Resaca de vino y cerveza ¿Influye el orden?

Resaca de vino y cerveza, ¿influye el orden? (Imagen Creative Commons vista en cuenta Flickr de Quinn Dombrowski).

En ocasiones la ciencia tiene un punto gamberro que me empapa automáticamente del espíritu del fin de semana y sus largas noches de diversión etílica. Si ya se, hace unos meses os decía en este mismo blog que desde el punto de vista científico “el nivel de consumo de alcohol más responsable era el “cero”, pero vamos a olvidarnos de que dije eso. Hablemos de ingleses, de pubs, de cerveza y vino, de resacas, de sabiduría popular divertida pero absolutamente errónea. ¿Quién podría resistirse a leer un artículo así?

Los ingleses tienen una especie de “rima cantinera” que viene a decir algo así: “Cerveza antes del vino, te sentará divino; vino antes de la cerveza, te estallará la cabeza”. Tan popular es el dicho (la versión original sostiene: “beer before wine and you’ll feel fine; wine before beer and you’ll feel queer”) que un veterano de la Universidad de Cambridge se vio forzado a estudiarlo desde el punto de vista científico. Entendemos su interés puramente académico. Después de todo, si invirtiendo el orden en el que se beban ambos brebajes se atenúa la temida resaca el día después de la fiesta ¿por qué no investigarlo?

Kai Hensel, que así se llama el estudioso pidió voluntarios para un experimento consistente en agarrarse una buena cogorza. Pidió voluntarios entre los 19 los 40 (presuponemos que no debió resultarle complicado) y los dividió en tres grupos. Al primero le sirvió dos pintas y media de cerveza rubia tipo lager, (aproximadamente 1,5 litros) por cabeza, seguido de cuatro copas grandes de vino blanco. Al segundo grupo les dio lo mismo pero alternando el orden, primero el vino y luego la cerveza. Finalmente al tercer grupo les dio solo vino o cerveza, hasta que las mediciones mostraron el mismo nivel de alcohol en el aliento (0,11%) para todos.

Durante toda la orgía de licores y destilados, los investigadores comprobaban el estado en el que se encontraban los integrantes de cada grupo, preguntándoles cómo se sentían de embriagados. Antes de que se acostaran, a cada uno se les dio un vaso de agua con una cantidad acorde con su masa corporal. Tras una noche de supervisión médica, se preguntó a todos los resacosos voluntarios como se sentían. Podríamos decir que se creó una escala de malestar post-alcohol en el que se medían factores tales como el nivel de sed, la fatiga, el dolor de cabeza, el mareo, las náuseas, dolor de estómago, aceleración del ritmo cardíaco y pérdida de apetito.

Una semana después del experimento, se les pidió que volvieran a repetir la experiencia aunque con una salvedad. Aquellos que en la primera tanda probaron el vino antes de la cerveza, cambiarían ahora el orden (grupos 1 y 2). Incluso los del grupo de control cambiaron de palo, si la semana antes solo habían bebido vino, ahora únicamente ingerían cerveza y viceversa.

¿El resultado? Los participantes relataron una larga lista de síntomas típicos de la resaca (de hecho uno de cada 10 vomitó) pero no hubo ninguna diferencia en el nivel de malestar alcanzado, en relación al orden en que se ingirieron el vino y la cerveza. Resumiendo, la resaca es exactamente igual, por lo que la única verdad que se deriva de este peculiar estudio es que el famoso dicho tabernario es mentira, y que siempre que uno bebe alcohol en gran cantidad al día siguiente sufre una resaca espantosa.

El trabajo se ha publicado recientemente en The American Journal of Clinical Nutrition con el humorístico título de “Grape or grain but never the twain?” (¿Uva o grano pero no juntas de la mano?).

Me enteré leyendo The Guardian.