Cada refugiado etíope arrastra una historia trágica en el campamento sudanés de Um Raquba

Abdelmoneim ABU IDRIS ALI
·3 min de lectura
Un etíope que huyó de los combates en su país, el 16 de noviembre de 2020 en el campamento de refugiados de Oum Raquba, en Sudán oriental

Cada refugiado etíope arrastra una historia trágica en el campamento sudanés de Um Raquba

Un etíope que huyó de los combates en su país, el 16 de noviembre de 2020 en el campamento de refugiados de Oum Raquba, en Sudán oriental

En el campamento de Um Raquba, en Sudán, los refugiados etíopes, desamparados tras haber abandonado sus hogares y sintiéndose culpables por haber perdido a sus familiares en la huida, viven horrorizados con las imágenes de muerte que pasan por sus cabezas.

Con un vestido azul y un pañuelo blanco, sentada en el suelo, Ganet Gazerdier está sola porque los bombardeos en la región etíope de Tigray no sólo destruyeron su casa en Humera, sino también a su familia.

"Vivía con mis tres hijas. Cuando los proyectiles comenzaron a llover sobre nuestra casa, aterrorizadas, huyeron en la oscuridad y no las encontré", explica esta mujer, de 75 años. "Reconocí a unos amigos que huían y los seguí", cuenta.

En el camino, "vi cuerpos desmembrados por las explosiones, y otros putrefactos, en el suelo, muertos a puñaladas", continúa. Detuvo a otros refugiados para contarles su historia, pero nadie le prestó atención porque cada uno vive con su propia desgracia. "Tengo otra hija que vive en Jartum pero no sé su dirección, ¿cómo podría encontrarla en esa gran ciudad?" murmura.

El primer ministro etíope, Abiy Ahmed, lanzó a comienzos de mes una ofensiva contra la región disidente de Tigray, que ya causó centenares de muertos y obligó a miles de personas a huir hacia Sudán.

Una "crisis humanitaria a gran escala" se está detectando en la frontera entre Sudán y Etiopía, se alarmó la ONU el martes. Según un portavoz de la agencia de las Naciones Unidas encargada de los refugiados, 4.000 personas cruzan la frontera con Sudán todos los días desde el 10 de noviembre.

Según Gerdo Burhan, de 24 años, un gran infortunio espera a los jóvenes de Tigray que caen en manos de los soldados etíopes.

"Te preguntan, con el arma apuntando hacia ti, si perteneces al ejército tigreño. Si tienen la menor duda, estás muerto. Te disparan inmediatamente y dejan el cuerpo en la calle", asegura Gerdo, que logró huir pero perdió a su padre, su madre y sus dos hermanas en camino.

"Ni siquiera sé si siguen vivos", explica.

- Culpabilidad -

Ante la afluencia de refugiados, las autoridades sudanesas decidieron reabrir el campamento de Um Raquba (este), situado a 80 km de la frontera con Etiopía. Cerrado hace 20 años, había servido de refugio a muchos etíopes que huían de la hambruna.

Ahora los obreros trabajan duro ya que deberá albergar 25.000 refugiados, 10 veces más de la cantidad que acoge actualmente.

Para los que lograron huir prevalece la incertidumbre sobre el destino de los seres queridos abandonados.

Escapando de los soldados, Messah Geidi perdió a su mujer y a su hijo de cuatro años, y no se perdona a sí mismo. "No sé dónde están, ni si están vivos. Huí porque en Mai Kadra, el ejército degollaba a los jóvenes como ovejas", explica.

Según Amnistía Internacional, habría cientos de víctimas civiles en Mai Kadra, en el suroeste de Etiopía. Podría constituir un "crimen de guerra" según la ONU.

En el campo de Um Raquba, Takli Burhano, de 32 años, relata que escapó por poco de la muerte. Detenido en Mai Kadra, dice haber sido golpeado durante horas y luego los militares decidieron ejecutarlo. "Entonces un soldado se acercó a su jefe y le dijo: +No puede hacer eso, era mi profesor+. Me salvó la vida", comenta.

ab/sk/vl/hj/mab/mb