Ruido: cuándo es un problema y cómo minimizar su impacto en la salud

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El sonido es la sensación que una persona experimenta cuando llegan a su oído ondas sonoras con frecuencias dentro del rango audible. Estas ondas avanzan por el canal auditivo hasta el oído medio, donde el tímpano y tres pequeños huesecillos se encargan de transmitir la señal hasta la cóclea. Es allí donde unas células ciliadas responden al movimiento generando unos impulsos eléctricos que, a través del nervio auditivo, llegan a la parte del cerebro donde se produce la sensación de sonido.

La unidad con la que se evalúa la intensidad de un sonido, que tomó su nombre del inventor del teléfono Graham Bell, es el decibelio (dB).

El ruido es considerado como un sonido indeseado o una sensación auditiva desagradable y molesta que puede llegar a tener efectos sobre la salud. No fue considerado oficialmente como agente contaminante hasta el Congreso de Medio Ambiente organizado por las Naciones Unidas en Estocolmo en 1972. A partir de entonces, la emergente Comunidad Económica Europea requirió a los países miembros un esfuerzo para regular legalmente la contaminación acústica.

En España, la Ley 37/2003 vino a homogeneizar la dispersa reglamentación que sobre el tema había. Tiene por objeto regular la contaminación acústica para reducir los daños que pueda provocar en la salud humana, los bienes o el medio ambiente.

Efectos sobre las personas

El ruido puede atentar gravemente contra la salud, provocando ciertos efectos, todos perjudiciales y de diferente índole. De hecho, está comprobado que, a exposiciones intensas al ruido, la pérdida de capacidad auditiva puede convertirse en sordera. Se producen sorderas transitorias a causa de exposiciones prolongadas a niveles de 50 a 60 dB, o bien por exposiciones puntuales a ruidos de impacto.

Estas sorderas son generalmente recuperables ya que no provocan lesiones. Sin embargo, aumentando el umbral de exposición hasta los 75 dB en casos prolongados o hasta los 110 dB de manera puntual, pueden aparecer lesiones en el oído, produciéndose sorderas permanentes y no recuperables que suelen venir acompañadas de otros efectos, como vértigos o estrés.

Las personas afectadas por el ruido de forma prolongada o aquellas que hayan visto afectada su tranquilidad, descanso o concentración, pueden desarrollar síntomas como cansancio crónico, tendencia al insomnio, afecciones cardiovasculares, trastornos del sistema inmune, trastornos psicológicos (depresión, manías, irritabilidad, ansiedad, jaquecas, náuseas, neurosis o psicosis), trastornos de conducta y hostilidad, mal humor o agresividad.

Ruido en el entorno laboral

Puesto que pasamos mucho tiempo en los lugares de trabajo, la exposición de los trabajadores al ruido debería reducirse para así prevenir y evitar daños importantes en la salud.

La exposición al ruido en el trabajo es uno de los riesgos a los que están expuestos muchas personas a diario, sobre todo en determinados sectores donde se utiliza maquinaria específica para la realización de diferentes menesteres. A veces, se considera que el ruido al que está expuesto un trabajador es inherente al desempeño de su tarea y es un error, aunque se esté acostumbrado a su presencia.

El Real Decreto 286/2006 sobre la protección de la salud y la seguridad de los trabajadores contra los riesgos relacionados con la exposición al ruido establece la forma de proceder para minimizar los efectos del ruido en el ambiente laboral.

El procedimiento de actuación se clasifica en tres áreas:

  • Actuación sobre el foco generador del ruido: redistribución y aislamiento de los focos de ruido.

  • Actuación sobre el medio trasmisor: colocación de barreras deflectoras entre el foco de ruido y el receptor.

  • Actuación sobre el receptor o trabajador: utilización de tapones, cascos, orejeras, etc. Vigilancia de la salud de los trabajadores expuestos e inspecciones del entorno de trabajo de manera periódica. Reducción del tiempo de exposición. Formación del trabajador sobre el riesgo debido a la exposición de ruido.

Nivel de ruido en un laboratorio de investigación

Para averiguar niveles de ruido, colocamos dos sonómetros en un laboratorio de investigación. El sonómetro es un instrumento diseñado para medir los niveles de presión sonora ponderados en frecuencia y en tiempo. Generalmente, consta de un micrófono, un procesador de señal y un dispositivo de presentación de resultados.

Estos instrumentos disponen de dispositivos de ponderación de frecuencias, los llamados filtros de ponderación A, B y C, que permiten el paso de la mayoría de las frecuencias, pero discriminan otras.

El filtro más utilizado es la red de ponderación A, desarrollada para simular la curva de respuesta del oído humano a niveles de intensidad acústica moderados. La lectura obtenida se le denomina nivel de presión sonora en dBA. Es decir, el sonómetro responde al sonido aproximadamente igual que el oído humano, proporcionando medidas objetivas y reproducibles.

El objetivo del estudio era comprobar el cumplimiento de la normativa sobre ruido al que están expuestos los investigadores de un laboratorio y proponer medidas para disminuir el ruido en caso de que fuera necesario.

Para ello, tomamos medidas en intervalos de tiempo a lo largo de 5 días. Las magnitudes utilizadas en la estrategia de medición en el laboratorio han sido el nivel de presión acústica ponderado según la curva A (en dBA) y el nivel de pico, que es el nivel de presión sonora máxima alcanzada en un instante de tiempo ponderado según la curva C (en dBC).

Estas medidas se llevaron a cabo en un laboratorio donde se estaban estudiando reacciones de interés atmosférico y donde el uso de bombas de vacío, generadores, analizadores y demás equipos es el pan nuestro de cada día y son fuentes de ondas sonoras y, por tanto, de ruido.

Medidas para evitar el malestar

Comprobamos que en los cinco días muestreados se registraron valores medios de nivel de intensidad acústica ponderada A menores que 87 dBA y niveles de pico de ruido ponderado C inferiores a 140 dBC. Por tanto, podemos concluir que los investigadores no estaban expuestos diariamente a niveles de ruido que sobrepasasen los valores legislados por el RD 286/2006, por lo que no existe riesgo para la salud.

Sin embargo, al superar los 55 dBA en la totalidad de los días medidos, se genera un malestar en el puesto de trabajo. Por lo tanto, es recomendable tomar diferentes medidas preventivas para combatir los efectos nocivos del ruido sobre los científicos que trabajan en este laboratorio, ya que con los datos obtenidos no es recomendable la realización de tareas y trabajos que requieran de concentración.

Las medidas propuestas son:

  • Utilizar cascos, orejeras y tapones en el lugar de trabajo cuando sea necesario, señalizando en la puerta de entrada el uso obligatorio de protección auditiva en su interior.

  • Redistribuir el laboratorio con la implantación de pequeñas barreras acústicas sobre los focos emisores.

  • Adquirir equipos que generen menos ruidos, una vez haya que renovarlos.

Son medidas concretas para este caso pero extrapolables a otros ámbitos.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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