Recuerda cómo empieza 'Fray Perico y su borrico' (El barco de vapor)

Margarita Lázaro

El tiempo no pasa por Fray Perico y su borrico. 40 años después de que el libro de Juan Muñoz Martín se alzase con el premio Barco de Vapor en su segunda edición, la historia de este fraile sigue estando de máxima actualidad. Tanto, que la obra ha sabido adaptarse a los tiempos y en el aniversario de su lanzamiento se ha colado en redes sociales convirtiéndose en Trending Topic en Twitter. 

Muchos recuerdan a este fraile con el que crecieron varias generaciones de españolas convirtiendo el libro en el más vendido de la editorial. Recuerdan sus andanzas, recuerdan la llamativa portada del libro (que no ha cambiado con el paso del tiempo) y... ¿recuerdan su arranque? ¿Sus primeras palabras?

En un ejercicio de nostalgia, en El HuffPost hemos vuelto a la estantería de nuestra infancia y hemos abierto el libro por la primera página para recordar cómo nos enganchó la historia. Así empieza Fray Perico y su borrico:

Pues señor: esto eran veinte frailes que vivían en un convento muy antiguo, cerquita de Salamanca. Todos llevaban la cabeza pelada, todos llevaban la barba muy blanca, todos vestían un hábito remendado, todos iban en fila, unos detrás de otros, por los inmensos claustros.

Si uno se paraba, todos se paraban: si uno tropezaba, todos tropezaban: si uno cantaba, todos cantaban. Daba gusto oírles trabajar. Uno serraba la madera, otro pelaba las patatas, otro cortaba con las tijeras, otro golpeaba con el martillo, otro escribía con la pluma, otro limpiaba la chimenea, otro pintaba cuadros, otro abría la puerta, otro la cerraba.

Kikiriki, cantaba el gallo: todos los frailes se levantaban, se estiraban un poquito y bajaban a rezar. Tan, tan, tocaba la campana fray Balandrán; los frailes corrían a comer o a contar o a trabajar. Todos rezaban juntos, estudiaban juntos, abrían y cerraban la boca juntos.

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