¿Cómo sabemos si la pandemia de Covid-19 ha terminado o no?

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, lanzó una declaración a la ligera que captó la atención de todo el mundo: "La pandemia ha terminado". Sin embargo, el Covid-19 todavía se cobra la vida de más de 300 personas cada día en el país y hay regiones enteras sin acceso a las vacunas. ¿En qué momento es sensato poner punto y final a la crisis sanitaria?

El pasado domingo 18 de septiembre por la noche, la cadena CBS publicó una larga entrevista con el presidente estadounidense, Joe Biden. Una de sus declaraciones se hizo con los titulares de todo el mundo: "Todavía tenemos un problema con el Covid-19. Todavía tenemos mucho trabajo por delante. Pero la pandemia ha terminado. Si te das cuenta, nadie usa tapabocas. Todo el mundo parece estar en buena forma. Creo que las cosas están cambiando".

Lo dijo con una ligereza que contrasta con la promesa que hizo Biden al entrar en la Casa Blanca de combatir la pandemia en base a las recomendaciones de científicos y de epidemiólogos, una promesa que lo diferenciaba de su antecesor, Donald Trump, cuyo liderazgo en plena crisis sanitaria fue errático. Sin embargo, que nadie use tapabocas y que "todo el mundo parezca estar en buena forma" parecen barómetros poco sólidos para sentenciar con tanta seguridad que la pandemia ha terminado.

De hecho, a pesar de las palabras de Biden, en Estados Unidos sigue vigente el estado de emergencia por Covid-19, que permite aprobar fondos para la lucha contra la enfermedad con más rapidez de la usual, por ejemplo.

¿Qué dicen las cifras de Covid-19 en Estados Unidos?

Cuando Biden asumió como presidente del país en enero de 2021, las muertes diarias superaban las 3.000. Después de un duro repunte en febrero de 2022, la cifra de víctimas mortales por Covid-19 en Estados Unidos se ha estabilizado entre las 300 y las 500 durante los últimos seis meses. Sin lugar a dudas, es una mejora significativa respecto a los momentos más severos de la pandemia, pero no es una cifra baja.

El Covid-19 sigue siendo la cuarta causa de muerte en el país norteamericano, por debajo de las enfermedades de corazón y del cáncer, pero por encima de la diabetes o de los accidentes, según datos de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC).

Todavía a la espera de que el tiempo dé más información y que permita ver una tendencia más a la larga de esta enfermedad, algunos argumentan que el "altiplano" al que ha llegado el virus en Estados Unidos podría corresponderse con una entrada en la fase endémica de la enfermedad.

¿Qué significaría que el Covid-19 sea endémico?

La única diferencia entre una enfermedad pandémica y una endémica es que la primera es inesperada y repentina, mientras que la segunda es previsible y se tienen herramientas para manejarla. Sin embargo, no entraña ninguna diferencia en términos de gravedad.

No sabemos cómo será un mundo donde el Covid-19 sea endémico, pero puede oscilar desde una enfermedad que causa contagios y muertes estacionales, pero en pequeñas cantidades, hasta una oleada de una nueva variante anual, como Ómicron, que requiera cuarentenas puntuales y restricciones sociales importantes.

Las cifras, en ese sentido, no tienen la respuesta, sino su previsibilidad. Por ejemplo, la malaria es una enfermedad endémica que no por eso es menos mortífera ni peligrosa, igual que el VIH, que sigue causando grandes disrupciones sociales a pesar de que los números se han reducido desde el inicio de su explosión en la década de los 80. La diferencia es que el mundo está más preparado y sabe cómo combatirlo y controlarlo mejor; algo parecido podría estar pasando con el Covid-19.

Sin embargo, es importante destacar que hablamos únicamente de Estados Unidos sin tener en cuenta que hay regiones del mundo con tasas de vacunación casi imperceptibles, sin acceso a refuerzos, y que hay grupos más vulnerables, ya sea socialmente o por condiciones de salud preexistentes, para quienes el Covid-19 seguirá siendo una amenaza directa.

¿Quién decide que la pandemia de Covid-19 ha terminado?

Definitivamente, no Joe Biden, quien puede decidir únicamente sobre el territorio nacional que preside. Una de las características de una pandemia es, precisamente, que afecta al mundo más allá de las fronteras estatales, por lo que un país no puede hablar globalmente.

La OMS declaró el Covid-19 como una Emergencia de Salud Pública Internacional en marzo de 2020 bajo tres criterios: era un evento repentino e inesperado; atravesaba las fronteras de los países y requería de acción urgente coordinada internacional. El Comité que evaluó que tocaba elevar el Covid-19 a ese nivel de alarma se reúne cada tres meses y reevalúa estos criterios, que pueden servir de brújula para saber cuándo la crisis sanitaria dejará de considerarse como tal.

Sin embargo, debemos aceptar que una pandemia puede tener múltiples finales y que todos sean válidos; incluso que transitemos el fin de la pandemia y solo nos demos cuenta meses después, con la perspectiva del tiempo y de las cifras. Quizás estamos atravesando el fin social de la pandemia, donde el Covid-19 deja de copar los espacios de información, las personas dejan de interesarse por la enfermedad y la urgencia de la crisis queda atrás, con sus pros y sus contras. Muchas veces, estos finales sociales comportan que disminuya la inversión y la investigación necesaria para atajar de raíz la crisis sanitaria.

También pueden sobreponerse distintos finales epidemiológicos: los ritmos quizás diferirán entre países y entre grupos de población o quizás seguiremos mucho tiempo en niveles pandémicos que, sin embargo, sean diferentes a los de marzo de 2020.

Pero, sin lugar a dudas, nos tenemos que acostumbrar a una idea. El regreso a la normalidad que muchos esperan para afirmar con rotundidad que la pandemia ha terminado probablemente no vaya a existir: la crisis sanitaria ya ha cambiado nuestras sociedades, vidas, trabajos y economías; millones de personas vivirán con Covid persistente durante años; familias y amigos de todo el mundo llorarán todavía a seres queridos. El Covid-19 nos hizo abandonar para siempre una normalidad que ahora deberemos reconstruir con nuevas reglas de juego que todavía no están claras.