soy religioso en absoluto”, ha explicado Shyamalan. “El objetivo no era apoyar o promover una religión específica. La cuestión está en esa escena del sofá”. Si ‘Señales’ tiene una propuesta teológica, esta no dicta en qué debemos creer, pero sí nos anima a creer en algo. Si lo hacemos, dice el cineasta, creeremos en la idea de que tenemos más voluntad de la que pensamos. En sus propias palabras: “¿Vas a ver los vasos de agua que están a tu alrededor para salvarte en el momento concreto si no estás abierto a ver los vasos de agua a tu alrededor?”. Para él, la fe no es más que una forma de darle sentido y significado a nuestra vida.

Espiritualidad vs lógica (y un criticado giro de guion)

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El cine de Shyamalan en los 2000 está lleno de espiritualidad, optimismo y sentimentalismo, quizá los mayores culpables de que el público le acabara dando la espalda. La prueba de ello está en que las películas de su etapa actual marcada por una reconciliación con la audiencia, que empezó con ‘La visita’, son mucho más crudas y nihilistas y tienen mucha menor carga sentimental. ‘Señales’, ‘El bosque’ y ‘La joven del agua’ son películas profundamente románticas, conmovedoras y sensibles (para muchos, sensibleras), algo que no gustó ni a los estudios que invertían muchos millones de dólares en esas películas (y por ello diseñaron campañas de publicidad para ellas muy poco representativas de lo que realmente contaban) ni a gran parte del público (que a menudo se sentía engañado precisamente por esas campañas).

El famoso giro de guion de ‘Señales’ es uno de los ejemplos más claros de esa desconexión entre Shyamalan y muchos espectadores. Lo que para el cineasta no era más que un símbolo de un marco teórico espiritual y emocional, para el público más cerebral se convirtió en una ridícula y escandalosa incongruencia que tiraba por tierra toda la película. Lo vieron como un agujero de guion: ¿cómo va a intentar invadir un planeta lleno de agua una especie que es mortalmente vulnerable a ella? Se podría intentar defender de varias formas, ya que no sabemos casi nada sobre los extraterrestres, sus intenciones o sus circunstancias: puede que llegaran desesperados y con los recursos agotados a la Tierra y no tuvieran más opciones, o puede que no tuvieran constancia de esa debilidad porque quizá nunca se habían encontrado con ese elemento, que al fin y al cabo no parece tener mucha presencia más allá de nuestro planeta. Pero en última instancia estaríamos abordando la película con una preocupación extrema en algo que a Shyamalan le interesa bien poco: la lógica, con la que gran parte del público parece estar obsesionado.

Premonitoria de la pandemia

‘Señales’ sería bastante premonitoria de algo que ocurrió casi dos décadas después. Cuando la pandemia del coronavirus nos obligó a confinarnos y llenó nuestras televisiones de imágenes nunca antes vistas, algunas películas del pasado volvieron con renovada fuerza, como ‘Contagio’ de Steven Soderbergh, ‘Extraterrestre’ de Nacho Vigalondo o 'Virus', la película que se adelantó al coronavirus. ‘Señales’ no solo había retratado antes de tiempo la experiencia de vivir un evento apocalíptico en la intimidad del hogar familiar, sino que avisó de lo que ocurre cuando la sociedad se enfrenta a un acontecimiento inexplicable: la explosión del pensamiento conspiranoico.

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A lo largo de la película van dándose diferentes teorías acerca de los extraterrestres, a cada cual más delirante, hasta el punto de que Merrill y los niños acaban poniéndose gorros de papel de aluminio en las cabezas para evitar que los invasores les lean el cerebro. La cómica imagen se ha vuelto a extender en los últimos años como representación de la histeria colectiva que ha surgido a partir de la pandemia.

Puede que la idea de ‘Señales’ sobre la fe y el destino sea simplista e ingenua, pero irónicamente ha calado en gran parte de la sociedad: muchos están dispuestos a ver señales de “planes maestros” donde solo habría azar y mala suerte, y toda la lógica que se aplica a los guiones de Shyamalan sale por la ventana cuando queremos darle sentido a lo que ocurre en el mundo real. Ya se sabe, el pueblo necesita opio, y puestos a elegir yo me quedo con la ingenuidad de M. Night Shyamalan.

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