El Salamanca despide a un jugador que llamó "español de mierda" a un aficionado

Luis Tejo
·8 min de lectura
Fernando Monárrez, hasta ahora jugador del Salamanca CF UDS. Foto: Twitter @SalamancaCFUDS.
Fernando Monárrez, hasta ahora jugador del Salamanca CF UDS. Foto: Twitter @SalamancaCFUDS.

Utilizar la nacionalidad y el lugar de origen de alguien a modo de insulto es, en general, una mala idea que denota poca educación, nulo respeto y un punto racista y xenófobo despreciable. Escoger para el ataque las palabras “puto español de mierda” demuestra, además, cierto grado de insensatez. Sobre todo si la persona que lanza la ofensa vive y trabaja en Salamanca, una de las capitales de provincia de la comunidad autónoma de Castilla y León, en la parte noroccidental del país europeo.

Lo más normal es que un acto así tenga consecuencias negativas para quien lo cometa. Le ha ocurrido al mexicano Fernando Monárrez, hasta el pasado lunes atacante de la plantilla del Salamanca CF UDS pero despedido de manera fulminante en cuanto se conoció a qué niveles había llegado la bronca que había mantenido en redes sociales con un aficionado. Así lo hizo saber la propia entidad a través de un comunicado en el que alude a los “inaceptables hechos” protagonizados por el futbolista “en la noche del domingo ante los que el club, por lo que representa, no puede mantenerse ajeno”.

El ambiente estaba caldeado después de la derrota por 0-3 contra el filial del Celta de Vigo, que consolida a los blanquinegros en el último puesto de la clasificación en el grupo A-1 de Segunda División B, con cinco partidos perdidos y una sola victoria en seis jornadas. Las crónicas de medios locales cuentan que, durante el encuentro, el futbolista que hasta ahora llevaba el número 17 en la plantilla dedicó varias peinetas y otros gestos de desprecio a la grada del estadio Helmántico. Recordemos que, pese a que la pandemia del coronavirus sigue activa, la normativa permite el acceso de cierta cantidad de público a las gradas en categorías no profesionales; en el caso de Castilla y León se puede ocupar hasta una tercera parte del aforo, que para este recinto es un máximo de algo más de 5.000 personas.

Monárrez tuvo luego un intercambio de pareceres muy poco amistoso con el hincha, hasta el punto de que llegaron a hablar sobre la posibilidad de quedar para pegarse. Dentro de la tensión, el jugador le dijo a su interlocutor que ese día no podía porque tenía “que contar muchos euros, que gritando como perro en la grada no ganas nada”. Y cuando el nivel de las amenazas recibidas subió, replicó: “Quieres asustar a un mexicano con esas palabras, pedazo de pendejo. Puto español de mierda”.

No ha servido como atenuante que Monárrez, natural de Sinaloa, estuviera respondiendo a las provocaciones. Tampoco se ha aceptado que fuera un simple error como consecuencia de su falta de madurez, ya que el mexicano apenas tiene 21 años. Ni siquiera que, tras haber llegado el año pasado al filial procedente del Guadalajara de su país, se hubiera consolidado en el primer equipo; la anterior temporada ya jugó nueve partidos y este curso había participado en cinco, aunque casi siempre entrando desde el banquillo.

El despido de Monárrez por imprudente reduce un poco la colonia mexicana que tanto abunda en el Salamanca CF UDS. Aún quedan seis (los defensas Kristian Álvarez y Luis Martínez, los centrocampistas Jorge Mora, Luis Télles y Denilson Villa y los delanteros Diego Chávez y Luis Madrigal), y quizás se pueda incluir en el grupo a un defensa más: el californiano Leonardo Sepúlveda. Otros dos jugadores (el delantero también estadounidense Clay Silvas y el zaguero uruguayo Jonathan Lacerda) proceden igualmente de la liga mexicana. Además, consta como entrenador (aunque de manera interina) otro compatriota, Rafa Dueñas, que ya se ha hecho cargo otras veces de la plantilla tras la destitución de varios técnicos... aunque no puede sentarse en el banquillo en los partidos, puesto que no tiene la titulación requerida.

La guerra civil del fútbol de Salamanca

Los intensos y un tanto extraños vínculos con México se deben al origen mismo de la entidad. Es importante reseñar que este Salamanca, aunque comparta colores blanquinegros, juegue en el mismo estadio y haya añadido las iniciales UDS a su nombre, no es el mismo club que aquella Unión Deportiva Salamanca fundada en 1923, que llegó a jugar doce años en Primera y que desapareció en 2013 tras un concurso de acreedores. Surgió otro equipo, que inicialmente se hacía llamar Salmantino, compitiendo con la plaza del antiguo filial de la Unión, aunque siendo de hecho una organización de nueva creación, lo que llevó a múltiples líos judiciales.

Este Salmantino tiene detrás a un grupo de empresarios mexicanos liderados por Luis Manuel Lovato Pérez, aunque formalmente la propietaria es una empresa llamada Desarrollos Empresariales Deportivos SL. Dicha compañía es la que, en su momento, compró en subasta pública el estadio Helmántico y los derechos sobre el nombre y el escudo de la antigua Unión (de ahí que hayan añadido a su denominación actual las siglas UDS). Por ese motivo, aunque técnicamente son una entidad completamente diferente, se considera heredera del equipo histórico modificando su denominación para que suene lo más similar posible.

La gestión de este nuevo Salamanca, según denuncian periodistas y aficionados locales, es muy parecida a la que viene siendo tradicional en el fútbol modesto español. Quizás demasiado. Hay quejas frecuentes por impagos, la parcela deportiva es tremendamente inestable (ha habido nueve entrenadores distintos desde el verano de 2017) y los socios, o mejor dicho abonados, se quejan de que no tienen capacidad de influencia ni decisión alguna en la gestión de un club en el que los directivos tienen el poder absoluto y por donde han pasado figuras tan controvertidas como Agapito Iglesias, antiguo propietario del Real Zaragoza.

Jugadores de Unionistas de Salamanca celebrando un gol.
Jugadores de Unionistas celebrando un gol en el partido de Copa del año pasado contra el Real Madrid. Foto: Javier Soriano/AFP via Getty Images.

En paralelo, al comprobar que la vieja UDS no se podía salvar de la desaparición allá en 2013, un grupo de antiguos aficionados decidió fundar un club completamente nuevo en homenaje a la Unión, a la que consideran fallecida e irrecuperable. Basándose en esa premisa, lo llamaron Unionistas de Salamanca y, aunque también visten de blanco y negro, diseñaron un escudo diferente, para dejar claro que no son una continuación de la sociedad histórica sino una obra distinta surgida en su recuerdo. Posiblemente hayas oído hablar de ellos porque hace unos meses jugaron una eliminatoria de Copa del Rey contra el Real Madrid.

Este equipo sigue el modelo de “fútbol popular”, huyendo del sistema empresarial vigente en la mayoría de clubes españoles y estableciendo una metodología absolutamente democrática en la que cada socio tiene voz y voto. No hay grandes inversores detrás (ni, por tanto, mucho dinero), ni tienen grandes recursos; por ejemplo, a falta de campo propio, hasta ahora jugaban en las Pistas, una instalación aneja al Helmántico de titularidad municipal concebida para la práctica del atletismo (ahí fue donde Javier Sotomayor batió el récord mundial aún vigente de salto de altura) y recientemente se han mudado al Reina Sofía, otra instalación de propiedad del ayuntamiento. A cambio, presumen de estar al corriente de pago tanto con todos sus jugadores y empleados como con la Seguridad Social.

Curiosamente, las trayectorias de ambos equipos han sido muy similares. Fundados en 2013 tras la desaparición de la vieja Unión, tuvieron que arrancar desde abajo, en categoría provincial (si bien el actual Salamanca CF empezó en Tercera, con la plaza del Salmantino, pero en 2015 fue descendido por orden judicial al considerarse un club nuevo sin vinculación con el anterior). Los dos han progresado muy rápido, logrando ascender a la vez (en 2018) a Segunda B, donde compiten actualmente. De hecho, los enfrentamientos entre ellos han sido muy frecuentes en los últimos años. El próximo derbi será pronto: el fin de semana del 13 de diciembre, con Unionistas como local.

Así, se da el extrañísimo (y un tanto absurdo) caso de que una ciudad relativamente pequeña como Salamanca, de apenas 145.000 habitantes (que suben a 200.000 con el área metropolitana), hay dos equipos importantes que compiten entre sí dividiendo a la hinchada. Crear una nueva Unión fusionándolos es inviable: tal como indican los aficionados, hay una diferencia fundamental en los valores y la forma de concebir el fútbol que defiende cada uno. Las posturas son irreconciliables.

Así que por ahora la urbe universitaria seguirá dividida, salvo cambio radical e improbable de la mentalidad... o que uno de los dos proyectos se venga abajo. Tal como están las cosas ahora mismo, el panorama pinta peor para el Salamanca CF UDS, que mucho tendrá que mejorar para evitar el descenso a Tercera. Por su parte, Unionistas ha arrancado mucho mejor, tanto que va tercero, con solo una derrota, y quién sabe: aunque este año la Segunda B tiene un formato extrañísimo, podría soñar con el ascenso.

Más historias que te pueden interesar: