Restaurante de Sevilla abocado al cierre abre gratis para los más necesitados

Sevilla, 16 nov (EFE).- Un restaurante de Sevilla que iba a cerrar por la crisis del coronavirus y las restricciones al sector hostelero ha decidido seguir abierto sólo con un fin solidario entre semana, ya que de lunes a jueves dará de comer gratuita y diariamente a quince personas elegidas por hermandades de la ciudad.

El escenario es el Charlatán, ubicado en el céntrico barrio del Arenal, y su propietario, Jaime Rodríguez de Moya, explica a Efe que la iniciativa comienza este lunes con personas en dificultades cuya llegada ha sido gestionada por La Redención, en la que su hermano Jesús es diputado de Caridad.

El martes será la cofradía de Los Estudiantes quien lleve allí a otras quince personas, el miércoles lo hará El Baratillo y el jueves, la Quinta Angustia, de modo que cada hermandad colaborará el mismo día de la semana en que sale en procesión en Semana Santa.

“La acogida ha sido espectacular y ya tengo solicitudes para meses, aunque ojalá no sea así. Significaría que hemos podido abrir de nuevo”, explica Rodríguez de Moya, que hace una semana veía el establecimiento abocado al cierre tras superar a duras penas la primera ola de la pandemia.

“Estábamos en un momento dulce, llevábamos cuatro años y estábamos creciendo. La primera ola supuso el cierre total. Abrimos en septiembre y hemos defendido puestos de trabajo y números, pero las últimas restricciones hacen imposible el rendimiento de cualquier negocio de hostelería”, indica.

Cuando la Junta de Andalucía fijó el cierre en las seis de la tarde, Rodríguez de Moya comprobó que las cuentas no salían “de ninguna manera” y convocó una reunión con los cuatro trabajadores que permanecían en nómina, uno de ellos en un ERTE, después de verse obligado a despedir a los cuatro con menos antigüedad.

“Íbamos a cerrar todos los mediodías entre semana, pero no me gustan los negocios cerrados y no me gustaba lo que iba a comunicar. Parado en un semáforo pensé que, para tenerlo cerrado, lo cerraba pero para dar de comer a gente que lo necesita”, recuerda.

Al contrario de lo que dice el nombre del restaurante, el empresario no se ha quedado en las palabras y ahora pasa a los hechos abriendo sus instalaciones a hermandades y asociaciones benéficas y, de viernes a domingo, a su público habitual.

“Hay clientes que se han ofrecido a pedir un menú y pagar dos, pero no quiero que la gente pague dinero extra”, señala Rodríguez de Moya, que también da las gracias a sus empleados porque reducen una parte de su jornada.

“Mientras pueda, no los abandonaré”, dice el propietario, que antes del primer confinamiento ya cerró otro de sus negocios, la discoteca Groucho, y no prevé reabrir “probablemente hasta el otoño de 2021”.

En el caso del restaurante, el futuro también se antoja “catastrófico” porque “con el aforo limitado y “sin poder recibir a gente de fuera no hay forma humana de cuadrar las cuentas, hagas lo que hagas”, hasta el punto de que ha facturado “un 87% menos que en la misma semana del año pasado”.

“De perdidos al río. Abrimos porque no me gustan los bares cerrados”, insiste Rodríguez de Moya, que no contempla la opción de repartir a domicilio.

“Entre probar eso sin saber cuál es el futuro y ayudar a los necesitados, ayudo a mis trabajadores y también a quince personas. No son muchas, pero mientras podamos aguantar… No se trata de meter dinero en el bolsillo”, argumenta.

Rodríguez de Moya también lamenta que “hay alternativas mejores” a las medidas adoptadas por las Administraciones, ya que “en cualquier país de Europa han dado mejores ayudas que aquí, que han sido ninguna”.

“Hemos dejado de facturar, pero pagamos todo: basura, agua, luz, IBI, IVA… No hay ninguna posibilidad”, critica el dueño del Charlatán, que confía en que pronto haya una vacuna, pero “mientras tanto se trata de ser más responsables de lo que somos, porque aún pecamos de irresponsabilidad, y de velar por el prójimo”.

“Sólo nos piden distancia y mascarillas. Si no lo respetamos… No es que nos tengamos que encerrar en un búnker, es sólo que nos quedemos en casa y cuidemos los unos de los otros”, sentencia. EFE

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