Resignación entre los turistas en San Petersburgo

Por Maxime POPOV
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La bandera nacional rusa ondea a mitad de mástil encima del museo Hermitage en el centro de San Petersburgo, el 4 de abril de 2017, como muestra de respeto a las víctimas de la explosión en el metro de esa ciudad

La bandera nacional rusa ondea a mitad de mástil encima del museo Hermitage en el centro de San Petersburgo, el 4 de abril de 2017, como muestra de respeto a las víctimas de la explosión en el metro de esa ciudad

"París, Londres, Berlín...", enumera Nina Bollen en el museo Hermitage de San Petersburgo. Al igual que esta joven holandesa, muchos turistas extranjeros de visita en la antigua capital imperial rusa han decidido no dejarse amilanar por el riesgo de atentados.

"El riesgo cero no existe en ningún sitio, pero no nos vamos a quedar encerrados en nuestros países", relativiza la estudiante, que pasa unos días en la ciudad en casa de amigos.

San Petersburgo sufrió el lunes un atentado que causó 14 muertos y decenas de heridos en el metro, donde un hombre de 22 años nacido en Kirguistán detonó una bomba.

Los palacios, canales y catedrales de la ciudad, fundada a comienzos del siglo XVIII, atrajeron a 2,8 millones de turistas extranjeros en 2016, según las autoridades.

El turismo es una actividad crucial para la economía de San Petersburgo, que se esmera en atraer a cada vez más visitantes, sobre todo chinos.

En la plaza del Palacio, a dos pasos del célebre Hermitage, donde se han reforzado las medidas de seguridad, hay menos afluencia que de costumbre, pero no faltan los turistas chinos.

Según Lisa y Frédéric, una pareja francesa, el atentado casi ha pasado desapercibido. "Vimos las flores y velas, pero no hubo grandes concentraciones como en París. Casi no notamos la diferencia", explica él.

En la avenida Nevski, una nube de turistas deambula por entre las tiendas de souvenirs, con sus famosas matrioskas, muñecas rusas multicolores. Nadie parece fijarse en los peatones que caminan con flores en la mano hacia el centro para rendir homenaje a las víctimas en los altares colocados delante del metro.

Al pie de la imponente catedral de San Isaac, los autobuses turísticos rojos de dos plantas están donde siempre y hay muchas personas disfrutando de las vistas. Allí se ofició una de las primeras misas en homenaje a las víctimas poco después del atentado.

- 'Como si nada' -

Las autoridades locales prometen hacer cuanto esté en sus manos por la seguridad y tranquilidad de los turistas, vitales para los pequeños comercios y los hoteles de la ciudad.

"Vivimos en un mundo donde este mal del terrorismo existe Puedo decirle como a todos los que van a París o a Londres: ¡vengan!", exhortó el gobernador de la ciudad, Gueorgui Poltavshenko.

Es demasiado pronto para medir el impacto del atentado, pero las agencias de viaje son optimistas. "Puede haber anulaciones, pero la demanda se mantuvo muy fuerte. Para el verano están reservadas todas las habitaciones de los hoteles", recalca Irina Tiurina, portavoz de la Unión rusa de operadores turísticos.

A orillas del río Nevá, Nick Hewitt, de 33 años, es categórico. Este turista estadounidense, que estaba en Londres cuando se produjo el atentado frente al Parlamento, piensa seguir viajando por Europa "con normalidad", como si nada hubiera ocurrido.

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