La reinserción de excombatientes en Colombia, cinco años después del Acuerdo de Paz

Tras cinco años de la firma de los Acuerdos de Paz entre el Gobierno colombiano y las FARC, los antiguos miembros de esa guerrilla siguen su proceso de reincorporación a la vida civil. El desafío es inmenso. Para muchos de ellos, su nueva vida consiste en seguir la misma lucha, pero sin armas. Entre falta de oportunidades profesionales, amenazas y asesinatos, el camino es difícil. Un reportaje de Margot Loizillon y Lionel Poussery.

El mayor cambio en la vida de Karen Mosquera se llama Stiven, su hijo de cuatro años. Para ella, que entró en las filas de las FARC cuando tenía 14 años, ser mamá era un sueño poco alcanzable en tiempos de guerra.

“En ese tiempo no podíamos tener niños. No era permitido. Para mi proceso ha sido un paso muy importante el hecho de ser mamá, porque tengo a mi hijo, que es lo que más anhelaba y quiero en este momento”, asegura Karen, que desde la firma de los Acuerdos de Paz en 2016 vive en un espacio territorial en el sur de Colombia. Esos lugares han sido creados para acompañar la reinserción de los excombatientes.

Como Karen, unas 20 familias viven en el espacio de reincorporación de El Estrecho, en el departamento del Cauca. El mayor reto para estas familias es tener una actividad profesional. Los excombatientes reciben un sueldo por parte del Estado, cerca de 250 USD, pero esto no compensa la falta de oportunidades laborales.

Esta situación obligó a varios reincorporados a abandonar los espacios territoriales, como el de Monterredondo, al norte del departamento del Cauca. En el 2016, eran unos 250 excombatientes, hoy en día son apenas 40 los que quedan, que por lo general se dedican a trabajar en las fincas de los alrededores.

Ricardo hace parte de los que se fueron de Monterredondo para encontrar una mejor situación. Ahora trabaja en una finca de La Elvira (Cauca), donde se desempeña como agricultor, entre otros trabajos de piscicultura y porcicultura. Actividades que tuvo que aprender después de haber entregado las armas en 2016.

A pesar de las dificultades económicas de este proyecto, Ricardo no se arrepiente de haber dejado las armas. “Estamos convencidos de que por aquí tenemos que lograr lo que no logramos con las armas y por este lado vamos, por la legalidad… es complicado, pero uno aprende”, dice Ricardo.

La seguridad, en el centro de las preocupaciones de los desmovilizados de las FARC

Lo que más preocupa a los excombatientes es su seguridad. A pesar de que algunos tienen un esquema de seguridad con escoltas financiado por la Unidad Nacional de Protección (UNP), los reincorporados son víctimas de amenazas y asesinatos. Cerca de 300 de ellos han sido asesinados durante los cinco años después de la firma de la paz.

En 2018, Nilton Castro fue víctima de disparos por dos sicarios en moto mientras se desplazaba en su automóvil en la zona de Cajibío, en el departamento del Cauca. “Se acercaron al carro y emprendieron a disparar. Yo me alcanzo a tirar después de eso como por un potrero y ellos vuelven a los pocos minutos para ver cómo estaba, si estaba muerto, si estaba vivo. Pero ya cuando llegaron yo estaba lejos”, cuenta.

La investigación sobre el ataque contra Nilton, como la mayoría de los casos sobre ataques a exmiembros de las FARC, no ha avanzado, por esa razón aún no sabe quiénes fueron los autores.

Frente a este peligro de los grupos que controlan ciertas regiones en disputa y que han matado a muchos reincorporados, varios excombatientes han decidido instalarse en las ciudades donde se sienten más seguros. Desde el atentado, Nilton vive en la ciudad de Popayán.

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