El riesgo de hacer campaña electoral en medio del conflicto armado colombiano

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La "normalidad" en la campaña electoral en las grandes ciudades colombianas, contrasta con el peligro de implicarse en política en las zonas donde el conflicto sigue vigente. Un equipo de France 24 viajó hasta Saravena, en el departamento de Arauca, para comprobar cómo es hacer campaña para las elecciones presidenciales del 29 de mayo.

En Saravena no hay apenas publicidad electoral. En esta población hay puestos de vigilancia tiroteados, restos de autos que estallaron como bombas y un anillo de seguridad. Este último está en el centro urbano y es el único lugar del municipio en el que se ve publicidad electoral de la derecha colombiana.

El anillo consiste en una manzana de cinco calles donde viven autoridades y personas amenazadas. Entre trincheras policiales y vallas, destaca una casa, totalmente empapelada de carteles electorales del candidato Federico Gutiérrez.

Dos jóvenes de la campaña de Gutiérrez prefieren ocultar su identidad. Tan solo se atreve a hablar públicamente Yecid Lozano, exalcalde de Saravena, quien ha sido víctima de cuatro atentados y un secuestro. Se moviliza con seis escoltas, repartidos en dos coches blindados.

Y eso, pese a ser, como asegura, el primer habitante vivo registrado en Saravena. El municipio, fundado en 1976, tiene más de 40.000 habitantes. Yecid llegó junto a las personas que tenían que instaurar la institucionalidad en ese lejano lugar. Al mismo tiempo arribaron los conocidos en Colombia como colonos, para aprovechar las fértiles tierras araucanas.

El amor por el trabajo está en el ADN de los colombianos; una vía por la que alejarse del dinero fácil de los negocios ilícitos. También, de fondo, un sistema con poco derechos laborales y oportunidades. El trabajo y las empresas son el principal argumento de apoyo de Yecid Lozano al candidato Federico Gutiérrez:

"'Fico' viene con una propuesta política democrática, de fortalecer las grandes empresas. Porque cuando terminemos con estas, acabaremos con la oportunidad laboral y los colombianos no somos zánganos, nos gusta trabajar", un argumento que le sirve de prólogo antes de atacar al país vecino, con el que Arauca comparte frontera: "Aquí no hay subsidios, es el problema de los venezolanos, porque aquí hay que pagar todo y allí todo se lo dan".

En el departamento tiene gran presencia el Ejército de Liberación Nacional (ELN), fundado en los años 60, y de tendencia marxista-leninista. Una dimensión ideológica opuesta a Lozano: "Dicen que estamos en territorio enemigo, pero siempre ganamos".

En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2018, el actual presidente derechista, Iván Duque, se llevó el 64,94% de los votos, contra el 31,54% del izquierdista, Gustavo Petro.

Pese al contexto electoral favorable, Lozano es el único de la familia que sigue en Saravena: "Hacer campaña por 'Fico' es riesgoso para las personas y las propuestas nos toca hacerlas por redes sociales".

Guerra, guerra y guerra

El Estado nunca ha terminado de tener una total presencia en Arauca y las guerrillas han aprovechado históricamente esa debilidad.

Durante más de 40 años el ELN y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) han estado presentes en el departamento de Arauca, generando distintos conflictos entre estos dos grupos armados.

Entre 2006 y 2010 hubo una guerra que causó más de mil muertos. Tras un pacto de paz, ambas guerrillas se repartieron el territorio, el norte quedó en manos del ELN; el sur, bajo control de las FARC. En ese momento, con la iniciativa de los campesinos, se erradicaron las plantaciones de coca, hasta el punto de que Arauca fue declarado territorio libre de cultivos ilícitos.

La coca fue sustituida por otras plantaciones como el plátano y el cacao, además de apostar por la ganadería, una industria que supone el 28% de la total en Colombia.

Sin embargo, la financiación de los grupos armados continuó desde la extorsión a las empresas petroleras. Además, la fortaleza de las guerrillas se ha debido a la cooptación social y política. Los dos últimos gobernadores, pertenecientes a partidos de derecha, están en prisión por vínculos con el ELN.

La izquierda, amenazada

Nelson Suárez camina por el Parque Modelo de Saravena. Entrega una revista publicitaria a una pareja de jóvenes:

- Apostamos por la fórmula de Gustavo Petro a la presidencia y Francia Márquez a la vicepresidencia. ¿Será que puedo convencerlos?

- Es el candidato que más se acerca a mis ideales.

- ¡Eso!

Tiene 27 años, estudió Ciencias Políticas en una universidad pública, en Bogotá, la capital, y regresó a su municipio para trabajar en el ámbito social. Es líder de barrio y está coordinando la campaña del partido izquierdista Pacto Histórico en Saravena.

"Necesitamos que se produzca el cese de la violencia, pero también que se atiendan las causas que la producen, y el mejor candidato para ello es Gustavo Petro", afirma.

Desde la derecha hay quien le señala de estar en alianza con las guerrillas, al relacionar izquierda política, con la izquierda fundacional de dichos grupos armados.

Sin embargo, Nelson tuvo que salir dos meses del departamento, amenazado por Antonio Medina, un cabecilla de las disidencias de las FARC. Este había declarado como objetivo a toda persona que oliese a compromiso social, bajo la acusación de estar en conexión con el ELN.

Con el acuerdo de paz de 2016 entre el Estado y las FARC, las zonas que quedaron libres fueron ocupadas por el ELN. Pero con la irrupción de las disidencias, estas han estado tratando de recuperar el control de las rutas de tráfico ilegal que pasan por Arauca hacia Venezuela.

Esto provocó el inicio de un conflicto entre ELN y disidencias en 2019 en territorio venezolano. Desde enero de 2022, los enfrentamientos traspasaron la frontera colombiana: más de 160 personas han sido asesinadas en los cinco primeros meses del año en el departamento de Arauca.

Acostumbrarse a no acostumbrarse

En medio de cualquier conflicto, siempre están los civiles. Y con la voluntad de vivir, se normaliza lo anómalo. En este contexto, Yehin Cañas, comerciante y presentadora de la televisión local, organiza un evento llamado "Cultura al Parque".

Es sábado por la mañana y entre los distintos eventos hay una feria de emprendimiento. Se venden productos naturales para pelos afros, pasando por artesanías a base de bolsas plásticas, y hasta arepas rellenas, comida con la que Arauca se da la mano con Venezuela.

También conciertos: música llanera tradicional, rancheras mexicanas y música urbana, desde rap hasta hip hop, con grupos de baile con los que suena el reggaeton.

Los saravenenses se acercan a esta fiesta, donde la guerra queda lejos, al menos, un rato. Lejos también queda la política. Para Yehin Cañas siempre hay promesas, pero el Estado nunca llega ni termina de negociar con los grupos armados: "Da igual izquierda o derecha. Estamos cansados de siempre lo mismo".

Hay poca expectación por las elecciones en Saravena; el clamor es por un nuevo acuerdo de paz integral, que incluya al ELN. Un sueño, como todos, utópico, después de décadas de conflicto, en el que los saravensenses tuvieron que acostumbrarse a no acostumbrarse.

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