Los refugiados azerbaiyanos se plantean volver a casa tras 30 años de espera

Emil GULIYEV
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En 1993, cuando era adolescente, la azerbaiyana Ramziya Charifova cruzó un río hacia Irán con su familia para escapar de las fuerzas armenias. Desde la otra orilla, vio cómo prendían fuego a su aldea. Ahora quiere volver.

Han pasado casi 30 años. Esta bibliotecaria de 47 años forma parte de los 750.000 azerbaiyanos obligados a huir de Nagorno Karabaj y las regiones de los alrededores después de una guerra en la década de 1990. Pero esto puede cambiar.

La guerra estalló cuando, a raíz del derrumbe de la Unión Soviética, los armenios, que son mayoría en la región azerbaiyana de Nagorno Karabaj, proclamaron su independencia, tomando el control de este territorio montañoso. Hubo decenas de miles de muertos.

En el otoño de 2020 la guerra resurgió. Tras seis semanas de combates, las fuerzas azerbaiyanas recuperaron el control de una pequeña parte de Karabaj y sobre todo de los siete distritos que rodean la región independentista como parte de un acuerdo firmado bajo los auspicios de Rusia.

"No puedo describir lo que sentí cuando lo anunciaron", cuenta Charifova a la AFP. "Me eché a llorar. Lágrimas de alegría por la liberación de nuestras tierras, pero también de tristeza por nuestros soldados muertos".

Desde Irán, la familia de Ramziya Sharifova fue repatriada a Azerbaiyán, donde tuvo que vivir primero en el vagón de un tren de mercancías y después en dos pequeños cuartos de un edificio administrativo asignado por el gobierno para los desplazados.

Ahora vive en un gran apartamento en Bakú, pero lo único que quiere es volver tan pronto como se haya desminado la zona para "participar en la reconstrucción de la aldea".

- Miles de millones de dólares -

Bakú no ha fijado una fecha para el regreso de los refugiados. Dice que primero hay que desminar la región y reparar las infraestructuras.

Ilham Aliyev, presidente de un país de diez millones de habitantes rico en recursos petroleros, prometió que se invertirán miles de millones de dólares en la reconstrucción.

El jefe de Estado, que ignora las críticas que lo acusan de amordazar a la oposición, aprovechó esta reconquista para afianzar su popularidad, porque el país nunca olvidó la derrota de los años 1990. Él sucedió a su padre, quien tomó el poder en la independencia en 1991.

"Nos han expulsado de nuestras tierras ancestrales y condenado a una vida de refugiados", afirma Ramil Huseinov, de 41 años, funcionario del comité estatal para los desplazados.

Él mismo, oriundo de Kalbajar, una región limítrofe con Karabaj poblada por azerbaiyanos hasta que echaron a todos sus habitantes, "vivió 27 años con el único sueño" de volver a casa.

Cuenta que se enfadó mucho cuando vio imágenes de casas de la zona ardiendo el pasado otoño, cuando los armenios huían ante la llegada de las tropas azerbaiyanas.

"Los armenios vivían en nuestras casas y cuando se fueron las quemaron, cortaron los árboles de nuestros jardines y de nuestros bosques, destruyeron las carreteras", afirma furioso.

- 'Incluso en tiendas de campaña' -

En noviembre pasado, la toma de Shusha, en Karabaj, brindó a Bakú la victoria simbólica y estratégica que obligó a Ereván a aceptar la derrota.

Ramig Meherremov, que era director de un hospital en esta ciudad antes de huir hace 30 años, dice que cada día pensaba en volver. Ahora está al alcance de su mano.

Antes de la guerra de los años 1990, la ciudad se caracterizaba por su multiculturalismo: había mezquitas e iglesias seculares, frecuentadas por musulmanes azerbaiyanos y cristianos armenios.

Después del acuerdo de paz, Meherremov viajó a Shusha. Vio que su casa y la de los vecinos habían sido arrasadas.

Sentado en el patio de su casa de una planta en un campo de desplazados cerca de Bakú, Meherremov espera que Shusha "recupere algún día la belleza de antaño".

Podría llevar mucho tiempo, reconoce este hombre de 73 años, pero "estamos dispuestos a vivir allí, incluso en tiendas de campaña".

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