La nueva 'Scream' asienta una puñalada certera a los fans tóxicos

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ATENCIÓN: este artículo contiene detalles de la trama de Scream.

Por Alberto Cano.- La saga Scream ha vuelto a los cines más de 10 años después de su última entrega. Desde su estreno en 1996, esta franquicia creada por Wes Craven y el guionista Kevin Williamson no ha parado de ganarse el respeto de los seguidores del género de terror gracias a sus dosis de muerte, violencia, humor y un tono metacinematográfico que siempre fue certero a la hora entrar a analizar el mundo de Hollywood, las películas de terror y el funcionamiento de la sociedad.

Ghostface y Jenna Ortega en Scream (Brownie Harris, © 2021 PARAMOUNT PICTURES. ALL RIGHTS RESERVED.)
Ghostface y Jenna Ortega en Scream (Brownie Harris, © 2021 PARAMOUNT PICTURES. ALL RIGHTS RESERVED.)

Fue interesante ver a personajes como el de Jada Pinket-Smith en Scream 2 cuestionando la nula representación multicultural en la industria en una época donde el debate estaba a años luz de surgir, o al de Emma Roberts en Scream 4 adelantándose al fenómeno de los influencers y prediciendo las locuras que se pueden llegar a cometerse por seguidores y likes. Era una seña de identidad que convertía a la saga en algo más que un mero slasher de terror.

Sin embargo, tras la muerte de Wes Craven en 2015 y con dos nuevos directores como Matt Bettinelli-Olpiny Tyler Gillett haciéndose cargo de esta nueva y quinta entrega de Scream, cabía dudar de si todas las virtudes que convirtieron a la franquicia en un icono del género iban a estar presentes. Y aunque la ausencia de Craven se deja evidenciar en la planificación de las secuencias y en un manejo del tono algo irregular, lo cierto es que esta nueva Scream vuelve a aferrarse al tono metacinematográfico de manera sobresaliente. Y en esta ocasión, lo ha hecho abordando temas de pura actualidad en Hollywood: el terror de autor, la moda de los reboots, remakes y secuelas y, sobre todo, la explosión de fanatismos tóxicos.

Como bien recordarán todos los fans de la saga, dentro del universo de las películas tenían una versión propia de Scream denominada Puñalada. Se trata de una saga de terror ficticia inspirada en los acontecimientos que Gale Weathers, el personaje interpretado por Courteney Cox, escribió inspirándose en los sucesos de la primera película. Fue clave al comienzo de Scream 2, donde veíamos al ya mencionado rol de Jada Pinket-Smith yendo a un cine a verla, y, sobre todo, en Scream 3, cuya acción transcurría en el rodaje de Puñalada 3. En la cuarta entrega, también se convirtió en un elemento clave para señalar las idas de cabeza tan surrealistas a las que el terror se abraza para continuar expandiendo franquicias hasta la saciedad, y en esta quinta, vuelve a ser esencial para sacar a relucir el discurso de la película.

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En esta ocasión, nos encontramos ante fans de Puñalada que dicen renegar de la octava entrega porque su director, del que mencionan que es “el de Puñales por la espalda”, ha dado un giro a la franquicia que la ha destrozado por completo. Debido a que proliferan las secuelas nostálgicas en las que Hollywood no duda al utilizar también la estructura de remake para captar nuevo público (lo que es referido en la película como “recuelas”), la motivación que guía al nuevo Ghostface para matar es replicar los acontecimientos de la Scream de 1996 con los nuevos personajes, consiguiendo así que vuelva a escribirse sobre ello y que se haga una “recuela” a su manera, tal y como querrían “los verdaderos fans” de Puñalada.

En esta idea residen unas claras conexiones con la realidad y las polémicas que muchos fans han creado en torno a grandes sagas cinematográficas en los últimos años. No hay más que ver esa referencia a Rian Johnson, el director de Puñales por la espalda que se enfrentó a una oleada de odio irracional por los cambios que introdujo en Star Wars: Los últimos Jedi en 2017. Y es que este octavo episodio de la saga creada por George Lucas vio como muchos fans trataron de boicotearlo con un no parar de reseñas negativas en webs como Metacritic o Rotten Tomatoes, hecho al que señala esta Scream al criticar de forma rotunda estas actitudes, el absurdo de que un simple colectivo se crea dueño de un producto de ficción y el empeño de tomarse tan a pecho algo que no deja de ser mero entretenimiento. Y lo hace de una manera muy inteligente y divertida.

Lo mejor es que esta idea no se queda solo en la crítica a los fandoms tóxicos, sino que también da juego a volver a satirizar el cansino empeño del Hollywood actual de explotar sus franquicias bajo estas secuelas-reinicio. Pero lo curioso es que esta nueva Scream funciona exactamente así, siendo una continuación que presenta el regreso de Sidney, Gale y Dewey a Woodsboro a la vez que una réplica de la original de 1996 con nuevos personajes reviviendo los mismos crímenes. Y aunque algunas de sus ideas ya se explotaron en Scream 4, que se las arregle para ser una “recuela” a nivel comercial y a la vez cargar contra ello es, sin duda, una genialidad que nos recuerda por qué amábamos tanto esta saga. Además, como bien hacían las anteriores películas, tampoco faltan las referencias y análisis del cine de terror actual, como es el caso de personajes renegando de ese Scream ficticio que es Puñalada porque ellos solo ven “terror elevado” como Hereditary o La bruja. Sin duda, Scream ha vuelto en plena forma.

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