Jon Rahm, el milagro que necesita Europa para esta Ryder Cup

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KOHLER, WISCONSIN - SEPTEMBER 21: Jon Rahm of Spain and team Europe plays his shot from the bunker prior to the 43rd Ryder Cup at Whistling Straits on September 21, 2021 in Kohler, Wisconsin. (Photo by Andrew Redington/Getty Images)
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Se dice que la Ryder Cup no entiende de lógica sino de sentimientos. De nervios atroces y responsabilidad. De euforia desmedida y momentos de magia en los greens. La Ryder Cup es una bomba de emociones que puede explotar en cualquier dirección y de ahí su encanto. Ahora bien, una cosa es apelar a la mística y otra muy distinta, obviar todos los datos que apuntan a una de las ediciones, en principio, más desigualadas de la historia reciente de la competición: de los once primeros de la clasificación mundial, nueve son americanos... y los nueve estarán en el equipo de la Ryder. El único de los doce seleccionados que no está entre los dieciséis mejores del mundo es Scottie Scheffler... y es el vigésimo primero.

Más datos: en seis de las últimas siete ediciones, ganó el local. La única excepción fue el famoso "milagro de Medinah" de 2012, cuando Europa remontó cuatro puntos en los individuales del domingo, algo que no se había producido nunca en la historia. Desde 2015, los estadounidenses se han impuesto en diecinueve de los veintisiete grandes disputados. Lo han hecho, además, con once jugadores distintos. Aquí ha pillado -este mismo año- incluso Phil Mickelson, a sus 51, después de varias temporadas semi-retirado. Hará de vicecapitán en Whistling Straits.

¿Qué tiene que oponer Europa a esta superioridad estadística? Poca cosa. Corazón, garra y esas cosas. Solo cinco europeos están entre los treinta y cuatro mejores del mundo. Solo cinco han ganado un "major" en los últimos siete años. La falta de relevo es tan llamativa que ahí siguen participando Lee Westwood, Sergio García, Paul Casey o Ian Poulter, los cuatro por encima de los cuarenta años, y el segundo mejor clasificado es Rory McIlroy, aún joven (32), pero que ya estuvo en el equipo que ganó la Ryder en 2010, hace once años.

Se mire por donde se mire, pensar en la victoria europea parece una locura. Y, sin embargo, nadie se atreve a descartarla. ¿Por qué? Porque en la Ryder hemos visto a Molinari ventilarse a Tiger Woods, hemos visto a Ian Poulter jugar como Jack Nicklaus, hemos visto a los mejores jugadores del mundo hundirse ante una presión que no controlaban... y porque, entre toda esta marea de números, destaca un nombre por encima de todos. El del mejor jugador del mundo con bastante diferencia ahora mismo: el vasco Jon Rahm, la gran esperanza blanca del golf europeo.

KOHLER, WISCONSIN - SEPTEMBER 22: Jon Rahm of Spain and team Europe and Sergio Garcia of Spain and team Europe walk during a practice round prior to the 43rd Ryder Cup at Whistling Straits on September 22, 2021 in Kohler, Wisconsin. (Photo by Patrick Smith/Getty Images)
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En un deporte con tantos altos y bajos como el golf, la regularidad de Jon Rahm es estremecedora. Suena raro decir esto después de que el fin de semana pasado no consiguiera superar el corte en el Cortinet Championship, pero sus resultados de 2021 son abrumadores: quince torneos disputados, once acabados en el top ten... y entre los cuatro restantes hay que incluir el Memorial, donde se estaba paseando cómodamente cuando dio positivo por Covid y tuvo que retirarse. Este ha sido el año de su victoria en el US Open y su segundo puesto en la FedEx Cup, la competición más lucrativa del mundo del golf.

Hacía tiempo que no se veía a un jugador tan por encima del resto de sus compañeros. Jon Rahm es el equivalente al Seve Ballesteros de los ochenta, que tiraba de un carro de jugadores acostumbrados a la derrota continua ante los estadounidenses. En 2018, Rahm ya consiguió su primer punto en la competición, ni más ni menos que ante Tiger Woods, aunque es cierto que perdió los dos partidos por parejas y que, al fin y al cabo, esa edición tuvo poca historia: Europa ganó con siete puntos de diferencia, la mayor para los europeos de la historia.

Quizá para paliar esa posible falta de experiencia en el torneo, el capitán Padraig Harrington ha decidido emparejarle en la primera jornada con Sergio García, un clásico de esta competición, en lo que se podría entender como la repetición de la mítica pareja Ballesteros-Olazábal o, incluso, posteriormente, Olazábal-García. Sergio, un jugador que se retirará con la sensación de que podría haber acumulado un palmarés mucho más completo, es un águila cuando de la Ryder se trata: esta es la décima edición en la que participa, veintiún años después de la primera. Ha ganado 25,5 puntos para Europa en sus cuarenta y un partidos, con una eficacia especialmente destacable en los enfrentamientos por parejas.

De hecho, es el europeo que más puntos ha conseguido en esta competición: más que Faldo, más que Langer, más que los propios Ballesteros y Olazábal... El milagro de Europa ha de ser el milagro de Rahm y para que ese milagro sea posible, necesitamos a Sergio echando una mano desde el primer momento, desde el primer hoyo. Las posibilidades parecen mínimas, pero luego hay que jugar y eso ya no es tan fácil. Europa siempre es más débil sobre el papel y siempre compite: ha ganado nueve de las últimas doce ediciones, que es una barbaridad. ¿Se repetirá la historia este año? No tiene pinta, pero no se despeguen de sus televisores.

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