Rusia se va (lentamente) de Jersón, pero la guerra sigue

Un soldado ucraniano cocina dentro de su trinchera en Mikolaiv, cerca de Jersón (Photo: SOPA Images via Getty Images)
Un soldado ucraniano cocina dentro de su trinchera en Mikolaiv, cerca de Jersón (Photo: SOPA Images via Getty Images)

Un soldado ucraniano cocina dentro de su trinchera en Mikolaiv, cerca de Jersón (Photo: SOPA Images via Getty Images)

El anuncio lanzado ayer por el Kremlin no ha pillado por sorpresa a casi nadie. Rusia se retira de Jersón, una ciudad que tarde o temprano iba a perder ante la creciente presión ucraniana en la región.

La orden dada por el ministro de Defensa, Sergéi Shoigú, culmina un proceso de semanas en el que las tropas rusas y prorrusas han pilotado una evacuación de la población civil afecta y sus autoridades y han terminado por llevarse casi todo de una ciudad que queda sumida en el abandono. Así lo denunciaban las diferentes voces locales consultadas por El HuffPost.

Pero ni Ucrania se fía de la jugada ni Rusia admite una simple retirada. El movimiento ordenado por Moscú supone blindar la margen izquierda del río Dniéper, fundamental para todo el sur del país. No será un proceso rápido, adelantan fuentes de la inteligencia occidental, con un movimiento de tropas previsto de 30.000 unidades.

Zelenski, por ahora, pide cautela. Asume que Rusia ni da “regalos” ni hace “gestos de buena voluntad”. Y aunque celebró anoche la salida de los invasores de Jersón, cree que “nuestras emociones deben ser restringidas siempre durante la guerra”. Él, su equipo y los ciudadanos anónimos temen que en su huída, Moscú haya dejado numerosas bombas escondidas. “Hasta se teme que hayan dejado militares disfrazados de civiles”, añade un vecino a este medio.

Un día después, el gobernador prorruso de la región, Vladimir Saldo, ha asegurado que la retirada aunque ha sido una decisión difícil”, también es una “causa justa” que permitirá a Moscú recuperar territorio ucraniano en un futuro.

El intento ruso de blindar la parte occidental del río Dniéper es algo más que un repliegue. Este gran río cruza entero Ucrania de norte a sur, hasta tocar la frontera con Bielorrusia. Nada más comunicar su salida de Jersón, las autoridades rusas han anunciado el inicio de una serie de maniobras militares de “preparación” en esta margen derecha.

Aunque todo el foco mediático esté ahora sobre la gran capital del sur, la guerra sigue en otros puntos. A las puertas de la ciudad, Ucrania ha confirmado la liberación de otras 12 localidades cercanas en las últimas 24 horas. Desde el 1 de noviembre, el Ejército de Zelenski ha recuperado 41 asentamientos en la región, como apunta el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas nacionales, Valeri Zaluzhni.

Así, ha resaltado que las fuerzas ucranianas han avanzado siete kilómetros en cada una de las direcciones, “liberando” territorios en más de 200 kilómetros cuadrados. “Continuamos nuestra operación ofensiva según nuestro plan”, ha destacado, antes de decir que Kiev “no puede confirmar o negar la información sobre la retirada de tropas de ocupación rusas de Jersón”.

Lejos del frente, pero bajo los efectos de las bombas, Kiev y otras 15 regiones del país mantienen restricciones eléctricas a causa de los daños causados por las bombas rusas en las infraestructuras ucranianas. El tiempo para garantizar un suministro eléctrico y calorífico apremia, el invierno climático ya se empieza a sentir en Ucrania, un país que puede llegar a registrar mínimas muy duras para una población sin calefacción.

Desde el otro lado, los prorrusos acusan a Ucrania de haber causado la muerte de al menos dos personas, además de herir a cuatro, en un ataque contra la localidad de Krinichnoe en Lugansk.

100.000 bajas en cada bando, según EEUU

La otra guerra, disputada fuera de la geografía ucraniana, es la del relato. Ante el silencio informativo de Moscú, EEUU ha afirmado que Putin ha sufrido “más de 100.000” bajas, incluyendo muertos y heridos de gravedad, una cifra que será “probablemente similar” en el bando ucraniano, como ha apuntado el jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, Mark Milley.

Pese a la difícil situación actual, Washington no cierra la puerta a algún tipo de fin negociado del conflicto si las líneas de frente se estabilizan durante el invierno. “Si hay una oportunidad de negociar y lograr la paz, hay que aprovecharla”, ha explicado el propio alto mando militar. Sin embargo, en caso de que las negociaciones no fructifiquen, Washington seguirá entregando armamento a Ucrania, al tiempo que ha incidido en que “debe haber un reconocimiento mutuo (en Ucrania y Rusia) de que una victoria militar en el verdadero sentido de la palabra podría no ser algo posible por medios militares”.

Es el día 260 de una guerra que va para muy largo.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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