El "olvido" del nombre de AMLO, protagonista del momento más tenso del debate demócrata en Las Vegas

El debate de Las Vegas fue, sin duda, el más dinámico y punzante de todos los que se han realizado en el presente proceso primario del Partido Demócrata. Con solo seis aspirantes a la candidatura presidencial para encarar a Donald Trump, permitió dar atisbos singulares al talante, las capacidades y los lastres de cada uno de ellos como no se había visto en otros encuentros de su tipo en este ciclo electoral.

Ello se debió, en parte, a que el tiempo y el dinero se acaban para varios de los aspirantes a la Casa Blanca mientras otros aprietan el paso con movimientos de masas o con masas de dinero de enorme impacto en los votantes.

¿Pero quién salió mejor posicionado?

El debate presidencial demócrata en Las Vegas fue el debut de Mike Bloomberg y el primero en el que Bernie Sanders apareció como puntero. (Photo by Mark RALSTON / AFP) (Photo by MARK RALSTON/AFP via Getty Images)

Los perdedores

Amy Klobuchar se mostró titubeante y descolocada en el momento más tenso del debate cuando Pete Buttigieg, quien buscó mostrarla poco preparada para el cargo de presidente, la atacó por no recordar el nombre del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, en una entrevista con Telemundo.

“¿Estás tratando de decir que soy tonta o te estás burlando de mí, Pete?”, reaccionó visiblemente afectada la senadora ante el cuestionamiento de Buttigieg, del cual se defendió argumentando que a todos se les puede olvidar un nombre pero su trayectoria legislativa avala su conocimiento de México y América Latina.

Pero resultó punzante que una aspirante presidencial no supiera el nombre de quien sería su contraparte en un país vecino con el que EEUU mantiene una relación de enorme importancia y llena de claroscuros.

También se mostró titubeante cuando Buttigieg cuestionó que hubiese votado por hacer el inglés el idioma oficial de EEUU, posibilidad que afectaría a la comunidad inmigrante y por haber avalado nombramientos de funcionarios federales que luego impulsaron la política de separación de familias en la frontera. Ella se defendió de esas críticas pero al final su posición se quedó rezagada.

Pete Buttigieg y Amy Klobuchar tuvieron punzantes discusiones, pero su saldo en el debate fue reducido. (AP Photo/John Locher)

Mike Bloomberg llegó a su primer debate con enormes expectativas, pero se mostró frío y con respuestas poco eficaces. Por momentos lució oxidado o poco preparado, enfrentando un entorno de impugnaciones directas al que no se había enfrentado en años (y ciertamente nunca a nivel de candidatura presidencial). Su auge en las preferencias se ha debido a su enorme presencia en el entorno controlado de la publicidad política, pero en el cara a cara no logró neutralizar las punzantes críticas que recibió ni mostrar de modo convincente su mensaje principal de ser el más capaz de vencer, con una candidatura de consenso, a Trump.

Bloomberg se mantuvo firme en la defensa de su inmensa fortuna y mostró orgullo en estarla gastando en iniciativas filantrópicas de beneficio común. Pero quedó el dejo de que agitaba su inmensa capacidad de gasto (una parte importante dirigida, como él mismo dijo, al Partido Demócrata) con una suerte de prepotencia o noción de superioridad.

Mike Bloomberg se mostró gris en el debate. Aunque tranquilo, no presentó defensas convincentes a las críticas en su contra. (AP)

Ciertamente es superior en el grosor de su cartera, pero quedó mal parado ante críticas por sus presuntas actitudes sexistas, por no querer liberar los acuerdos de confidencialidad de demandas por acoso sexual o discriminación presentadas por mujeres contra sus empresas, por la “disculpa insuficiente” por la política de acoso policial que desató en Nueva York contra las comunidades afroamericana y latina y por mostrar una suerte de indiferencia, al menos en comparación con los demás, ante la ruda realidad de millones de estadounidenses pobres.

El saldo mediático del debate para Bloomberg fue deficitario, y tendrá que invertir cantidades sustantivas para compensar sus efectos, si bien no puede decirse que su creciente ola se haya frenado.

(AP Photo/John Locher)

Joe Biden no tuvo un debate malo en general, y por momentos tuvo brillos, pero se quedó corto para frenar la caída que ha sufrido su campaña en semanas recientes. Los ataques no se concentraron ya en él y eso le evitó en buena medida quedar expuesto y le permitió alzar una voz de experiencia de gobierno, dignidad y filiación con la clase trabajadora que construyeron su candidatura. Pero ante el dinamismo de la campaña de Sanders y la riqueza de la de Bloomberg, su actuación se quedó corta en una de sus últimas oportunidades de recuperar la noción de que él es la opción de centro. Y tampoco pudo ser la figura “intermedia” que traza balances y fustiga problemas, un papel que correspondió más bien a Warren o a Buttigieg.

Los ganadores

Bernie Sanders fue uno de los grandes ganadores del debate. Llegó a él por primera vez como puntero y por ello recibió fuertes ataques, desde los que lo descalificaron por ser un demócrata socialista que inquieta a muchos moderados e independientes hasta quien lo atacó un tanto rudamente por sus recientes problemas cardiacos o por la conducta hostil en internet de personas identificadas como seguidores suyos, a los que él repudió.

Los progresistas Elizabeth Warren y Bernie Sanders fueron los ganadores del debate demócrata en Las Vegas. (AP Photo/John Locher)

Pero al final respondió con firmeza, planteó con claridad su mensaje sobre un sistema universal y gratuito de salud, su repudio al lucro salvaje de las corporaciones mientras millones sufren pobreza y su determinación progresista de transformar las estructuras. Y señaló a Mike Bloomberg, su nuevo y más fuerte contendiente, como un representante de las lacras del capitalismo salvaje.

Sanders logró mantener su ventaja y sale de este debate sin mella y acelerando rumbo al Supermartes con una estructura de campo y de recaudación de fondos sin rival en el Partido Demócrata.

Elizabeth Warren fue también una ganadora. Asestó severos golpes a Bloomberg, al que criticó por actitudes sexistas y misóginas de su pasado y por no dar transparencia a los acuerdos que sellaron casos de acoso y discriminación en sus empresas. También encaró a Pete Buttigieg y a Amy Klobuchar al afirmar que los planes en materia de cuidado de salud de ellos son pobres, una lista en PowerPoint y el contenido de un Post-it. Y aunque mantuvo sus posiciones progresistas y su crítica a Wall Street y a la desigualdad, se deslindó un poco de la izquierda más aguda de Sanders. Fue probablemente la más dinámica, ágil y consistente en el debate y aunque aún es pronto para saber si logrará levantar su campaña, al menos sería, al margen de Sanders y Bloomberg, la que tiene mejores expectativas de perdurar en el proceso.

El comodín

Pete Buttigieg optó por el papel de gallito de batalla. Calificó a Sanders y a Bloomberg como dos polos divisivos y ominosos, el que quiere incendiar el Partido Demócrata y el que quiere comprarlo, y planteó que en realidad lo que se debería hacer es nominar a un demócrata, en alusión a que Sanders es un senador independiente y Bloomberg ha saltado de demócrata a republicano y a independiente en el pasado.

Buttigieg se lanzó también con fuerza contra Klobuchar, quienes se disputan una tajada de votos moderados  que será crucial para mantener el paso ante el auge de Bloomberg, y le hizo pasar momentos de duda. Con todo, fue blanco también de ataques por su limitada experiencia de gobierno y por las donaciones de grandes millonarios que ha recibido, lo que a juicio de los aspirantes más progresistas ha condicionado su campaña.

Y aunque mantuvo su posición centrista, mostró un mayor dinamismo que Bloomberg en su defensa de la clase trabajadora, las minorías y los inmigrantes. Pero, aunque mejor parado que Biden y Klobuchar, tampoco es claro si logrará, pese a que hasta hace unas días había cobrado ímpetu por sus buenos resultados en Iowa y  New Hampshire, mantener el paso ante los polos, Sanders y Bloomberg, que él criticó. Buttigieg fue exitoso en minar a Klobuchar y presentar a Sanders y Bloomberg como extremos inconvenientes. Pero su afán de mostrar que él es el centro al que el Partido debe confluir se quedó a medias en el debate, y lo es aún en las preferencias de voto.

El futuro

En cierto modo, Donald Trump fue un ganador del reciente debate, en el que no participó. Al concentrarse en atacarse entre ellos, los aspirantes demócratas no atacaron al presidente como en otros debates, en parte quizá porque lo han hecho, y lo harán, reiteradamente y en parte porque este debate requería acción y contraste para mantener a flote a varios de los precandidatos. Y si se considera que Bloomberg no mostró a cabalidad su oferta de ser el más capaz de vencer a Trump y varios de los otros atacaron la elegibilidad de Sanders por su ideología demócrata socialista, el presidente habría resultado mayormente ileso.

La presente división y tensión en el campo demócrata es beneficioso para las aspiraciones de reelección del presidente Donald Trump. (AP)

El Supermartes del 3 de marzo y las primarias en las semanas siguientes se confirmaron como los momentos de la verdad en la contienda demócrata. El debate actual, en Nevada, presumiblemente no alterará las preferencias que ponen a Sanders en la punta y señalan un auge de Bloomberg, una merma de Biden y un cierto estancamiento del resto. Eso hace que las primarias de marzo, donde se repartirá una porción sustancial de los delegados a la convención demócrata podrían definir el destino de varios de los aspirantes. Bloomberg le ha apostado literalmente cientos de millones de dólares al Supermartes, donde un buen resultado lo ratificará como un actor de peso pero un fracaso podría hacer estallar su burbuja. Para Biden, Warren, Buttigieg y Klobuchar, cuyos porcentajes en las encuestas y sus resultados en pasadas primarias se han rezagado, un resultado pobre en el Supermartes sería presumiblemente un callejón sin salida. Y para Sanders, si se confirman los pronósticos, esa jornada electoral y las que siguen en marzo lo ratificarán como el puntero y el que tiene la mayor probabilidad de ganar la mayor cantidad de delegados, aunque la incertidumbre sobre si ganará una mayoría directa en las votaciones primarias es aún considerable.

Así, la Convención Demócrata podría tener en 2020 un perfil no visto en décadas: si Sanders no logra en las primarias una mayoría absoluta de los delegados, un escenario bastante probable, la enorme pregunta es si se honrará su calidad de más votado y otros se plegarán a su candidatura. La respuesta final que todos los aspirantes, menos Sanders, dieron en el debate señala a que todos apuestan en que en una segunda votación sus posibilidades pueden cambiar y podrían atraer delegados de otros candidatos o ganar influencia como fiel de la balanza.

En ese sentido, del debate de hoy se puede concluir que el Partido Demócrata aún no está listo para aglutinarse en torno a Sanders y que muchos apuestan porque otro sea el delegado demócrata en una convención negociada. Aunque aún es muy especulativo hablar de ello, la duda al respecto es doble: ¿perderá el Partido Demócrata el enorme y necesario arrastre de los seguidores de Sanders si su líder es apartado de la nominación pese a ser el más votado, o se pondrá en riesgo la competitividad de los demócratas contra Trump si postulan a un demócrata socialista?