¿Y si resulta que era Madrid, y no Cataluña ni Euskadi, quien iba a romper España con su modelo de ciudad-estado?

Asier Martiarena
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Esperanza Aguirre e Isabel Díaz Ayuso durante una manifestación en Madrid en 2019.
Esperanza Aguirre e Isabel Díaz Ayuso durante una manifestación en Madrid en 2019. (Photo by Oscar Gonzalez/NurPhoto via Getty Images)

Ya en 2005, con Mariano Rajoy a la cabeza, el PP se pateó España para sumar 4 millones de firmas y, posteriormente, salir a la calle con una multitudinaria manifestación que alertara del supuesto peligro que la aprobación del Estatut de Cataluña podía suponer para la unidad de España. En paralelo, se fueron alternando campañas similares criticando las concesiones del PSOE, por aquel entonces dirigido por José Luis Rodríguez Zapatero, al mundo ‘abertzale’ en Euskadi y Navarra anunciando otra ruptura del país, en esta ocasión por la zona norte. Y las últimas embestidas, 155 mediante, han vuelto a colocar a Cataluña como el enemigo más peligroso del país de 2017 para acá.

Total, que ni Euskadi ni Cataluña han roto España. Ni la extensión del país ha variado. Ni los puestos fronterizos de Hendaya o la Junquera se han tenido que instalar en Burgos o Aragón. Pero en todo esto proceso, mientras la tensión unitaria se fijaba intencionadamente al norte y al este del país, Madrid iba modelando un régimen fiscal diferente. Muy beneficioso para atraer inversión privada y muy exigente con la inversión pública.

Así ha ocurrido con Gallardón, Aguirre, González, Cifuentes y Ayuso, quien este mismo año de pandemia ha vuelto a blandir el discurso de que Madrid requiere de un apoyo especial por aglutinar a más de la mitad de las grandes empresas, por ser el gran núcleo de movilidad hacia otras comunidades autónomas y por presentar una densidad de población muy superior al resto.

La presión es tal, que el resto de las comunidades autónomas han empezado a alzar la voz al sentirse estranguladas. El hartazgo se ha consolidado y quien mejor lo ha articulado en los últimos días ha sido el presidente de la Generalitat valenciana, Ximo Puig, denunciando los efectos desequilibrantes y nocivos de la capitalidad de Madrid. “Es una aspiradora que genera desigualdades en España” (...) “que absorbe recursos, población, funcionarios estatales y redes de influencia”.

Puig no hizo otra cosa que enumerar las conclusiones del informe 'Madrid, capitalidad, economía del conocimiento y competencia fiscal' que ha elaborado el prestigioso Laboratorio de Análisis de Política Públicas del Instituto Valenciano de Investigaciones Económica, IVIE. Entre ellas sobresale que:

  • El 29% de los trabajadores públicos estatales se concentran en Madrid significando un extra de 95.000 empleados públicos más de lo que le corresponde.

  • Es la región con mayor nivel de renta por habitante.

  • Presenta menores tasas de desempleo y mayor crecimiento del número de ocupado.

  • El porcentaje de población que tiene estudios universitarios se sitúa en el 40,9%. 10 puntos más que la media española.

  • Concentra un 19,2% del Producto Interior Bruto en el 1,6 % del territorio nacional”, añade.

  • Ha recibido 3.852,5 millones de euros, el 83% de toda la inversión extranjera en España en el segundo trimestre.

Todo ello deriva en su capacidad para seguir bajando impuestos aunque suponga dejar de ingresar 4.100 millones anuales con rebajas fiscales. Pero eso, según Puig, es un "dopaje" que compensa con su continua absorción de empresas que, aunque operan en toda España, tributan en Madrid.

Pero no es el único. La intención de la presidenta, Isabel Díaz Ayuso, de bajar impuestos en Madrid con una mano mientras que con la otra reclama más recursos, está irritando a un buen puñado de autonomías. La guinda fue la frase de "Madrid es España dentro de España, ¿Qué es Madrid si no es España?".

El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, ya ha advertido de que "no hay que confundir Madrid con el PP de Madrid”. Y lo mismo lleva diciendo varios meses el presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón: "No tiene sentido generar competencia fiscal entre comunidades, no responde al espíritu de la Constitución". También el de Aragón, Javier Lambán, he expresado su rechazo públicamente.

Y las quejas no solo son del PSOE. Ciudadanos también ha defendido en diversas ocasiones la necesidad de avanzar hacia la "armonización" de gravámenes como Patrimonio o Sucesiones y Donaciones.

En el PP tampoco le gusta a todo el mundo lo que Ayuso hace en Madrid. De momento no alzan la voz públicamente. Especialmente ahora que Casado ha ligado tanto su futo al de Ayuso, pero portales como El Confidencial, Crónica Global o El País aseguran que varios barones populares también se quejan en privado del dumping fiscal madrileño.

Con todo ello se ha ido configurando un modelo de ciudad-estado con el que Madrid ha contribuido al drama de la España vaciada por la que miles de jóvenes abandonan sus lugares de origen para llevar su talento y su capacidad de trabajo a Madrid restando potencial y años de vida a muchos núcleos interurbanos del conjunto de España abocadas casi en exclusiva a explotar el turismo como único modelo de negocio. España aún no se ha roto, pero quien más lo está tensando es Madrid.

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