Reunión Polisario-Marruecos en Ginebra sobre el Sáhara: ¿puede haber algún acuerdo?

Más de 40 años de conflicto, más de seis desde las últimas conversaciones y un entendimiento que se antoja casi imposible, pero lo cierto es que los representantes del Frente Polisario y los de Marruecos se vuelven a reunir en Ginebra, un encuentro auspiciado por Naciones Unidas y que va a contar con Argelia y Mauritania como observadores.

Un conflicto enquistado desde hace mucho tiempo que difícilmente va a encontrar una solución, ya que para eso es necesario que al menos uno de los dos actores implicados ceda en sus posiciones, algo que parece imposible ahora mismo.

Horst Kohler (i) es el enviado de Naciones Unidas para las conversaciones en Ginebra (AFP).
Horst Kohler (i) es el enviado de Naciones Unidas para las conversaciones en Ginebra (AFP).

Su origen se remonta a 1975, el Sáhara Occidental era un territorio pendiente de descolonización por parte de España, su potencia administradora hasta ese momento. Con Franco muy enfermo y a punto de morir, los marroquíes iniciaron la Marcha Verde, una invasión terrestre en la que miles de personas ocuparon el territorio e hicieron que España le cediese el control a Mauritania y Marruecos.

Como consecuencia, el Polisario entró en guerra con ambos países hasta que terminó firmando la paz con el primero en 1979. En el caso del segundo, se acordó el abandono de las armas en 1991 a cambio de la celebración de un referéndum de autodeterminación que casi 30 años después aún no se ha producido.

Y ese es precisamente el punto de partida actual, el mismo que en 1991. Mientras que el Polisario está abierto a cualquier solución que pase por hablar de autodeterminación e independencia, Marruecos no contempla ninguna opción que no sea una autonomía o un autogobierno siempre dentro del reino marroquí.

Los primeros tienen de su lado el derecho internacional, que establece que Marruecos es la potencia ocupante ilegal del territorio y España tiene aún la obligación jurídica de convocar un referéndum de autodeterminación, ya que continúa siendo la potencia administradora del territorio. Los segundos tienen a su favor el apoyo de Francia, un aliado constante y muy importante en el contexto internacional que siempre ha defendido las tesis marroquíes.

Con posturas tan encontradas parece que llegar a un entendimiento es casi imposible, pero simplemente el hecho de sentarse en la misma mesa ya supone un paso adelante. Oficialmente el encuentro solo es una mesa redonda cuyo objetivo es trazar un plan de acción que permita conducir a negociaciones oficiales. En la práctica es una toma de contacto para ver si se pueden explorar algunas posibilidades.

El ministro de Exteriores marroquí, Nasser Bourita, llega a la reunión en Ginebra (REUTERS/Denis Balibouse).
El ministro de Exteriores marroquí, Nasser Bourita, llega a la reunión en Ginebra (REUTERS/Denis Balibouse).

El principal apoyo de los saharauis en su reivindicación ha sido tradicionalmente la Unión Africana, pero en los últimos meses las cosas han cambiado. Marruecos, que es un actor muy poderoso en el continente, decidió volver a entrar en la organización (que había abandonado después de que aceptaran a la República Árabe Saharaui Democrática) y está moviendo sus hilos para intentar expulsar a la RASD, por lo que el futuro se presenta incierto.

Mientras tanto, las organizaciones de derechos humanos siguen denunciando las violaciones de derechos humanos que comete Marruecos. Se encarcela a periodistas y manifestantes, se realizan juicios injustos y hay denuncias de tortura.

Está por ver si ahora se escribe un nuevo capítulo o si la historia sigue detenida en 1991, una situación que hasta ahora ha beneficiado a la monarquía alauí y su estrategia de los hechos consumados. Los próximos días dictarán sentencia.

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