Rut Castillo, la primera mexicana que logra el sueño Olímpico en gimnasia rítmica

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Rut Castillo es la primer mexicana que califica en gimnasia rítmica a unos Juegos Olímpicos. / Foto: Getty Images
Rut Castillo es la primer mexicana que califica en gimnasia rítmica a unos Juegos Olímpicos. / Foto: Getty Images

La vida deportiva de Rut Castillo ha sido como montaña rusa, incluso, se ha recuperado de las caídas más pronunciadas para convertirse en la primera mexicana que califica en gimnasia rítmica a unos Juegos Olímpicos.

A sus 30 años —una veterana para debutar—, Castillo abre un sendero hasta ahora inalcanzable para el deporte mexicano, incluso el latinoamericano, en una disciplina dominada a cabalidad por el bloque de Europa del Este.

La gimnasia rítmica es deporte olímpico desde Los Ángeles 1984, solo hay competencias femeniles y únicamente 13 países han ganado medallas olímpicas: 11 europeos (incluida la URSS y el Equipo Unificado de 1992), China y Canadá. Por Latinoamérica solo Brasil ha calificado en tres ocasiones (1984, 1988 y por ser sede en Río 2016).

De ese tamaño es el logro de Rut Castillo.

El primer despegue

El camino de Rut comenzó como muchas historias mexicanas en el deporte, por pasión y con ganas de divertirse.

Inicié la gimnasia a los 10 años, entonces ni sabía qué significaba el alto rendimiento o los Juegos Olímpicos”, admite la originaria de Guadalajara. “En 2007 me sorprendí de ganar medallas en los Juegos Panamericanos de Río, ahí me di cuenta que podía ser buena más allá de México, a un nivel continental. Empecé a trabajar muy duro, mis entrenadoras también se dieron cuenta que yo podía dar mucho más y desde entonces también me empezaron a exigir mucho”.

La vida de Rut cambió con un triunfo y la meta de los Juegos Olímpicos empezó a rondar su mente. En aquellos años, México tenía en la persona de Cynthia Valdez, tres años mayor que Rut, a su principal exponente, pero ambas eran una generación que provocaba ilusiones de incursionar en el mundo inexplorado de la gimnasia artística en Juegos Olímpicos.

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“En 2006 llegó una entrenadora bielorrusa y las prácticas empezaron a ser muy intensas, a veces los entrenamientos terminaban a las 10 de la noche. Me acuerdo que fue un año bien complicado para mí porque iba a la escuela”, recuerda Rut, quien tuvo que mudarse de ciudad y luego dejar de ser estudiante presencial para hacerlo a distancia. 

“Ahí conocí el alto rendimiento, había días que entrenábamos 10 horas al día. La gimnasia es un deporte que requiere muchas repeticiones y para aguantar no hay otra explicación mas que el gusto y la pasión por el deporte, de otra manera no hubiera aguantado las jornadas que involucra ser gimnasta rítmica”, admite.

Del esfuerzo pasó a los mejores resultados, hasta que llegó el descuido… y sus consecuencias. En marzo de 2011, a seis meses de los Juegos Panamericanos en su natal Guadalajara, la mexicana fue notificada que había dado positivo por sibutramina en un control antidopaje. Rut explicó días después de saberse la noticia que declinaba abrir la prueba B, aceptó el resultado y aseguró que consumió un suplemento alimenticio que estaba contaminado.

“Fue sugerencia de mi entrenadora, lo tomé por los beneficios que la alcachofa decía tener. No sabía que tenía otras sustancias”, lamentó entonces.

Un duro golpe que afectó su desarrollo

El golpe fue devastador, para ella y para la gimnasia mexicana porque en las perspectivas de la Conade (el ministerio del deporte de México), Castillo podía ganar la medalla de oro en all around y algunos aparatos, lo que la hubiera acercado a los Juegos de Londres 2012. Rut fue voluntaria en los Panamericanos de 2011 pero se perdió ese ciclo porque la sanción fue de seis meses, pequeña para una infracción de dopaje pero un golpe duro al corazón porque ese medio año incluía los Juegos Panamericanos, el Campeonato Mundial y los clasificatorios olímpicos.

Pero Rut volvió, se convirtió en seleccionada nacional y sumó preseas en eventos regionales. La mexicana se reencontró con el prestigio ante los jueces del mundo y consolidó su lugar en la selección nacional. Entendió que para llegar al sueño olímpico tenía que seguir sacrificándose, entrenando por horas, repitiendo rutinas y no perdiendo de vista el objetivo. A veces llegaron las críticas por su edad, pero ella entendía que ni eso ni los sacrificios eran mayores que unos Juegos Olímpicos.

“A mí lo único que me pesa en realidad es haber estado tanto tiempo lejos de mi familia. De ahí en fuera, no ir a reuniones, fiestas, a una escuela normal porque mi secundaria y prepa era una escuela para deportistas, no me pesa en lo absoluto porque se que eso era para un bien para lograr el objetivo más grande de mi carrera que es la clasificación olímpica. No me arrepiento de nada”, afirma.

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La segunda crisis

Castillo hizo su segundo ciclo olímpico buscando estar en los Juegos de Río 2016, pero el intento se vio cortado un año antes cuando no logró clasificar en el Mundial de 2015. Rut, de entonces 24 años, dijo que se retiraría del deporte. Dejó de entrenar y sus actividades eran ahora la enseñanza, pero en 2017 volvió al escenario para preparar su participación en la Universiada Mundial de Taipei.

Ese fue el nuevo trampolín. De la Univerisada se ligó a los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla 2018 y luego los Panamericanos de Lima 2019, donde no pudo llegar al podio. Entre la decepción por sus errores y el castigo de los jueces hizo una promesa a la prensa: “Siempre las cosas que vemos mal ayudan mucho, estoy segura que me voy a levantar de esta actuación”.

La forma de levantarse era calificar a Tokio 2020, hasta que en marzo de ese año el mundo se detuvo y la pandemia de Covid-19 obligó a la postergación de los Juegos Olímpicos para el verano de 2021. Rut, como todos los atletas, se fue a casa con la incertidumbre de seguir entrenando para una competencia sin fecha sin el lugar adecuado para hacerlo. Seis meses estuvo sin tener un gimnasio a su disposición, pero eso tampoco la detuvo.

Llegó finalmente la confirmación de que buscar el boleto olímpico sería a través del Campeonato Panamericano, en Brasil, a mediados de junio. Y ahí lo hizo. Terminó en la primera posición con 91.500 unidades para quedarse con el último boleto a Tokio 2020. El resultado la convierte en la primera mexicana que califica en la gimnasia artística, y ahora el reto, en términos objetivos, es medirse contra sí misma.

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“Estoy dispuesta a dar todo de mi para hacer las mejores rutinas de mi vida. Las rutinas que hoy tengo si tienen un alto grado de dificultad, creo que puedo elevar mi puntaje del Panamericano haciendo las rutinas más limpias, ese es mi objetivo y disfrutar mi competencia y poder ser un referente de la gimnasia rítmica mexicana”, asegura.

La competencia olímpica será el 6 de agosto en el Ariake Gymnastic Centre, el objetivo es mostrar una rutina sin errores y elegante. Pero también que su actuación sea replicada en México para que en las próximas ediciones olímpicas haya más mexicanas.

El reto, que no es sencillo, lo asume con tranquilidad y sabiendo cuáles son sus virtudes. “Generalmente escojo más canciones clásicas y dramáticas, hay otras gimnastas que se identifican más con música bailables. Yo me considero una gimnasta más plástica, no tan rápida, más expresiva, y con base en ello elegimos la canción que más nos quede”, explica, al tiempo que comparte que esa expresividad y elegancia la lleva incluso en sus aficiones fuera del gimnasio, donde su libro favorito es “Anhelo de vivir”, de Irving Stone, ese mismo anhelo que la llevó a no rendirse hasta lograr su sueño de estar en unos Olímpicos.

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