Rozalén atrapa al público madrileño en su “bosque” en dos noches mágicas

Madrid, 9 jul (EFE).- Rozalén salió por la puerta grande del Wizink Center este viernes, donde, en los dos días ha atrapado en su “bosque” mágico a cerca de 10.000 personas, presentando por primera vez en la capital su nuevo disco “El árbol y el bosque”.

El éxito de la cantautora hizo que se agotaran las entradas para sendos días (jueves y viernes) en menos de 24 horas, y es que no es para menos ya que, María de los Ángeles Rozalén (Albacete, 1986), se ha convertido en una de los artistas que más discos y entradas vende en España.

Pasadas las 20:45 y bajo los ánimos de sus seguidores al grito de “¡que empiece ya!” comenzaba el concierto, pero la espera se hizo amena ya que previo al show de la castellano-manchega actuó la banda telonera Travis Birds.

Unas enérgicas Rozalén y Beatriz Romero (intérprete de lengua de signos) saltaban al ruedo para hacer vibrar a todo el público madrileño que ansiaba subirse a este viaje con “Este tren” y dejarse llevar por los ritmos pop-rockeros y emociones que ponía la artista albaceteña con cada golpe de voz.

“¡Ay qué ganas de llorar tengo!. Estoy muy emocionada porque además es nuestra segunda noche en el Wizink Center, así que gracias, gracias con mayúsculas por haber comprado una entrada y apoyar a la cultura que ahora lo está pasando muy mal. Poco a poco me iré relajando, pero es un regalazo veros las caras de nuevo”, confesó en el discurso inicial.

Después de las tres primeras canciones, la cantautora se enfrentó con aquellos que critican la inmigración y defendió que “todas las vidas son iguales, y que nadie abandona su familia, hogar e historia si no es por un motivo de peso”, con su sencillo “La línea”.

Mientras, a su espalda, en la pantalla de 16 metros de ancho, se proyectaron diferentes imágenes de personas que cruzaban vallas con alambres, que navegaban en el mar con una patera o de campos de refugiados. Todo ello lo relacionó con un poema de Cristina Peri Rossi que dice: “Partir es siempre partirse en dos”.

Con otro poema de Miguel Hernández enlazó la canción “Justo” (nombre del hermano de su abuela que fue sepultado en una fosa común en la Guerra Civil), un tema que habla y reivindica la memoria histórica.

Con sutileza recibió al cantante Macaco que vino para acompañarla a cantar “La Distancia”, una balada pop que narra la historia de un amor a distancia de una pareja. “Vaya regalazo me estás haciendo amigo, ha venido a todos mis conciertos -se dirigía al público-. Mil gracias por estar aquí y cantar esta preciosidad”, decía con emoción.

Con unos nervios de emoción, los ojos llenos en lágrimas y la voz quebrantada ha interpretado “Aves enjauladas”, canción que se convirtió en todo un himno en el confinamiento por el Coronavirus. “Ya nadie se atreverá a burlar lo importante/ la calidad de la sanidad será intocable”, cantaba la artista, momento en el que el público estallaba en alaridos y aplausos al recordar todo el trabajo que ha hecho la sanidad en esta pandemia.

Tras “Mar en el trigal” y “La maza” vino el segundo invitado de la noche, el cantante asturiano Rodrigo Cuevas, con quien interpretó “Rambalín”, un sencillo dedicado a Rambal, un joven gay y travesti que fue asesinado a puñaladas en 1976 y que hoy se ha convertido en todo un icono de Gijón.

“A día de hoy nos siguen asesinando por ser diferentes, por ser mujeres, de otro color. No nos podemos permitir el lujo del silencio, porque no se lo merecen. Le escribí esta canción a Rambal porque su juicio no fue resuelto y, a modo de justicia, le escribí esta canción, porque lo que perdió de gloria que lo gane de eternidad”, señala el asturiano.

Con “Loba” y “Que no que no”, Rozalén salió a cantar contra del machismo y la opresión hacia la mujer. Esta última fue con la que Íciar Bollain cerró su cinta “La boda de rosa” y que, gracias a ello, ganó este año el Goya a Mejor Canción Original.

En mitad del concierto se ausentó unos minutos para cambiarse de ropa a la par que de registro. Pasó de una chaqueta blanca con flores a un vestido negro con un chal rojo para interpretar canciones “más movidas y menos de llorera” como “Vivir” y “El día que yo me muera”.

También hubo tiempo para ponerse nostálgicos recordando sus éxitos de discos anteriores como “80 veces”, “Comiéndote a besos”, “La puerta violeta”, “Y busqué” y “Girasoles”, temas con los que a los asistentes les costaba no moverse de sus asientos.

Llorando también se despidió de su público: “Amigas y amigos esto es un hasta luego. Gracias de nuevo por venir y apoyar a la cultura. Vamos a hacer una promesa y seamos mejores, cuidemos a ese arbolito para que se ponga mejor”, concluía una de las noches “más mágicas” para la albaceteña. Silvia García Herráez

(c) Agencia EFE

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