Rosa Díez ha vuelto para ¿quedarse? en el PP

La exlíder de UPyD, Rosa Díez. AFP PHOTO / PIERRE-PHILIPPE MARCOU

Los tiempos van cambiando. Y con ello los partidos. Recuerden el colmillo afilado que demostró el PP en las elecciones generales de abril -foto de Colón-, el giro al centro que acometió un mes después para los comicios autonómicos, y el definitivo paso a la moderación que enfila ahora para la campaña de la repetición electoral. Para ello se necesitan candidatos y dirigentes que se acoplen bien a tanto cambio. Y si alguien domina la habilidad de la metamorfosis y ha demostrado dar los volantazos más arriesgados y extremos en la política nacional es Rosa Díez. Hasta el punto de que su nombre suena como posible fichaje mediático del PP para el 10-N.

Pablo Casado no está del todo convencido, pero colaboradores muy cercanos al líder del PP como Cayetana Álvarez de Toledo así se lo han sugerido. Y ella se está dejando querer. La pasada semana incluso se dejó ver en un acto de los populares definiéndose como "una española sin partido".

Una frase con la que se presentaba a filas en caso de que el PP y Cs acordaran una alianza electoral bajo el nombre de España suma. Y como esto parece que no va a suceder, pues Díez ha echado el currículum para entrar directamente en el PP. Sin pasos intermedios para disimular su enésimo volantazo.

Porque hay que recordar los orígenes de la política bilbaína. Los más jóvenes del lugar no lo recordarán, pero hace varias décadas, en los años 90, Díez fue consejera del Gobierno vasco como dirigente socialista en un Ejecutivo de coalición con el PNV. Los tiempos en los que el PSOE apuntalaba gobiernos nacionalistas con tanta facilidad que incluso en el contrato figuraban varias consejerías como pago por los escaños prestados.

Su sintonía con los ideales socialistas fue tal que Euskadi se le quedó pequeña e intentó un salto triple mortal presentándose en el año 2000 a la Secretaría General del PSOE. La jugada no le salió bien, pero no puso problemas en apoyar al candidato elegido -José Luis Rodríguez Zapatero-. La recompensa fue el puesto de eurodiputada en el Parlamento Europeo.

Allí estuvo hasta 2007 año en el que debió de revisar su hoja de servicios quedando profundamente insatisfecha. Se dio de baja del PSOE y fundó un nuevo partido despotricando del papel del PSOE en la ruptura "del Pacto sobre el modelo del Estado, los pactos con los partidos nacionalistas sobre cuestiones de Estado, la ruptura del Pacto Antiterrorista".

Un nuevo partido, decíamos. ¿Progresista? ¿Nacionalista? ¿De izquierdas? No, no y no. Díez cofundó Unión Progreso y Democracia (UPyD) a partir de la Plataforma Pro. Su liderazgo quedó fuera de toda duda. Pese a que nunca se confirmó que el color del partido -el rosa- fuera un guiño a sí misma, Díez fue portavoz del partido en el Congreso de los Diputados. Tarea que compatibilizó con la presidencia de su Consejo de Dirección. El famoso partido bisagra se convirtió en azote del PSOE... y del PP. Porque Díez no es de tener amistades duraderas en la política.

De hecho, su acercamiento al PP se ha producido justo cuando su expartido, el que ella fundó, negocia con Cs una posible alianza de cara al 10-N. Díez enemiga de su otro yo. Uno de sus otros ‘yos’, el de la pasada década. Es una política de raza y añora la primera línea. Ella misma lo ha reconocido al señalar que "echa en falta" el Congreso". No es que le gusten los ideales del PP o los postulados de su líder Pablo Casado. Ella, sencillamente "echa en falta el Congreso".

El caso es que su proyección gusta al PP. Es consciente de que tarde o temprano Díez les puede dar la espalda, como lo hizo con el PSOE y con UPyD. Pero el PP no piensa a largo plazo como demuestran sus volantazos de este 2019. Exprimirá a Díez todo lo que pueda y se aprovechará de su figura para intentar atraer votantes moderados que en otras ocasiones han votado a Ciudadanos. España Suma no se hará por la negativa de Albert Rivera, pero el PP piensa apropiarse del nombre y usarlo como eslogan. Y en esa suma, está Díez.