"Esto parece sacado de National Geographic": graban la explosión de una ballena muerta en mitad del Océano Pacífico

Hace poco más de un mes se viralizó un vídeo en el que aparecían varios tiburones blancos dándose un festín a cuenta del cadáver de una ballena jorobada en aguas de Cabo Cod, frente a la costa atlántica, en Massachusetts, Estados Unidos. Son unas imágenes poco comunes captadas por una empresa de avistamiento de cetáceos que muestran qué le puede pasar al cuerpo de uno de estos grandes animales después de morir.

Pues bien, hace unas horas ha surgido un nuevo vídeo relacionado también con el cadáver de una ballena muerta en medio del Océano Pacífico. En este caso, el desenlace no es tan macabro como el del ejemplar devorado por los escualos, pero sí puede resultar algo desagradable a ojos de los más sensibles, ya que el animal acaba explotando debido a la cantidad de gases acumulados en su interior.

Así se puede apreciar en una secuencia de 55 segundos publicada en el canal de Youtube de un negocio de artículos deportivos llamado @WTF! Outdoors grabado desde una embarcación a escasos metros de distancia. La grabación muestra perfectamente el estallido del cuerpo y recoge la sorpresa de los tripulantes tras presenciar el suceso: “Esto parece sacado de National Geographic”.

La escena es realmente impactante porque se puede percibir la explosión con todo lujo de detalle. En un momento dado, el cetáceo expulsa repentinamente sus órganos internos por la boca cubriendo de sangre el agua que le rodea ante el grito de sorpresa de los presentes. Entre las vísceras, se pueden distinguir perfectamente los intestinos de la ballena así como el estómago.

Pero, ¿por qué explotan los cetáceos muertos? La respuesta no tiene demasiado secreto, ya que parte del cuerpo del animal sigue albergando vida. Es el caso de su sistema digestivo donde se produce una reproducción microbiana derivada de la descomposición que provoca gases como el metano o el sulfuro de hidrógeno. A todo ello contribuye la actividad bacteriana propia de la flora intestinal, que no cesa.

Todos estos los vapores se van acumulando en el interior del cuerpo hasta que acaban encontrando una vía de salida, normalmente producida por algún elemento externo como la manipulación del cadáver para retirarlo o, en el caso de este cetáceo, por el oleaje provocado la embarcación.

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