El rico patrimonio del Tigré en Etiopía, víctima de la guerra

Robbie COREY-BOULET
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Hajj Siraj Mohammed cuida desde hace 50 años la vieja mezquita Al Nejashi, en la región etíope de Tigré, y recibe a los fieles tanto durante la guerra como durante la hambruna.

Cuando el conflicto del Tigré se inició en noviembre pasado, este hombre frágil de 78 años fue testigo de algo que jamás hubiera podido imaginar: la mezquita, una de las primeras implantaciones del islam en África, se convirtió en objetivo del conflicto.

A finales de noviembre, los soldados etíopes y eritreos, de camino a la capital regional Mekele, tomaron Negash, la localidad del Tigré donde se sitúa el edificio.

Escondido en los baños, Siraj oía horrorizado los disparos de artillería pesada que se abatían sobre este lugar cuya construcción empezó en el siglo VII.

Cuando acallaron, la emblemática cúpula verde exhibía un enorme agujero, una pared se había fisurado y el edificio religioso estaba enterrado bajo los escombros y el polvo.

"No se trata solo de nosotros, todos los musulmanes del mundo entero estaban sorprendidos por lo que había ocurrido", cuenta este hombre, a quien la AFP visitó a principios de marzo.

El 4 de noviembre, el primer ministro etíope Abiy Ahmed envió al ejército federal al Tigré para detener y desarmar a los dirigentes del partido en el poder local, el Frente de Liberación del Pueblo del Tigré (TPLF), al que acusaba de haber atacado los campos militares federales.

Seis meses después, los testimonios de masacres, violaciones y otras violencias dieron la vuelta al mundo.

Y mientras la guerra se eterniza en esta región del extremo norte de Etiopía, los expertos se alarman por la suerte de los lugares de culto, en particular los monasterios y las célebres iglesias excavadas en las rocas.

- "Salvar el patrimonio" -

Alula Tesfay Asfha, investigador de patrimonio y planificación urbana de la universidad japonesa de Tsukuba y nativo del Tigré, siente cierto reparo en pedir que se proteja esta herencia cultural cuando la población de la región padece tanto sufrimiento.

"Pero por el interés común, en tanto que parte de la historia, el patrimonio es muy importante".

En enero, la radiotelevisión oficial etíope EBC aseguró que la "junta" había puesto en peligro de forma deliberada el patrimonio, y aseguró que los milicianos pro TPLF habían cavado trincheras cerca de la mezquita de Al Nejashi.

Pero algunos habitantes declararon a la AFP que la población huyó de la zona mucho antes de la llegada de las tropas progubernamentales. Según ellos, soldados eritreos saquearon la mezquita.

Algunos expertos temen que otros lugares religiosos hayan corrido la misma suerte.

Wolbert Smidt, etnohistoriador especialista del Tigré en la Universidad de Jena (Alemania), recibió informaciones sobre disparos y bombardeos en el monasterio de Debre Damo, situado al norte de la ciudad de Adigrat y que data del siglo VI.

En enero, una veintena de investigadores manifestaron su preocupación por la suerte de Debre Damo en una carta abierta en la que pedían "salvar la herencia cultural de Tigré".

"No hay ninguna duda de que el conflicto causa importantes daños (...). Pero como numerosas líneas de comunicación siguen cortadas y la información procedente de la región es muy limitada, es difícil establecer el alcance real de las pérdidas", escribieron.

- Regla rota -

En otras partes del territorio, otros lugares religiosos han sido también escenario del horror.

En Dengolat, a finales de noviembre, centenares de habitantes se refugiaron durante una masacre en una iglesia ortodoxa antigua de varios siglos, pero los agresores, soldados eritreos, amenazaron con bombardearla para hacerles salir, contaron supervivientes a la AFP.

Asimismo, soldados eritreos mataron a centenas de civiles en Aksum, ciudad milenaria sagrada para los cristianos ortodoxos etíopes y clasificada patrimonio mundial de la Unesco, done se habían congregado numerosos fieles en una fiesta religiosa.

Esta violencia hizo saltar por los aires la regla no escrita de que las iglesias etíopes son "una especie de mundo paralelo" en el que la "protección es absoluta" incluso en tiempos de guerra, dice Smidt.

"Pero ahora el mensaje parece ser (...): no atacamos a los dirigentes, atacamos a la sociedad. Ya no hay lugares sagrados ni refugios ni forma de huir de la guerra", agrega.

Otro ejemplo: el ataque de la iglesia de Ligat Kirkos, un edificio reciente construido cerca de la frontera con Eritrea, es testigo probablemente de una voluntad de los soldados eritreos de socavar el desarrollo de esta zona que está en disputa desde hace tiempo, dice Alula.

Abiy, laureado con el premio Nobel de la Paz 2019, aseguró que el objetivo de la intervención militar era únicamente detener y desarmar a los líderes del TPLF.

- "Una capa de historia" -

Este deterioro del patrimonio podría no tener precedentes, estima el historiador y experto de Etiopía Eloi Ficquet.

Según él, su rehabilitación no se limitará a reconstruir los lugares, sino que también habrá que reparar los lazos entre el Estado y la población.

"Si la reconstrucción solo fuera material, destinada exclusivamente a los turistas, sería irrespetuoso con la naturaleza misma de este patrimonio", explica. "El patrimonio no tiene valor sin las comunidades humanas con las que está relacionado".

Por su parte, Alula mantiene la esperanza de que los lugares del patrimonio no pueden ser totalmente erradicados. "Si los destruyes, solo les agregas una capa de historia adicional", se consuela.

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