La ruptura en diferido de Junts en Cataluña refleja lo que cuesta soltar el poder

Tras varios meses de tensiones permanentes y mensajes cruzados, finalmente se ha roto la cuerda en el Gobierno catalán. La decisión del presidente Pere Aragonès de expulsar de su Gobierno al vicepresidente Jordi Puigneró ha evidenciado las diferencias más que evidentes entre ERC y Junts.

Ahora el Ejecutivo catalán, formado hace poco más de un año, pende de un hilo, pero los dos partidos van a tardar un tiempo en decidir si se separan definitivamente o si se dan una segunda oportunidad. Y es que entre medias, hay mucho en juego.

Los líderes de Junts tras la destitución de Puigneró. (Photo By David Zorrakino/Europa Press via Getty Images)
Los líderes de Junts tras la destitución de Puigneró. (Photo By David Zorrakino/Europa Press via Getty Images)

De momento, Junts ha decidido aplazar su decisión de abandonar el Govern hasta los próximos 6 y 7 de octubre. Esos días el partido consultará a la militancia y en función del resultado permanecerá apoyando a ERC o se incorporará a la oposición. En el horizonte, la convocatoria de elecciones empieza a cobrar fuerza.

La permanencia o marcha del Ejecutivo no es una decisión baladí. Pese a la humillación sufrida por la formación conservadora con el órdago de Aragonès, irse del Govern supone perder 250 cargos y más de 20 millones de euros en sueldos. Una fuente de poder a la que Junts no está dispuesto a renunciar fácilmente.

Además, esta crisis llega en un momento particularmente delicado. En apenas unos meses habrá elecciones municipales en toda España y los dos partidos independentistas luchan por liderar en la mayoría de ayuntamientos catalanes.

En este sentido, Junts se encuentra en un callejón sin salida. Desde que empezó a gobernar ERC, ha ido perdiendo foco y salir del Govern y pasar a la oposición haría que se escenificara aún más la ruptura independentista, provocando quizás una desmovilización general.

Por el contrario, si se mantiene, lo más normal es que siga ocupando un segundo plano y los republicanos mantengan el liderazgo de las fuerzas secesionistas. Así pues, haga lo que haga, la situación en este momento para el partido es complicada.

En las últimas encuestas, además, muestra un claro retroceso. El sondeo del mes de julio del barómetro del Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Generalitat reflejó que Junts pasaría de los 32 escaños actuales a una horquilla entre 22 y 27. Un varapalo fuerte que señala la débil posición de la formación.

Con este escenario, es normal que piensen dos veces qué decisión tomar. Y un buen reflejo de lo mucho que cuesta dejar el poder. Veremos qué termina pasando.

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