Sánchez, otro alto cargo que usa vuelos privados como capricho

Asier Martiarena
El jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez. EFE/Archivo
El jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez. EFE/Archivo

Pedro Sánchez no ha podido empezar peor la semana. En unos días en los que se juega el futuro del gobierno socialista por su dificultad para aprobar el techo de gasto, y con la amenaza de la radicalización de las relaciones con Cataluña tras los últimos nombramientos del PdeCAT, se ha conocido que el presidente del Gobierno tiró de avión privado para acudir al Festival Internacional de Benicássim (FIB). En un primer momento, desde Moncloa se justificó el vuelo por la apretada agenda del socialista por la que se habría reunido tanto con el presidente de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig, como con la alcaldesa de Castellón, Amparo Marco.

Puede parecer bien, mal o peor, pero el presidente del Gobierno lo es 24 horas al día. Y si para ampliar su agenda le viene bien ahorrar tiempo viajando en avión, pues es defendible. Sea Pedro Sánchez, Mariano Rajoy o Felipe González.

Sin embargo, el Gobierno ha querido dar más detalles del asunto y ahí es cuando la ha ‘cagado’. La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, ha afirmado que Sánchez, tuvo “agenda institucional todo el día” el pasado viernes en Castellón, donde, por la noche, acudió a “un evento cultural”.

¿Evento cultural? No es lo mismo ir a la entrega de los Premios Nobel si hay un premiado español, que ir a ver a The Killers al FIB. Y, claro, se ha generado un revuelo importante. Y más que se va a liar porque el PP ha preparado una batería de preguntas en el Congreso de los Diputados.

Por mucho que pasen los años, los políticos españoles no acaban de entender cuándo y cómo deben usar un avión privado oficial que pagamos entre todos los españoles. Aquí van unos ejemplos.

Rajoy alquiló en mayo de 2015 un jet privado para no llegar tarde a un mitin. Según informó Levante EMV, el PP se gastó 15.400 euros para arropar al entonces presidente valenciano, Alberto Fabra, y a la exalcaldesa de Valencia, Rita Barberá, en el multitudinario mitin. La oposición, por boca de Alberto Garzón -Unidos Podemos- le pidió explicaciones, en el Congreso, y fuentes del PP aseguraron que los 15.000 euros de alquiler del Falcon 2000 (en el que Rajoy comió y cenó, junto a la comitiva que le acompañaba) suponían “un ahorro ya que, de otra manera, el político gallego, acompañado por un equipo de ocho personas (gente de su gabinete, algún escolta y alguna persona del partido), tendría que haber hecho noche en Valencia”.

Ya en 1988, el que fuera vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, recurrió al uso de un avión Mystére de la Fuerza Aérea Española, enviado especialmente desde Madrid, para eludir una cola de varios kilómetros en la frontera portuguesa de Vila Real de Santo Antonio. Según rezan las crónicas de la época, Guerra, que regresaba a España tras pasar unos días de vacaciones en la región portuguesa del Algarve, fue increpado por numerosos automovilistas que aguardaban en Vila Real una cola de varios kilómetros para tomar el transbordador hacia la localidad onubense de Ayamonte cuando pretendió colarse.El vicepresidente del Gobierno desistió entonces de cruzar el paso fluvial y regresó a la localidad lusa de Faro, donde le recogió el Mystére, tomando después rumbo a Sevilla.

Pero hay muchos más casos. El pasado mes de enero, un tribunal obligó a desvelar la lista de pasajeros de los vuelos de Estado, que incluye altos cargos, asesores, diplomáticos, militares, periodistas, empresarios, parlamentarios y parientes de políticos. Para que se hagan una idea del dispendio, desde 2015 las autoridades españolas han realizado cerca de 300 vuelos en aviones oficiales. Y los han acompañado 1.400 pasajeros.

Obviamente el presidente, o cada ministro, elige quien le acompaña en cada vuelo, pero hay algunas compañías de difícil justificación como las mujeres/maridos de ministros/as -o sus hijos- en viajes a Canarias, Roma o Bruselas, por poner unos ejemplos.