Las 6 mentiras que nos contamos para no romper una relación tóxica de pareja

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Atarse a una relación tóxica de pareja solo servirá para añadir sal a la herida. [Foto: Getty Images]
Atarse a una relación tóxica de pareja solo servirá para añadir sal a la herida. [Foto: Getty Images]

 

“Fueron felices y comieron perdices”, así terminaban muchos cuentos infantiles. En la vida real, muchas relaciones no son felices. Al contrario, se sumergen en patrones tóxicos con los que terminan haciéndose daño mutuamente y, sobre todo, arrebatándose la oportunidad de sentirse realizados, plenos y felices en otra relación.

Cuando mantenemos una relación tóxica de pareja, la conciencia no suele fallarnos. Generalmente algo en nuestro interior da la voz de alarma. Sentimos que algo no va bien. Sabemos que debemos tomar una decisión. Pero a pesar de ello, nos negamos a enfrentar la realidad. No somos felices, pero no queremos admitirlo ante nosotros mismos.

Recurrimos a las mentiras. Así logramos que la relación siga adelante a pesar del malestar. De hecho, es algo que ocurre con frecuencia en la pareja, confirmando ese viejo refrán de que el amor es ciego.

La mentira nos proporciona una brizna de ilusión, pero también mantiene la disfunción. Cerrar los ojos ante los problemas de la relación puede funcionar durante un tiempo, pero no es una buena estrategia a largo plazo porque a menudo solo prolonga la agonía. Por eso, es fundamental detectar las incongruencias en nuestro diálogo interior con las cuales intentamos convencernos de que todo va bien.

1. Pensar que “mejorará con el tiempo”

Hay que aprender a distinguir entre un mal momento y una relación tóxica que no tiene futuro. [Foto: Getty Images]
Hay que aprender a distinguir entre un mal momento y una relación tóxica que no tiene futuro. [Foto: Getty Images]

 

Cuando una relación se tuerce, es difícil volver a enderezarla. Se necesita mucho amor y un fuerte compromiso de ambas partes. Sin embargo, cuando todavía amas a la otra persona y no quieres renunciar a la relación, es más fácil engañarte pensando que en algún momento todo irá mejor. Crees que los planetas se alinearán para que puedas vivir tu propio cuento de hadas.

Si no estás preparado para aceptar que la relación ha llegado a un punto sin retorno, es probable que intentes animarte pensando que las cosas mejorarán en algún momento. Te convences de que es tan solo una mala racha que pronto pasará. Entonces comienzas a vivir en el mundo idílico que imaginas, cerrando los ojos a la cruda realidad.

Sin embargo, cerrar los ojos no cambiará lo que ocurre. Al contrario, solo empeorará la situación. Es importante que desarrolles la capacidad para distinguir entre un mal momento o un bache en la pareja de una relación tóxica que no tiene futuro.

2. Creer que “todavía te ama”

Reconocer que el amor ha terminado puede doler, pero terminará siendo liberador. [Foto: Getty Images]
Reconocer que el amor ha terminado puede doler, pero terminará siendo liberador. [Foto: Getty Images]

A todos nos gusta creer que los demás sienten por nosotros lo mismo que sentimos por ellos. Si amamos a una persona, queremos creer que también nos ama. Si nos ilusiona construir un futuro a su lado, nos gusta pensar que a esa persona también le ilusiona. Es normal. Queremos - y merecemos - reciprocidad en una relación. Por desgracia, no siempre ocurre así.

Convencerte de que el amor lo justifica todo es una de las peores mentiras que puedes contarte para no romper una relación tóxica de pareja. El verdadero amor no duele. Cuando el amor aprieta demasiado, hasta el punto de asfixiarte, no es amor. Cuando una relación deja de generar ilusión y de satisfacer para sembrar angustia e insatisfacción, es que el amor ha desaparecido.

Es probable que lo percibas. Que en algún lugar dentro de ti sepas que tu pareja ya no te ama o que no te quiere de manera saludable. Pero quizá es demasiado doloroso reconocerlo y prefieres aferrarte a la idea de que el amor lo excusa todo. Por supuesto, reconocer que el amor ha terminado puede doler durante un tiempo, pero terminará siendo liberador porque finalmente podrás dejar ir una relación que te está dañando.

3. Convencerte de que “no es tan terrible”

Si tu pareja te ha dañado, no minimices las consecuencias ni intentes racionalizar. [Foto: Getty Images]
Si tu pareja te ha dañado, no minimices las consecuencias ni intentes racionalizar. [Foto: Getty Images]

Cuando amas a una persona y te aferras a la relación, intentas evitar la disonancia cognitiva. Pretendes que todo encaje en tu visión de la vida en pareja. Intentas amoldar la realidad a la imagen que tienes en tu mente. Por esa razón, es probable que tras una discusión de pareja realmente desoladora, intentes convencerte de que no ha sido tan terrible.

Es una mentira común. Cuando algo sale terriblemente mal, lo comparas con escenarios aún peores para sentirte mejor. Así te convences de que, a fin de cuentas, no ha sido tan malo. Te dices que puedes soportarlo. Que no es para tanto. Que has exagerado.

En estos casos, es importante que recuerdes que todas las relaciones son subjetivas, de manera que no tiene sentido compararlas. No obstante, si sientes que algo ha sido terrible y te ha dañado, no deberías pasarlo por alto ni minimizar sus consecuencias. Evita recurrir a mecanismos de defensa como la racionalización solo para mantener el estado de las cosas y escucha más tus sentimientos. Es probable que algo dentro de ti te diga que no estás en la relación adecuada.

4. “Más vale malo conocido que bueno por conocer”

Existen relaciones tan dañinas que quedarse solo es mejor que perpetuar ese estado. [Foto: Getty Images]
Existen relaciones tan dañinas que quedarse solo es mejor que perpetuar ese estado. [Foto: Getty Images]

El miedo a la soledad y la resistencia al cambio son unos de los principales motivos por los que las personas se quedan atrapadas en relaciones tóxicas de pareja. En muchas ocasiones, la rutina y la familiaridad los atan a una relación disfuncional donde la única excusa para no romper es el miedo a empezar de nuevo.

Es probable que pienses que no encontrarás a nadie más o que no volverás a amar con la misma intensidad, de manera que te convences de que esa relación es lo mejor a lo que puedes aspirar. Crees que “más vale malo conocido que bueno por conocer”.

En realidad, todas esas mentiras surgen del miedo y la inseguridad. Lo cierto es que existen relaciones tan dañinas o vacías que quedarse solo o empezar de nuevo es infinitamente mejor que perpetuar ese estado. En vez de buscar el amor fuera, comienza por amarte a ti mismo alejándote de las relaciones que te hagan sufrir.

5. Suponer que “si uno cambia, todo mejorará”

El amor debe partir de la aceptación del otro, no del rechazo a su esencia. [Foto: Getty Images]
El amor debe partir de la aceptación del otro, no del rechazo a su esencia. [Foto: Getty Images]

En las relaciones tóxicas de pareja se suele producir un desbalance de fuerzas en la que uno asume gran parte de las culpas por los conflictos y problemas. Eso puede hacerte creer que eres culpable de lo que ocurre. Cargas el peso de la relación sobre tus hombros y te convences de que funcionará si cambias para adaptarte a las exigencias, necesidades y expectativas de tu pareja.

Sin embargo, cambiar por la otra persona no es la solución. Quizá creas que el amor es un bien supremo, por encima de ser fiel a ti mismo, pero no es así. El cambio debe provenir de un profundo proceso de introspección. El cambio impuesto para amoldarse a alguien suele generar vacío y resentimiento. Así caerás en un bucle en el cual, cuanto más cambies y más intentes ser una persona que no eres, más vacío te sentirás y más te distanciarás de tu pareja. Al final, terminarás con una relación rota y sin reconocerte cuando te mires al espejo.

No vale la pena renunciar a uno mismo por quien no está dispuesto a comprometerse. Toda relación es cosa de dos, por lo que ambos tienen responsabilidades y deben comprometerse con esos pequeños cambios que permiten encajar dos universos diferentes. El amor debe partir de la aceptación del otro, no del rechazo a su esencia. Si una persona debe cambiar mucho para encajar en la relación, es probable que esa relación no sea a su medida.

6. Confiar en que “tener hijos os acercará”

Un hijo no salva una relación, ni tiene por qué hacerlo. [Foto: Getty Images]
Un hijo no salva una relación, ni tiene por qué hacerlo. [Foto: Getty Images]

Pensar que los niños recompondrán los pedazos rotos es, probablemente, la mayor y peor mentira que puedes contarte para intentar salvar una relación. De hecho, muchas de las parejas con hijos que terminan en divorcio han cometido el error de creer que podían salir del bache dando el siguiente paso: tener un hijo. Imaginan que cuidar a un bebé los unirá, pero ese no es el camino para llegar al final feliz del cuento de hadas.

Educar a un niño es un reto enorme para las parejas comprometidas y cohesionadas, de manera que muchas veces se convierte en un obstáculo insalvable para las relaciones con problemas. La crianza a menudo solo añade más estrés y resentimiento a una situación que ya era complicada de por sí, aumentando los conflictos y la distancia.

Muchas de esas parejas suelen seguir juntas por pura inercia, porque la llegada de un bebé consume todo su tiempo y energía, de manera que relega a un segundo plano el conflicto amoroso. Pero si este no se resuelve, seguirá creciendo en la sombra y terminará dinamitando la relación.

En resumen, existen mil formas de esconder una realidad dolorosa para aferrarse a una relación que se escapa de las manos. Sin embargo, hay que asumir que algunas parejas no sobreviven. Cuando las relaciones se deterioran y generan más angustia que felicidad, ha llegado el momento de reevaluar nuestra narrativa mental con honestidad para detectar las mentiras que nos estamos contando.

Permanecer demasiado tiempo en una relación tóxica de pareja solo servirá para añadir sal a la herida. Hay un momento en que es necesario romper el bucle, dejar de mentirse y poner punto final. Nuestro bienestar y equilibrio mental lo merecen.

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