Estoril, escenario del mayor trauma de Juan Carlos I: allí vio morir a su hermano de un disparo

M. J. Arias
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El destino final de don Juan Carlos es, por el momento, desconocido. Según recoge Asier Martiarena para Yahoo, “se ha sabido que cogió un coche con nocturnidad hasta Sanxenxo (Pontevedra) para, desde allí, desplazarse posteriormente a Portugal. A partir de ahí se apelotonan las versiones. Parte de la prensa española señala que cogió en Oporto un vuelo al Caribe -a la República Dominicana-, mientras que los medios portugueses lo sitúan en Estoril”. Es esta segunda opción, la que ha hecho que el episodio más triste de la juventud del rey emérito cobre de nuevo protagonismo.

El infante Alfonso de Borbón fue enterrado en Cascais el 2 de abril de 1956. Don Juan Carlos tenía 18 años. (Foto: Hulton Archive/Getty Images)
El infante Alfonso de Borbón fue enterrado en Cascais el 2 de abril de 1956. Don Juan Carlos tenía 18 años. (Foto: Hulton Archive/Getty Images)

Allí, en Estoril, en Villa Giralda, vivía la familia Borbón cuando se produjo la tragedia. Era el 29 de marzo de 1956, Jueves Santo. Llovía. Don Juan de Borbón, doña María de las Mercedes y sus cuatro hijos, Juan Carlos, Alfonso, Pilar y Margarita, acababan de volver de misa. Como era pronto para la hora de la cena, los dos varones, de 18 y 14 años, se fueron a la habitación de la mansión que hacía las veces de sala de juegos pasar el tiempo hasta que llegase la hora de sentarse a la mesa.

Sobre las ocho y media de la tarde se oyó un disparó. Doña María de las Mercedes, en la sala contigua junto con unos amigos, acudió rápido a comprobar lo ocurrido y se encontró con su hijo menor en el suelo, con un tiro en la cara, sangrando abundantemente. El comunicado emitido por los Condes de Barcelona describió así lo ocurrido: “Estando el infante don Alfonso de Borbón limpiando una pistola de salón con su hermano, la pistola se disparó, alcanzándole en la región frontal, falleciendo a los pocos minutos. El accidente sucedió a las veinte horas y treinta minutos al regresar de los oficios del Jueves Santo, donde había recibido la sagrada comunión”.

Esa es la versión oficial, pero el misterio que rodeó al suceso y el silencio impuesto en torno al mismo hicieron que existiese otra versión apoyada, en parte, en el testimonio de don Jaime de Borbón, tío de ambos jóvenes quien, en una carta a su secretario recogida por Monarquía Confidencial escribió que “varios amigos me han confirmado últimamente que fue mi sobrino Juan Carlos quien mató accidentalmente a su hermano Alfonso”.

El relato no oficial de aquel suceso trágico que marcó la vida tanto de los Condes de Barcelona como del heredero a la corona es la que más circula, que don Juan Carlos era quien sujetaba el arma cuando esta se disparó matando de manera accidental a su hermano menor. El joven, nacido en Roma, y que vivía en el exilio junto a sus padres y hermanos fue enterrado en Cascáis y su cuerpo permaneció allí hasta que en 1992 fue trasladado al Monasterio de El Escorial.

La noticia fue cubierta en todo momento desde la versión oficial y apenas se habló del asunto. La dictadura de Francisco Franco en España y la de Salazar en Portugal contribuyeron a ese silencio. Después de aquello, los hechos ha seguido envueltos en el misterio y los relatos encontrados.

La familia vivía en el exilio en Estoril (Portugal). En la imagen se ve a los cuatro hijos de los Condes de Barcelona, Juan Carlos (9 años), Alfonso (6 años), María del Pilar (11 años) y Margarita (8 años). (Foto: Keystone-France/Gamma-Keystone via Getty Images)
La familia vivía en el exilio en Estoril (Portugal). En la imagen se ve a los cuatro hijos de los Condes de Barcelona, Juan Carlos (9 años), Alfonso (6 años), María del Pilar (11 años) y Margarita (8 años). (Foto: Keystone-France/Gamma-Keystone via Getty Images)

La crónica de lo ocurrido firmada por Torcuato Luca de Tena, escritor y dueño del diario ABC recogida el pasado año por Vanity Fair, hablada del infante Alfonso como “amigo de pescadores, caddies y taxistas. Era el travieso, el bondadoso, el más humano de la familia. Su hermano y él se adoraban, aún siendo dos polos opuestos. Nacido uno para el ejercicio del poder y el otro para el ejercicio de la cordialidad. Mentalmente, don Alfonso era como su abuelo, Alfonso XIII: simpatía y responsabilidad”.

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