San Miguel de Allende, el sueño mexicano de un "bunch of gringos"

Por Sofia MISELEM
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San Miguel de Allende, en el estado de Guanajuato en México, el 22 de marzo de 2017

"Gente como yo va a Florida a morir, a San Miguel de Allende vienen a vivir", resume Michael Gerber, uno de los muchos jubilados estadounidenses que viven el "sueño mexicano" en esta ciudad colonial, considerada el mejor lugar para residir en México.

Mientras en su país el presidente Donald Trump critica a México y sus "bad hombres", más de 10.000 jubilados estadounidenses tienen su hogar, permanente o invernal, en esta localidad mexicana fundada en 1542.

Gerber, de 74 años, originario de Cleveland, decidió instalarse en el extranjero tras retirarse como jefe administrativo de un hospital.

Vivió en Turquía, Suiza, Grecia y finalmente en San Miguel, donde lleva 15 años.

Y seguirá aquí, afirma, porque no ha encontrado "sitio mejor" que esta ciudad del centro de México, bendecida con un clima templado y clasificada en 2016 como el mejor lugar para vivir en México por la revista Travel & Leisure.

"Muchos amigos hemos vivido en otras partes del mundo, pero escogimos San Miguel de Allende porque es maravilloso, económico y hay muchas oportunidades para apoyar a la comunidad", explica a la AFP.

Gerber es secretario corporativo de Feed the Hungry, asociación que distribuye alimentos a 3.000 niños. Es una de las decenas de ONG promovidas por estadounidenses que han contribuido a transformar esta ciudad.

Mientras camina entre monumentales casonas e iglesias de estilo colonial español, muestra el parque remodelado por lo que el denomina un "bunch of gringos", un puñado de estadounidenses.

Siempre en inglés, explica que un "bunch of gringos" rescata perros callejeros y otro "bunch of gringos" construye casas para familias pobres.

- Orgulloso de ser 'gringo' -

"Estoy orgulloso de ser gringo", dice sonriente de camino a casa, donde muestra una gorra roja similar a la de Trump.

Pero ésta tiene la inscripción "Make America Mexico again", en alusión al antiguo territorio mexicano convertido en estadounidense tras la guerra de 1847.

Con la llegada en masa de jubilados estadounidenses en los últimos 20 años vino el apogeo económico y un sector inmobiliario en plena ebullición.

El extranjero busca "una propiedad con carácter, con sabor a México, con sabor a San Miguel de Allende", es decir del estilo colonial, explica Salvador Moreno, propietario de ABC Reality.

En la década de 1980 por la propiedad más cara apenas se pagaban 110.000 dólares, recuerda este profesional con 40 años de experiencia. "Ahora encuentras un condominio por 95.000 dólares o una casona por 12 millones de dólares".

En la alcaldía, Theresa Guerrero trabaja como directora de atención a extranjeros -10% de la población- para auxiliarlos con su trabajo en las ONG o en asuntos cotidianos.

Los estadounidenses "quieren regresar todo el amor y la amistad que San Miguel les ha dado", dice Guerrero, nacida en Los Angeles de padres mexicanos. Llegó hace 15 años y al tercer día compró casa.

- Fiesta y campanadas -

Pero en San Miguel de Allende tampoco llueve al gusto de todos.

Amy Wegner, expublicista de 62 años de Los Angeles, vive aquí desde 2006 pero no se adapta a las numerosas celebraciones callejeras, la estruendosa pirotecnia y el tañido de campanas de esta ciudad de unos 160.000 habitantes.

"Ahora vivo a 8 kilómetros de la ciudad. Para mí, el centro se ha vuelto tumultuoso, ruidoso, sucio, con muchos crímenes, muchos perros, demasiadas campanas de iglesias", afirma.

En cambio, su amiga Laura Kuykendall, abogada jubilada de Cleveland que pasa aquí los inviernos, es amante de la cultura mexicana.

Viste blusa indígena con un botón que proclama: "No apoyo el muro, el racismo, la discriminación ni el odio".

"Estoy muy preocupada por la situación en Estados Unidos y por lo que (Trump) dice de los mexicanos. México es mi segundo país", asegura Kuykendall, contemplando mudarse a San Miguel mientras dure esta presidencia.

Demócrata declarada, Wegner lamenta en un español balbuceante: "Lo siento mucho pero Trump es el presidente".

Pero refrenda en parte su discurso: "No quiero que vayan (a Estados Unidos) pandilleros, narcotraficantes". "Los que quieran ir, deben hacerlo legalmente y sin antecedentes" penales, dice.

"Me encantaría que les fuera más fácil conseguir trabajo", agrega.

Wegner reconoce que la fuerza laboral migrante es crucial para Estados Unidos y visiblemente emocionada recuerda a una guatemalteca que fue su empleada doméstica 15 años. "Nunca dijo cómo llegó. Nunca pregunté. Era absolutamente adorable, se llamaba Guadalupe".

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