La revuelta campesina del siglo XIX contra la llegada de las máquinas trilladoras

A lo largo de gran parte de la Historia de la humanidad la agricultura ha sido la principal actividad laboral y de sustento de la inmensa mayoría de personas que han vivido en este planeta.

Las trilladoras se convirtieron en el principal objetivo del sabotaje por parte de los campesinos (imagen vía wikimedia commons)

Hasta bien entrados en el siglo XVIII se calcula que el 70 por ciento de la población se dedicaba a tareas agrícolas o subsistía de aquello que le daba la tierra. Fue a partir de la conocida como ‘revolución industrial’ cuando un gran número de personas dejaron sus oficios de campesino y se incorporaron como trabajadores en las fábricas.

Pero quienes decidieron continuar viviendo de aquello que les proporcionaba su trabajo en la tierra vieron como la evolución y modernización de la sociedad creaba grandes máquinas que eran capaces de hacer el trabajo de varios campesinos.

Hoy en día la trilladora es algo de lo más común para cualquier agricultor, pero hace dos siglos se vio la aparición de estas máquinas como una autentica amenaza para sus puestos de trabajo. Hasta entonces se había estado trillando manualmente (separar el grano de cereal de la paja) un trabajo que requería de mucho tiempo, personal y dedicación, pero una sola de esas máquinas era capaz de hacer el trabajo de varios campesinos y, además, en la mitad de tiempo.

También se debe tener en cuenta que eran numerosos los agricultores que no poseían tierras propias y que trabajaban para terratenientes que los tenían contratados. La llegada de las trilladoras o las cosechadoras amenazaba sus puestos de trabajo y, a la larga, salía más rentable a los terratenientes.

Muchos fueron los que se quedaron desempleados a causa de la modernización de la agricultura e incluso vieron como sus salarios se reducían drásticamente.

Ese fue el principal motivo por el que durante la primera mitad del siglo XIX muchos fueron los lugares en los que los campesinos empezaron a organizarse para sabotear las máquinas trilladoras con el fin de que los terratenientes tuviesen que contar totalmente con el trabajo realizado por humanos.

Uno de los lugares donde más repercusión tuvo la revuelta campesina fue en el sur de Inglaterra donde la mayoría de las fincas agrícolas no pertenecían a agricultores sino a terratenientes y, por tanto, la incidencia en la llegada de maquinaria moderna fue mayor.

A principios de 1830 tuvo lugar un levantamiento popular entre los campesinos que fue conocido como ‘Disturbios de Swing’ (Swing Riots). A lo largo de varios meses no solo se saboteó las máquinas trilladoras, sino que también se quemaron graneros e incluso se echaron a perder, deliberadamente, numerosísimas cosechas o se sacrificó a algunos animales (mulas, vacas…).

Como suele suceder con casi cualquier tipo de disturbio, acabó descontrolándose y muchos fueron quienes llegaron incluso al vandalismo, robando en propiedades privadas o agrediendo a los terratenientes.

Dicho levantamiento se llevó a cabo a lo largo de varios años y numerosos campesinos a quienes se les arrestó e se les ejecutó.

Solo en 1830 se tiene constancia que solo en el condado de Sussex (sur de Inglaterra) cerca de una veintena de campesinos acabaron siendo ejecutados y alrededor de quinientos detenidos y enviados como presos a la colonia penitenciaria de Australia.

Entre los ejecutados se encuentra Edmund Bushby, de 26 años de edad, quien se convirtió en uno de los cabecillas de las revueltas y que fue ahorcado el 1 de enero de 1831.

Edmund Bushby fue popularmente conocido por su apodo ‘Capitán Swing’, modo con el que firmaba los escritos revolucionarios que enviaba a la prensa y que, con el tiempo dio nombre a los disturbios al sur de Inglaterra.

Fuente de la imagen: Wikimedia commons

 

Más historias que te pueden interesar: