Roger Federer no sabe cómo decirnos adiós... y eso duele

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LONDON, ENGLAND - JULY 07: Roger Federer of Switzerland in action during the Men's Singles Quarter Final against Hubert Hurkacz of Poland (not pictured) at The Wimbledon Lawn Tennis Championship at the All England Lawn and Tennis Club at Wimbledon on July 7th, 2021 in London, England. (Photo by Simon Bruty/Anychance/Getty Images)
Roger Federer no se retira, pero probablemente no pueda jugar el próximo Wimbledon tampoco. Foto: Simon Bruty/Anychance/Getty Images

¿Cuántos años llevamos fijando una fecha para la retirada de Roger Federer? Recuerdo cuando hablábamos de Londres 2012, sobre el pasto de Wimbledon, como la oportunidad perfecta si conseguía su anhelado oro olímpico. Recuerdo, también, los rumores cuando ganó Australia en 2017 (35 años por entonces) y puso en duda que fuera a volver al año siguiente. Recuerdo, por supuesto, la cita olímpica de Río (a la que no pudo ir por lesión) y la de Tokio (tres cuartos de lo mismo), especialmente tras el patrocinio de Uniqlo que apenas ha podido vestir.

Entre tanta vuelta heroica de Nadal, tanta polémica con Djokovic y tanto emerger de Medvedev y las nuevas generaciones, es curioso cómo nos hemos olvidado de Roger Federer. Ya nadie cuenta con él en los debates sobre el mejor de la historia, ya todo el mundo parece haber olvidado lo inmensamente felices que nos hizo a los aficionados no solo con sus triunfos sino con su juego de fantasía durante dos décadas. Parece que hiciera décadas de los últimos cuartos de final que jugó en Wimbledon (spoiler: fue el año pasado) y siglos de aquella final contra Djokovic en la que se puso 8-7, 40-15 y saque en la final.

El pasado en la vida y especialmente en el deporte vale de muy poco. Continuamente, estamos creando nuevos ídolos, nuevas narrativas, nuevas ilusiones... y Federer se ha quedado ahí, estancado. No es historia aún del tenis porque no está retirado. No es presente porque no juega. En los últimos dos años y un mes, ha disputado apenas cinco torneos; eso es todo lo que aguantó su cuerpo tras volver de su misteriosa lesión de invierno de 2020. Desde julio de 2021, no hemos vuelto a verle más que asistiendo en muletas a la Laver Cup, torneo que co-organiza.

¿Qué le pasa exactamente a Federer? No lo sabemos. Eso es quizá lo que más duele de todo. Si le pudiéramos poner un nombre a su lesión y unas expectativas de tiempo, quizá podríamos olvidarnos y esperar, sin más. Si supiéramos que no hay solución posible, que no volverá jamás a las pistas, podríamos llorar a gusto, darle el merecido homenaje y mirar al futuro desde la nostalgia. Sin embargo, lo que tenemos, casi desde el principio, es una serie de comunicados, de filtraciones, de declaraciones de gente que le conoce a medios suizos o alemanes...

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El último en hablar ha sido Severin Luthi, el capitán suizo de Copa Davis, amigo personal de Roger y miembro de su cuerpo técnico desde hace una década. En declaraciones al periódico "Tages Anzeiger", recogidas por el portal Punto de Break, Luthi dice que ve muy difícil que Federer llegue a Wimbledon (quedan cuatro meses) y complicado que pueda llegar a disputar algún partido en 2022, el año en el que cumple 41. Al parecer, la rehabilitación va más lenta de lo esperado y conviene ser prudentes.

Llevamos dos años escuchando la misma frase hecha. "La rehabilitación va más lenta de lo esperado", pero seguimos sin saber de qué se está rehabilitando Federer. De la rodilla, vale, pero, ¿qué pasa en esa rodilla? Se comentó algún problema en el menisco, como el que tuvo en 2016, pero no hay menisco que te tenga dos años en el dique seco. ¿Cuál es exactamente esa lesión que le ha hecho pasar por quirófano, de dónde provienen los dolores que le impiden competir, qué clase de rehabilitación está llevando a cabo?

No hace tanto que el propio Federer anunció que disputaría la Laver Cup de este año junto a Rafa Nadal, insinuando incluso que podrían formar pareja de dobles, como hicieron en 2017. Parecía convencido, con bromas en redes sociales y todo. La Laver Cup está programada para septiembre, después del US Open. ¿Puede convertirse en un evento de despedida y homenaje al jugador suizo, el mejor que yo he visto sobre una pista de tenis y nadie me va a convencer de lo contrario?

Sería una excelente oportunidad, desde luego, porque, seamos honestos, es muy complicado imaginar una vuelta competitiva de Federer. Es cierto que, medio cojo, hizo cuartos de final en Wimbledon, pero con un cuadro muy sencillo. Tampoco sé si tiene sentido jugar solo Wimbledon todos los años a ver qué pasa. O disputar los cuatro grandes y punto. ¿Para qué prolongar la agonía? Da la sensación de que Federer no sabe cómo decirnos adiós y así van pasando los meses y todos nos quedamos esperando algo que probablemente no suceda nunca: su regreso, al cien por cien, a las pistas.

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