Rivera se ata un cordón sanitario al cuello

El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, el pasado domingo. EFE
El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, el pasado domingo. EFE

Ciudadanos ha decidido arrancar la precampaña electoral confirmando la existencia de un compromiso electoral. Pero no es sobre el empleo, contra la corrupción o a favor de la mejora de la Sanidad. Se trata de una promesa con sus votantes acerca los hipotéticos pactos postelectorales que puedan derivarse de las elecciones generales. O, mejor dicho, acerca de los no pactos. Porque Albert Rivera ha confirmado que en ningún caso llegará a acuerdos con el PSOE de Pedro Sánchez pase lo que pase el 28-A.

De esta forma Ciudadanos marca una línea roja peligrosa para ellos mismos. Teniendo en cuenta que los comicios de 2015 dejaron a Ciudadanos como el partido bisagra permitiéndole venderse al mejor postor ofreciéndose -y llegando a preacuerdos- con el PSOE, primero, para en la repetición de elecciones de 2016 hacerlo con el PP, suena raro que ellos mismos se peguen un tiro en el pie y compitan cojos en los comicios pudiendo mirar solamente hacia la derecha del espectro político. ¿Qué ha pasado entonces?

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Se trata de una medida desesperada de un partido que ve cómo las encuestas les están restando votos a medida que se acerca la cita con las urnas. Con el auge del ultraderechismo y la radicalización del PP para asemejarse a Vox, Ciudadanos se ha quedado en tierra de nadie. Mientras no ha tenido que mojarse Albert Rivera ha vivido cómodamente gracias a su supuesta transversalidad. Pero ese centrismo se ha demostrado como falso tras el pacto a tres en Andalucía.

Y la foto de Colón ha sido directamente una soga el cuello para la formación naranja. Una vez que firmas con la derecha, no puedes ser el menos de derechas por mucho que lo intentes blandiendo banderas arcoíris por los derechos del colectivo LGTBI mientras posas junto a Santiago Abascal y Pablo Casado.

Esos volantazos no gustan a sus electores que ahora dudan de si, cuando llegue la hora de pactar, se escorarán al centro o a la derecha. Así que, habiendo firmado a pie de página el acuerdo para la Junta de Andalucía, a Rivera solo le queda ir a la derecha con todo. Para, al menos, retener a esos votantes desencantados con la corrupción del PP. Por eso dice no querer tener nada que ver con partidos que dialoguen con formaciones independentistas.

Este anuncio prematuro también es negativo para Rivera porque al votante de izquierdas moderado ya lo ha perdido. ¿Cómo le explicas que es peor pactar con el PSOE que con Vox y que con Santiago Abascal no hay líneas rojas?

Pero pongamos que Ciudadanos y PSOE dan mayoría, ¿qué hará entonces Rivera? ¿Dejar pasar el tren de formar Gobierno en España porque en febrero prometió no hablar nunca más con Pedro Sánchez? De acuerdo, es un escenario poco probable. Entonces vayamos un mes más lejos.

¿Y si un acuerdo PSOE y Ciudadanos le permite alzarse con el Ayuntamiento de Barcelona? ¿O con la presidencia de Castilla-La Mancha como ocurrió en 2015? Rivera ha colocado un cordón sanitario que a nada que le tire un poco de los extremos le puede formar un nudo asfixiándole electoralmente hablando.

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